Es más fácil decírtelo sin palabras.
Que tú estés ahí y yo en el otro lado de la habitación
y que todo nos quede grande.
Los muebles, las baldosas, los cuadros y las lámparas.
Y la ventana abierta de par en par.
Que no tenga que inventar excusas para encontrarme contigo
y aún así lo haga,
perdiendo las llaves en tus bolsillos
y los miedos en tus manos.
Para verte de nuevo.
Que mire tu alianza en mi dedo como si fuera parte de mi piel,
y ya no sienta su peso ni su roce.
Y aún así me falte si se pierde.
Es más fácil decírtelo así. Sin pensarlo.
Tú ahí leyendo
y yo aquí soñando,
y cierro los ojos
y, al abrirlos,
estoy hundida en la curva de cuello
de dónde nunca me he marchado.
miércoles, 22 de febrero de 2012
lunes, 20 de febrero de 2012
Adéntrate
- No tengas miedo a nada, porque no es necesario. Aunque tenerlo tampoco es malo, porque nos hace prudentes.
Y la prudencia es, sobre muchas otras cosas, un valor fundamental. Nos hace acertar y aprender y siempre suele traer algo positivo.
Pero no dejes que ésta impida que tu "yo" más visceral sea libre, porque entonces también correrás el riesgo de equivocarte. Sé que no es sencillo, pero tampoco es imposible. Sé visceral y prudente, aunque parezca que te esté pidiendo que seas agua y fuego al mismo tiempo.
- Cuando la lava se adentra en el mar es agua y fuego al mismo tiempo
- Entonces, no temas, adéntrate en el mar pequeña Sunniesoop
Y la prudencia es, sobre muchas otras cosas, un valor fundamental. Nos hace acertar y aprender y siempre suele traer algo positivo.
Pero no dejes que ésta impida que tu "yo" más visceral sea libre, porque entonces también correrás el riesgo de equivocarte. Sé que no es sencillo, pero tampoco es imposible. Sé visceral y prudente, aunque parezca que te esté pidiendo que seas agua y fuego al mismo tiempo.
- Cuando la lava se adentra en el mar es agua y fuego al mismo tiempo
- Entonces, no temas, adéntrate en el mar pequeña Sunniesoop
domingo, 12 de febrero de 2012
Febrérides intenso
Tomo las palabras de mi hermana cuando dice: "Hoy algunos perdieron sus alas y otros parece que las
ganaron de acero...se olvidan que el peso es un lastre".
La ignorancia se hace más llamativa cuánto más dejamos que los ideales se apoderen de nuestra forma de pensar.
Y así ocurre, que se defiende con el currículum, la cruz y con el sobre, el círculo. Con la mente, el sol y con las acciones, la luna. Y pasan los días creyendo que uno crece cuando en lugar de eso se están metiendo en una madriguera desconocida.
Yo hace tiempo que intento evitar caer ahí.
Si no entiendo, no opino, pero haré por comprenderlo para la próxima vez. Si manejo, lo defiendo, pero tampoco me muero por ello.
Hay que morir por otras cosas.
ganaron de acero...se olvidan que el peso es un lastre".
La ignorancia se hace más llamativa cuánto más dejamos que los ideales se apoderen de nuestra forma de pensar.
Y así ocurre, que se defiende con el currículum, la cruz y con el sobre, el círculo. Con la mente, el sol y con las acciones, la luna. Y pasan los días creyendo que uno crece cuando en lugar de eso se están metiendo en una madriguera desconocida.
Yo hace tiempo que intento evitar caer ahí.
Si no entiendo, no opino, pero haré por comprenderlo para la próxima vez. Si manejo, lo defiendo, pero tampoco me muero por ello.
Hay que morir por otras cosas.
miércoles, 8 de febrero de 2012
Y un cuento que no es un cuento
"Sí, mi laúd tenía defectos, pero ¿qué importa eso cuando se trata de asuntos del corazón?. Amamos lo que amamos. La razón no entra en juego. En muchos aspectos, el amor más insensato es el amor más verdadero. Cualquiera puede amar algo por algún motivo. Eso es tan fácil como meterse un penique en el bolsillo.
Pero amar algo a pesar de algo es otra cosa. Conocer los defectos y amarlos también. Eso es inusual, puro y perfecto."
Pero amar algo a pesar de algo es otra cosa. Conocer los defectos y amarlos también. Eso es inusual, puro y perfecto."
El temor de un hombre sabio, Patrick Rothfuss
Un cuento que en realidad es un libro, uno de los mejores libros que habré leído en mi vida.
lunes, 6 de febrero de 2012
Sexto cuento para Raquel
¿Y si nunca más puedo jugar? - preguntó la castaña, todavía dolorida por el golpetazo que se había llevado al caer sobre el suelo.
Mamá árbol la miro desde arriba, comprensiva. Su pequeña había sido la última en caer, demasiado tarde quizás pues ya casi estaba terminando el invierno. Era la más redondita y diminuta de todas.
Desde bien chiquitita, todas sus hermanas la habían mirado de reojo porque, en lugar de quedarse quietecita observando a la gente pasar, ella solía balancearse hacia delante y hacia atrás, para pasar el rato.
A veces lo hacía al ritmo de la música del violinista que ensayaba en el parque, otras veces simplemente siguiendo el vaivén del viento.
Mamá árbol lo supo desde que nació. Tenía mucha fuerza.
- Mamá, mamá, ¿qué hago ahora? ¿espero a que algún niño me coja y me lance? ¿o me meterán dentro de un cono de papel?
