jueves, 10 de diciembre de 2009

Sin titular

El corazón se le paró en el mismo instante en el que ella, en sus pensamientos,
murmuraba "te quiero".
Sólo él sintió cómo las manecillas de su reloj de muñeca seguían moviéndose, pero lo hacían sin sentido.
La palabra "tiempo" se desvanecía, se hundía en las profundidades de un lago

con ella.

Todo seguía su rumbo, su dirección, excepto él.
Cuando sonó el teléfono sintió cómo la respuesta que necesitaba y al mismo tiempo temía, tronaba en la habitación.
Y al oír la frase esperada, supo resignado que su vida en ese momento dejaba de tener sentido.

Nunca imaginó vivir aquello, por eso no se vio sorprendido por su forma de afrontar la situación.
Simplemente vistió ropa cómoda, cogió dinero, cogió un abrigo y cerró su casa, con la esperanza de no volver jamás.
Pues sabía que el regreso le desagarraría el pecho.
Sabía que allí,
ya no quedaba nada.

Durante todo el viaje se sumió en un estado de shock que le protegía de la cruda realidad.
Sólo cuando pisó tierra, se sintió completamente solo.

Y, por desgracia, esa verdad era la única posesión que tenía.
Por eso se aferró a ella, aterrado por perder todavía algo más.

Muchas voces le hablaban en lengua desconocida, veía ojos llorosos, gestos serios, miradas de respeto. Su corazón, enmudecido, ignoraba cualquier estímulo externo.
Se había quedado dormido con la imagen de su mujer y sus hijos despidiéndose aquella mañana en el aeropuerto.
Allí pensó en lo mucho que los extrañaría.
Ahora se preguntaba porqué la muerte se los había arrebatado para siempre.


No quiso saber cómo.
Sólo quería que alguien le dijese el porqué.

Y no, no quería porqués simples: fallo del motor, se perdió la comunicación, cayeron en el lago, su hijo era un buen piloto señor, habían pasado el día en Disneyworld, la avioneta perdió el control, encontraron los cuerpos unas horas después, españoles, un lago de caimanes salvajes, ahogados, una mujer y sus tres hijos.

Él quería un porqué, una respuesta básica, quería saber porqué razón tenían que morir.
Su mundo se hacía pequeño, tan diminuto como el ojal del anillo de casado de su mano.
Aquel que había perdido para siempre a su hermano gemelo.
Sentado en un banco rodeado de rostros desconocidos que lo observaban,
se llevó las manos a los ojos
y rompió a llorar.

A miles de km de él, cientos de familias españolas sentían el nudo en el pecho al conocer la noticia y se preguntaban cómo estaría él,
incluso rezaban y pedían a Dios que le ayudase en un momento así.

En una cocina una niña le decía a su madre: "Si me pasase eso yo me querría morir".

y la madre sólo respondía con el corazón en un puño: "Yo también"


Hoy en televisión contaban esta noticia.
No puedo dejar de pensar en ese padre que acaba de perderlo todo.
Supongo que animarle a no rendirse es lo menos oportuno que ahora se le puede decir.
Cualquiera en su lugar sentiría ese vórtice negro debajo del pecho.
Sea de la forma que sea, quiero enviarle toda mi fuerza en estos momentos.
Ojalá decida continuar
y la vida le pueda recompensar de alguna manera todo el daño que hoy le ha causado.

martes, 8 de diciembre de 2009

Tendidos, de noche VICENTE ALEIXANDRE

(Si fuese hombre, llevaría tatuado este poema en la piel para regalárselo a la musa de mi vida;
como soy mujer, se deleitan mis oídos cuando, mirándote sorprendida, tú te atreves a recitármelo. Gracias.)



Por eso tú, quieta así, contemplándote,
casi escrutándote, queriendo en la noche mirar muy despacio el color de tus ojos.
Cogiendo tu cara con mis dos manos mientras
tendida aquí yaces,
a mi lado,
despierta,
despertada,
muda,
mirándome.

Hundirme en tus ojos. Has dormido. Mirarte, contemplarte sin adoración, con seca mirada. Como no puedo mirarte.
Porque no puedo mirarte sin amor.
Lo sé. Sin amor no te he visto.
¿Cómo serás tú sin amor?

A veces lo pienso. Mirarte sin amor. Verte como serás tu del otro lado.
Del otro lado de mis ojos. Allí donde pasas, donde pasarías con otra luz, con otro pie, con otro ruido de pasos. Con otro viento que movería tus vestidos.
Y llegarías. Sonrisa... Llegarías.
Mirarte y verte como eres. Como no sé que eres.

Como no eres... Porque eres aquí la que duerme.
La que despierto, la que tengo.
La que en voz baja dice "hace frío".
La que cuando te beso murmura casi cristalinamente
y con su olor me enloquece.

La que me huele a vida,
a presente, a tiempo dulce,
a tiempo oloroso.
La que señalo si extiendo mi brazo, la que recojo y acerco.
La que siento como tibieza estable,
mientras yo me siento como precipitación que huye,
que pasa, que se destruye y se quema.
La que permanece como una hoja de rosa que no se hace pálida.

La que me da vida sin pasar, presente, presente inmóvil como amor, en mi dicha,
en este despertar y dormirse, en este amanecer,
en este apagar la luz y decir...
Y callarse,
y quedarse dormido del lado del continuo olor que es la vida.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Deseos en gotas

Cuentan que cada gota es un deseo enviado por Gaia para cumplir el sueño de cada ser humano.
Pero nosotros, esos hijos desagradecidos, nos centramos tanto en la lluvia que olvidamos las partes ínfimas que la componen
y no vemos los colores.
Y aun cuando nos fijemos detenidamente las veremos transparentes, porque es tan poca la fe que hay en nuestros corazones que el deseo muere,
muere de melancolía.


Sólo los niños pueden ver los colores, porque todavía viven con ilusión,
pero son tan puros que no los usan para conseguir sus propósitos,
sino que las acarician, las saborean, las unen
y así la magia que éstas contienen se filtra en la tierra.

Por eso dicen que el mar todavía sobrevive a todos nuestros males,
porque se compone de todos los deseos que perdimos.
Quizás por eso cuando nos bañamos en sus aguas
el alma se revuelve por dentro,
y podríamos quedarnos flotando meses enteros sin ninguna preocupación.

Ahora Gaia se preocupa.
Cada vez llueve menos.
Cada vez hay menos deseos.
Y los colores desaparecen.

Mamá Gaia necesita que la cuidemos...
que no dejemos morir a esos deseos.
No sé que sería de mí sin la fragancia de la lluvia,
no podemos permitirlo.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Sino es contigo, no hay más allá

Hace tanto frío que mis piernas se van agarrotando a medida que doy una zancada tras otra.
Supongo que los leggins son muy bonitos, pero a estas alturas del año es arriesgado ponérselos sin sufrir la posterior congelación...
Menos mal que siempre estás ahí, con esa tranquilidad abismal que sólo transmiten los que conocen tanto el mundo que ya no lo temen.
O eso siento cuándo te tengo cerca.
Casi sin enterarme te quitas la cazadora y, girándola, cubres mi cuerpo, dejando atrás las mangas para anudarlas con suavidad. Me siento muy pequeña, muy frágil, como si dependiese de ti.
Como si pudieses leer mi pensamiento, me adelantas y recojes mi cara entre tus manos.
- ¿En qué piensas? - preguntas.
- Nada.
- Te acompañaré hasta la puerta - murmuras, esperando mi respuesta.
- No necesito que me acompañen, sé ir y venir sola - te digo, sabiendo que soy demasiado mordaz.

Sonríes. Sólo buscabas que rompiese mi falsa fragilidad.
Caminamos en silencio. Sujetas mi mano derecha dentro de tu bolsillo y miras hacia el frente.
Te observo de reojo. La capucha sólo deja entrever el perfil de tu nariz y el brillo de tus pupilas negras.
Sólo cuando giras la cabeza para ver si vienen coches me deleitas con esa mirada verde pálido casi transparente.
Y yo escondo la mía tras los párpados, suspirando placenteramente.