- Calla, calla, que haces mucho ruido. Ahora quédate quieta, con cuidado, que no te pisen. Estás muy guapa y muy reluciente.
- ¿Y nunca más podré jugar?
- Silencio castañita, deja que el tiempo pase, debes aprender a ser paciente como yo.
Con los años, Mamá árbol había visto como sus centenares de hijas caían y se alejaban de su lado, hacia sus destinos inciertos. Muchas nunca llegarían a ser árbol, pero alimentarían tripitas y ratos de soledad.
Hacían mucho bien al mundo.
- Mamá, mamá....
- Calla, calla, hija mía, pues va a ser verdad que no has salido a mí...
Así pasaron los días y la pobre castaña no se movió de allí.
A veces los niños la lanzaban por los aires o alguna ardilla intentaba morderla, pero ella era más lista y no se dejaba atrapar.
Un día de esos, cuando ya creía que nunca podría salir de allí, apareció un señor mayor, de pelo cano y andares despreocupados.
Con una agilidad sorprendente se agachó a mirar por el suelo, buscando algo.
La pequeña castaña lo vio y sintió curiosidad por él.
Entonces la descubrió.
- ¿Cómo te llamas?
- Yo Nino ¿y tú?
- Yo Castaña
- Hola Castaña, ¿qué haces?
- Nada, aburrirme, quiero jugar, pero ya soy mayor y debo encontrar mi destino
- Bueno, pues yo tengo muchas cosas en la cabeza y a veces me preocupo demasiado
- Si quieres puedes contármelas
- Si quiere puedes balancearte en mi bolsillo
Y así la pequeña se subió a esa mano que olía a tabaco y menta, para después acurrucarse dentro de la tela.
- ¿Estás agusto, Castaña?
- Siiiiiiiii
- Pues allá vamos...¿tú sabes por qué la torre de la catedral está torcida?....
Y así Mamá árbol sonrió tranquila, su pequeña había encontrado su destino.
Sé que si busco por la casa, seguiré encontrando castañas tuyas por todos los rincones, de esas que viajaban en tus abrigos y pantalones, a las que contabas tus historias e ibas moldeando con tus dedos de tanto acariciarlas.
Sé que si las busco estarán, dónde las dejaste y dónde las pusiste, para que siempre encontrara el camino cuando más me costase verlo.
Gracias por hacer de tu recuerdo un cuento.
Gracias impresor.
Mamá árbol la miro desde arriba, comprensiva. Su pequeña había sido la última en caer, demasiado tarde quizás pues ya casi estaba terminando el invierno. Era la más redondita y diminuta de todas.
Desde bien chiquitita, todas sus hermanas la habían mirado de reojo porque, en lugar de quedarse quietecita observando a la gente pasar, ella solía balancearse hacia delante y hacia atrás, para pasar el rato.
A veces lo hacía al ritmo de la música del violinista que ensayaba en el parque, otras veces simplemente siguiendo el vaivén del viento.
Mamá árbol lo supo desde que nació. Tenía mucha fuerza.
- Mamá, mamá, ¿qué hago ahora? ¿espero a que algún niño me coja y me lance? ¿o me meterán dentro de un cono de papel?
- Calla, calla, que haces mucho ruido. Ahora quédate quieta, con cuidado, que no te pisen. Estás muy guapa y muy reluciente.
- ¿Y nunca más podré jugar?
- Silencio castañita, deja que el tiempo pase, debes aprender a ser paciente como yo.
Con los años, Mamá árbol había visto como sus centenares de hijas caían y se alejaban de su lado, hacia sus destinos inciertos. Muchas nunca llegarían a ser árbol, pero alimentarían tripitas y ratos de soledad.
Hacían mucho bien al mundo.
- Mamá, mamá....
- Calla, calla, hija mía, pues va a ser verdad que no has salido a mí...
Así pasaron los días y la pobre castaña no se movió de allí.
A veces los niños la lanzaban por los aires o alguna ardilla intentaba morderla, pero ella era más lista y no se dejaba atrapar.
Un día de esos, cuando ya creía que nunca podría salir de allí, apareció un señor mayor, de pelo cano y andares despreocupados.
Con una agilidad sorprendente se agachó a mirar por el suelo, buscando algo.
La pequeña castaña lo vio y sintió curiosidad por él.
Entonces la descubrió.
- ¿Cómo te llamas?
- Yo Nino ¿y tú?
- Yo Castaña
- Hola Castaña, ¿qué haces?
- Nada, aburrirme, quiero jugar, pero ya soy mayor y debo encontrar mi destino
- Bueno, pues yo tengo muchas cosas en la cabeza y a veces me preocupo demasiado
- Si quieres puedes contármelas
- Si quiere puedes balancearte en mi bolsillo
Y así la pequeña se subió a esa mano que olía a tabaco y menta, para después acurrucarse dentro de la tela.
- ¿Estás agusto, Castaña?
- Siiiiiiiii
- Pues allá vamos...¿tú sabes por qué la torre de la catedral está torcida?....
Y así Mamá árbol sonrió tranquila, su pequeña había encontrado su destino.
Sé que si busco por la casa, seguiré encontrando castañas tuyas por todos los rincones, de esas que viajaban en tus abrigos y pantalones, a las que contabas tus historias e ibas moldeando con tus dedos de tanto acariciarlas.
Sé que si las busco estarán, dónde las dejaste y dónde las pusiste, para que siempre encontrara el camino cuando más me costase verlo.
Gracias por hacer de tu recuerdo un cuento.
Gracias impresor.
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