Me pregunto si existe algún otro capaz de hacerme sentir lo mismo que tú.
Rápida respuesta. Nadie.

Empieza a llover silenciosamente.
No sé cómo te las apañas para qué ninguna gota llegue a rozarme
y eso que no tenemos paragüas.
Llegamos.
Y cómo si sobrasen las palabras acercas tu frente a la mía,
te apoyas suavemente en ella
y te quedas ahí.

De alguna manera que ambos desconocemos hablamos por la piel.
Sé, en ese instante, cómo te sientes, qué quieres decirme, qué callas,
notando la energía que fluye entre los dos.

Para después sonreírme como sólo tú sabes,
robándome toda la atención
y alejarte con un "mañana" en los labios.




Puede que no sepa a ciencia cierta qué nos depara el futuro,
lo que tengo claro es que hoy por hoy, sino es contigo
no hay más allá.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Mea culpa


Me gusta equivocarme para bien. Siempre lo he dicho.
Y es que la última vez ha sido bastante sorprendente para mí.
Cuando surgió el bombazo de la saga "Crepúsculo" porque ésta había llegado a los cines, todo el mundo comenzó a hablar de los libros.
En ningún momento me interesé por ellos, supongo que dentro de mis rarezas una de las que más disfruto es intentar no dejarme llevar por la misma corriente.
Muchos ya los habían leído y releído antes de la película, otros empezaban ahora y todos, tras tenerlos en sus manos, afirmaban lo mismo: era una lectura adictiva.
Ninguno de los libros que leído en toda mi vida fue de amor. Ninguno.
Quizás por eso no lograba entender ese énfasis que los lectores comentaban sobre esta colección.
Un año después he decidido probar con el primero de ellos: "Crepúsculo"

Y, agachando las orejas, después de todo lo que he criticado, reconozco que no puedo dejar de leerlo.
Dejo claro que sigue sin gustarme la película, que no tengo pósters, que no guardaría una cola de 12 horas por ver a los protagonistas, que no busco en google fotos, vamos, que no me he convertido en una obsesiva de esto (sin ofender a nadie, que yo con 13 años lo fui de Harry Potter y no me avergüenzo). Simplemente me he metido de lleno en una historia que realmente roza la simplicidad: amor imposible.
Reflexionando creo que todo se resume a la forma de relatar que tiene la autora. Consigue que una relación chico - chica muy romántica se cuente casi sola, sin usar demasiados paisajes, demasiados entresijos, sencillamente algo que podría pasar en cualquier instituto añadiendo el pequeño gran matiz de que él es un vampiro y se muere por ella (de amor y de hambre al mismo tiempo).
No voy a entrar en si estos vampiros son mejores o peores que los de "Crónicas vampíricas", ni si tiene poco fuste para hacer una película, tampoco en que las niñas de 14 años hayan hecho una biblia de los libros.
Sólo reconozco que me equivoqué cuando opinaba que me parecían insulsos, porque me gustan.
Sigo pensando que hay libros muchísimo mejores, claro está: la historia es adictiva, pero no deja de ser un relato de novela juvenil.

Lo recomiendo, más que nada por la vivencia personal que he tenido.
En cuestión de 100 páginas, fui consciente de que empecé la lectura siendo muy escéptica
y pasé a sentir ganas y más ganas de continuarla.


Supongo que es bueno equivocarse para bien.
Sobre todo cuando se habla de libros.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

25 de noviembre

Celia mira a su pequeña. La niña colorea tranquilamente sus dibujos sentada en la alfombra. Aún es demasiado pequeña para pensar en el futuro, mamá lo hace por ella. Por eso Celia se entretiene imaginándola con 5 años más y 5 más y 5 más... Sueña con verla como una mujer fuerte, inteligente y luchadora. Y desea, de corazón, que nunca ningún hombre se atreva a maltratarla.


Esto no es una guerra de sexos.
No es una reivindicación feminista.
Esto es una pelea de una gran mayoría compuesta por hombres y mujeres
contra una minoría que aún piensa que una mano en alto e insultos humillantes significan hacerse
respetar.

Es una batalla contra los fundamentos de muchas culturas y religiones que aún creen en esa superioridad del hombre sobre la mujer.
Es un mano a mano contra aquellos y aquellas que no creen en la igualdad, en la palabra y el respeto.

Ya basta.
Quiero un sacerdote y una sacerdotisa.
No quiero el burka.
Quiero debatir porqué tiene que tener tanto poder un Papa
o una Papisa.
No quiero sumisión.
Quiero un estado que no se vea obligado, porque sea políticamente correcto, a tener el mismo número de hombres que de mujeres sino que éstos y éstas sean contratados por sus aptitudes y actitudes.
No quiero discriminación positiva.
Quiero ser mujer, trabajadora, madre y superheroína a la vez.
No quiero que el hombre que vaya a mi lado se sienta mal por eso, al contrario, quiero que él sueñe conmigo.

Y así que llegue el día
en el que cualquier madre, de cualquier etnia, edad y región,
al mirar a su hija pequeña mientras ésta dibuja ajena a todo,
no tenga que temer por su futuro.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Cuento

Hoy estoy mala de la tripa.
Estando tumbada descansando,he recordado un cuento que siempre me contaba mi tía Mª Ángeles.
Resulta que es uno de mis cuentos favoritos y me lo sé de memoria,
porque cuando pienso en él me veo pequeña con los ojos clavados en los dibujos del libro,
metida de lleno en la historia
y sólo escucho la vocecilla de mi tía haciendo de cada uno de los personajes.
Seguro que ella lo recordará como yo.
"La niña del zurrón"

Es una historia bastante aterradora.
Recuerdo cada página de aquel libro de la Media Luna.
La historia comenzaba con una niña un poco tonta que era muy caprichosa y su familia tenía poco dinero.
Entonces su mamá le regalaba unos zapatos de charol muy bonitos y luego la mandaba a la fuente con un cántaro para llenarlo. Allí se los quitaba para no mancharlos y sin querer se los olvidaba. Al regresar, su madre le preguntó dónde los había dejado y la niña volvió corriendo a la fuente, pero ya no estaban.
Entonces aparecía un mendigo muy feo y sucio y le preguntaba qué pasaba.
Así, la niña llorando se lo contaba y él le decía: "Anda, si los tengo yo. Ven, cógelos tú misma están dentro de mi zurrón"
Y así la niña se metió dentro y el mendigo lo cerró y dijo: "Si quieres volver con tu mamá tendrás que hacer lo que yo diga"
Y así se marcharon y fueron de pueblo en pueblo.
Cuando llegaban a la plaza, el hombre dejaba el zurrón en el suelo y recitaba "Canta, zurroncito canta que si no te doy con la palanca"
Y la niña, entre lágrimas cantaba.

(Al escribir esto puedo escuchar perfectamente a mi tía poniendo la voz de la niña; además, siempre solía bautizarla con mi nombre y así me introducía totalmente en el cuento)

"En un zurrón voy metida,
en un zurrón moriré
por culpa de unos zapatos
que en la fuente me dejé"

Y como tenía una voz tan bonita todos le daban mucho dinero al mendigo a cambio de escucharla.
Así pasó el tiempo y el mendigo olvidó cual era el pueblo de la niña y llegó a él.
Según llegó a la plaza y dejó el zurrón en el suelo dijo en alto:
"Canta zurroncito canta, que si no te doy con la palanca"
Y la niña empezó a cantar.
Entonces, las tías de la niña que allí se encontraban reconocieron al momento la voz e hicieron un plan. (En los dibujos del libro aparecían dos mujeres vestidas de luto y yo las bauticé como MºÁngeles y Mª Jose)
Adulando al mendigo, le invitaron a comer y en una de esas que él se había quedado dormido, fueron corriendo y sacaron a la pequeña del zurrón y lo llenaron de toda clase de animales: serpientes, arañas, culebras, gatos, cucarachas, mosquitos, ratas, avispas... y después lo cerraron.
Cuando el viejo despertó emprendió su camino hasta llegar a otro pueblo.

Allí se puso en la plaza y recitó:
"Canta zurroncito canta que si no te doy con la palanca"
Pero nadie cantó.
Así una y otra vez.
Entonces cansado el viejo comenzó a golpear el zurrón con la palanca.
Cómo no veía respuesta, decidió abrirlo y todos los bichos que contenía le empezaron a morder, a picar y arañar.

Y así recibió su merecido.
Colorín, colorado este cuento se ha acabado.

No sé, hoy me apetecía escribirlo, de alguna manera esos ratitos de cuentos pertenecen a una parte de mí misma.
Gracias MAN.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Exploradores


Me llamó caperucita morada.

Para después cogerme de la mano.
Las calles dormitaban, sólo algún niño en patinete rompía la tranquilidad.
Me gustan las tardes de invierno
El sol no quema, acoge
y todos le perseguimos por las esquinas, de banco en banco.
De repente me llovieron hojas amarillas. Muy gracioso.
Y corrimos por la naturaleza que aún pervivía en este mundo de autómatas.
Nos dijimos cursilerías (que nunca falten)
y esperamos a que se hiciese muy tarde para darnos cuenta de que había que volver a casa.


Él y sus ojos verdes.
Y sus manos grandes.
Y sus cicatrices varias.
Yo, con mi caperuza morada.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Happy Hippie


Cansacio, mucho cansancio.
Dos mil millones de folios llenos de palabras que se repiten continuamente, pero en cada párrafo adquieren un significado diferente. Memoriza todo. Pero todo, es todo.
Pero memorízalo para aplicarlo, no para olvidarlo pasado mañana.
Siéntate en la silla, dobla el cuello, horas y horas en la babia, intentando entender que ahora núcleo significa otra cosa, que lo debes imaginar en tres dimensiones cuando es prácticamente imposible darle estructura. Que tu cabeza, por dentro, está organizada en infinitas partes, láminas, giros, surcos, tractos, vías, aferencias, eferencias, excitándose, inhibiéndose, como un reloj suizo, como una escalera, con un "o todo o nada"...
Pienso en los anuncios de Nike... "imposible is nothing".
Y descubro que llevo empanada 20 minutos.
Y pienso que sí es imposible.

Pero aquí estamos.
Quitando la presión de los exámenes de enero, estudiar es realmente enriquecedor.
Si no hubiese querido estudiar esto ahora mismo no sabría absolutamente nada de cómo soy.
Me he dado cuenta de que estoy conociéndome mucho más allá
y por eso ha cambiado mi percepción de mí misma en este mundo.


Aún así, preferiría ser una hippie ibicenca de melena por la cadera.
Y fumar maría pensando que es algo muy bueno (porque eso de que el saber da la felicidad...)
Y gritar "No al sostén" corriendo desnuda y sin depilarme por colinas de hierba.
Tener 20 hijos y ponerles nombres extraños, de animales, de dioses griegos o inventados.
Y tener también una lechuza y un poni blanco.


Sería muy feliz, seguro.
Pero bueno, quién algo quiere algo le cuesta.
Me quedo con mis dos mil millones de folios (y con el sostén)

viernes, 20 de noviembre de 2009

Escuchar es algo más que oír


Ayer fui a un concierto de lenguaje de signos.
El teatro estaba abarrotado de gente esperando.
Compré un refresco y unas patatas mientras pasaba el tiempo y
a las 20:00 empezó.
Se apagaron las luces y se encendieron sólo las del escenario.
Poco a poco se hizo el silencio de las voces,
dejando paso al ruido de la vida.

Cerrando los ojos, uno a uno fuimos adentrándonos en el mundo que queda oculto bajo la voz.
La respiración era la nota principal.
De las 200 personas que allí estábamos ninguna sola coincidía en el tiempo y la duración al coger aire y expulsarlo.
Después se oía la saliva al tragar, el roce de la ropa con la piel, de los zapatos con el suelo de moqueta.
Algún tosido seco intercalado con unas uñas rascando un antebrazo al descubierto.
El chasquido de una vértebra cervical,
acompañado de un carraspeo involuntario.
El tintineo de una cremallera del abrigo.
Alguien cruzando las piernas.
El crujir del asiento al reclinarse una espalda.
Una boca masticando chicle.
Entonces se abrió el telón y apareció una joven sentada en una silla de madera.
Nos miraba con sonrisa placentera, con inmensa tranquilidad.
Mantuvimos, todos, los ojos cerrados y ella, tras un suave toque al diapasón, cogió la nota de la respiración y comenzó
a cantar con sus manos.

Abrimos todos los ojos y escuchamos.
Desde afuera se colaba el ruido de las ruedas y motores que surcaban la avenida,
miles de pasos por minuto sobre la acera-

Y mientras, allí dentro, ella cantando con sus manos.

Nos habló de la luz del sol,
de la sensación de soledad,
del miedo a lo desconocido,
del amor imposible.
Nos contó lo que es la muerte,
nos cantó nanas y saetas.
Nos explicó lo que es la vida.

Y lo entendimos todo leyendo sus manos y su cara.
Al terminar, volvió a entregarnos su inmensa sonrisa.
Así cerramos los ojos y la melodía cesó.
El telón se cerró de nuevo y todos levantamos nuestras manos
agitándolas enérgicamente, moviendo las muñecas hacia dentro y hacia afuera, con los dedos extendidos.
Bueno, sí, aplaudiendo.

Ayer comprendí que escuchar es mucho más que oír.

martes, 17 de noviembre de 2009

Martes

Allí afuera el mundo podría estar a punto de ser destruido.
Por el odio. Por el poder. Por el egoísmo. Por el afán de riqueza.
La corrupción. Las violaciones de los derechos humanos.
El cambio climático. La contaminación. Los extrarrestres.



Pero, egoístamente, todo eso quedaba lejísimos,
lejísimos,
lejísimos,
muy lejos,

concretamente más allá de su piel
rozando dormida
el somier
....................de la cama.
Por eso, tan sólo por eso
él

se sintió seguro.

sábado, 14 de noviembre de 2009

El chico de las cremalleras

No somos nada parecidos.
Todo empieza desde dentro, por arriba.
Su cerebro se compone de giros perfectamente integrados, su mente analiza el mundo, lo fragmenta y lo reconstruye en partes. Ordena lo que ve, lo asocia, lo diferencia y siempre se pregunta los porqués de todo: del funcionamiento, de la composición y de la energía.
No puede memorizar sin comprender.
De pequeño corría de un lado a otro, con sus ricitos rubios, desmontando y montando relojes y aparatos.
Mientras tanto, una yo más bajita y más joven, se dedicaba a cortarle el pelo a todas la barbies (y morderles los pies)
Por eso mi cerebro no es nada ordenado. No sé analizar el mundo, no entiendo las matemáticas, sólo veo formas y colores y muchísima esencia. A veces hablo entonando o soy casi pedante mirando por el vagón del tren:

- ¿Te has fijado en que los árboles tienen tantos colores que parece que están pintados, como en los cuadros?
Y él se ríe, porque le dije lo mismo, en el mismo lugar, antes de ayer.

Una vez le pregunté cómo veía él los días de la semana.

Me costó explicarlo, es algo metafísico: me refiero a cómo imagina, qué forma o contenido le da a un lunes o a un martes.

- Yo los veo como su significado romano, si te das cuenta, el lunes significa Luna y me lo imagino como tal, el martes, como el dios "Ares", el miércoles viene de Mercurio, el jueves de Júpiter, el viernes de Venus, sábado de Saturno y Domingo, "dominicus", de Sol.

Y me quedé como embobada escuchándole, porque nunca me los habría imaginado así.
Para mí que los días de la semana son como los continentes...

A veces, cuando le da el sol en la cara, en el viaje de vuelta, sus ojos parecen mucho más verdes.
Sí, somos muy diferentes.
Parecemos la letra y el número.
Y es por eso que nos complementamos tanto.

Es curioso. Si él me cuenta algo, siempre me lo creo, sea lo que sea, porque siempre habla de lo que sabe y sino controla, guarda silencio.
Por eso si tengo alguna duda, siempre acudo a él.
Es más que un amigo.
Un amigo al que conocí hace muchísimo tiempo.
Siempre fue diferente a los demás niños, porque era el único que mostraba una madurez distinta.
Nunca le vi riéndole las gracias a algún malote de turno de 10 años,
no le vi gastando bromas a las niñas porque sí,
no le vi pegándose con nadie,
quizás por eso siempre le admiré.
Supo ser él mismo sin que nadie le dijese lo que tenía que hacer
y nunca se rindió cuando quiso llegar muy lejos.

Es curioso, sí, porque mire dónde mire cuando viajo al pasado, estaba él.
Su conversación.
Su apoyo.
Su tranquilidad.

Es ahora, tanto tiempo después, cuando me doy cuenta de que sin él seguramente no sería quién soy.
Aprendimos juntos, aprendemos juntos.
Está haciendo que una de las etapas más importantes de mi vida
tenga dos asientos en el viaje, porque viene conmigo.

Tengo miedo, porque cuando no está le echo de menos.

Sólo él aguanta mis preguntas absurdas sobre el sentido de la vida,
y se sienta en el metro cogiendo mis libros y carpetas.
Sólo él sabe cuando tengo un mal, mal día
y con una mirada me baja los humos al instante.
Sólo él puede discutirme cualquier tema y reírse de mí cuando, quedándome sin argumentos,
me los invento.
Y pillarme en todas mis medias mentiras.
Sólo él me entrega una sinceridad y una confianza plenas,
que hacen que jamás dude de su palabra.
Él y sus electrocardiogramas,
y sus gafas de marca,
y el Aquarius de naranja con el mixto cremoso de la una.
Él y su Prometheus, yo con mi Netter.
Él y el frío.
Yo y los guantes de esquiar.

Juntos, en esta maravillosa etapa.

Sólo él sabe cuánto le quiero y lo poco que se lo digo.
Aquí estamos.
Él, el numero.
Yo, la letra.

Y vamos buscando nuestro lugar en el planeta.
Eso sí, sin darnos cuenta, no sabemos dar un paso al frente sin pararnos a esperar al otro.

Gracias, Miguel, mi proyecto de médico favorito, el otro ribereño de la clase, el fan del 20 minutos, al que hago correr hacia el autobús aunque haya tiempo de sobra, él que me llama por mi catarro, que toquetea todas mis cremalleras, que se acuerda de todo lo que me preocupa y nunca se enfada cuando llego "un poquito" tarde, el que me preguntará mañana "¿por qué me llamas el chico de las cremalleras?".

El que siempre cree en mí ,aún cuando yo dejo de hacerlo.

Gracias, por seguir aquí.


Para ti, Miguel Saíz.

Sé que vas a ser muy grande, lo sé.

martes, 10 de noviembre de 2009

En la punta de su nariz


Y qué voy a decir...
si cuando miro sobre mi hombro, mientras me calienta los sueños con sus palmas,
me doy cuenta de que lo daría todo
por la mirada verde que me acompaña.


Sólo, sólo con él
mi memoria se convierte en un escaparate,
de esos de película, cuando nieva en un barrio americano y una niña pega su nariz a un cristal iluminado y lleno de juguetes o dulces.
Así me siento cuando recuerdo nuestra historia.
Y se llena mis pupilas
De cómo nos conocimos,
de quienes éramos, de cómo éramos y cómo somos...

Lo daría todo, si me lo pidiera.
Aún sabiendo que nunca me lo pediría.
Porque he descubierto que hace muchísimo tiempo se paró mi reloj en su
muñeca.
Porque abre la puerta y espera a que yo pase primero,
y siempre tiene tiempo para preguntarme si estoy bien.
Porque no le importa mojarse
por vivir juntos un momento absurdo bajo la lluvia (con futuro resfriado)
porque es mi único pensamiento en los trayectos en tren.

Y qué voy a decir,
si desde que le conozco no sé borrar esta sonrisa tonta de mi cara.
Supongo que nadie tiene sus ojos,
que nada es comparable a él.
Y es que encontré mi lugar en la punta de su nariz.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Tarde de domingo

Me atrevo a decir que estoy viviendo una de las mejores etapas de mi vida.
Y por ello hoy, tarde de domingo fría, soleada,
cítrica y algo apagada,
sólo quería daros las gracias.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Propósitos de la nueva vida

Propósito del día: Sentir esa sensación por debajo y por encima del diafragma, que se extiende cada pocos segundos hacia ambos brazos, similar a un borboteo de agua cálida en fosas termales y no llega a traspasar los antebrazos, quedando recogido un calor intenso a la altura del corazón, como si bajo el pecho despertase un bebé bostezando y abriese lentamente sus pequeños párpados.
Sí, eso que otros llaman "bienestar".

He aprendido que la vida tiene infinitas manifestaciones,
que el rencor se puede diluir en los charcos de lluvia,
que la opción más fácil es perdonar
y que hablar de los demás por detrás ni desahoga, ni beneficia, ni arregla nada.
He descubierto que quiero sonreír por la calle,
o por lo menos mostrar una expresión de paz.
Que prefiero que piensen que estoy loca antes que estreñida o amargada.
Que todo ser merece ser tratado con respeto,
y que la justicia es un valor que nosotros construimos.
Que el debate debe terminar en la reflexión, no en la rabia
y que puedo ofrecer mis ideas, pero jamás imponerlas por buenas que sean.

Sé por fin que no existe la perfección, que todos erramos.
Y que puedo aprender de mis tropiezos, pero también de los de los demás.
Que he de alabar a aquellos que disfrutan de todo en la vida, sean cuales sean sus circunstancias y también a los que sacrifican sus placeres por los de los demás.
Quiero ser mucho más que un título, un currículum, un nombre, un carnet.
Quiero ser las manos que hagan acciones que cambien los grises por nuevos colores.

Seré yo misma.
Y si en algo me equivoco, cambiaré.
Y entenderé a todo ser humano, por muy diferente que sea a mí, porque sabré que sus circunstancias son diferentes a las mías.
Quiero empaparme de toda cultura,
de todo idioma,
de toda canción.
Quiero llorar, quiero caerme y levantarme.
Quiero luchar por cada premio, no quiero recibir nada sin merecerlo.

Espero ser aquello a lo que siempre he aspirado
y llegado el momento,
irme.
Llevando esa sensación, por encima y por debajo del diafragma....

domingo, 1 de noviembre de 2009

Pedazos de Barcelona


Allí donde septiembre se regocijó entre el mar y la ciudad,
dónde hay torres que nos miran desde arriba,
y jardines de ensueño,

dónde existen tiendas antiguas y llenas de una magia especial,

y La Rambla rezuma alegría y diferentes colores,

dónde un anciano se atrevía a desentonar en mitad de un desfile de barrotes oscuros,

y los vehículos de dos ruedas cobraban vida, subiéndose a las ventanas.

Dónde el adjetivo "gótico" no daba miedo
y los pintores se muestran en su más viva expresión,


dónde la Boquería es algo más que un mercado.

Allí, en ese lugar,
encontramos pedazos de Barcelona.
(viaje a Barcelona Septiembre 09)

"November" "Novembre" "Novembro"


Noviembre está aquí.
Se adentra despacio en la ciudad, intenta no llamar demasiado la atención pues no quiere que le paren y pregunten: Vienes menos frío, ¿qué te ocurre?
A él también le preocupa el efecto invernadero, pero en soledad lo disfruta,
siempre tuvo algo de envidia a esas mañanas cálidas de agosto.
Pasea por las calles y con los dedos acaricia las ramas, dejando a las hojas casi desprendidas con los tallos a punto de soltarse, para que el viento más suave pueda soplarlas.
Noviembre tiene manos de mujer y cuerpo de joven. Su piel es amarillenta, anaranjada, amarronada, sin límites claros entre unos colores y otros.
A la altura de sus ojos la nariz se ve salpicada por cientos de motitas oscuras, como pecas
y sus labios son finos y rosados, como los de las parejas que desde la cama sueñan con proteger el amor.
Noviembre es presumido, le hemos hecho presumido. Hemos usado su nombre para hacer películas dulces, para crear canciones nostálgicas y nadie puede pensar en él sin sentir ese alud de hojas de miel y oro encima.
Nos huele a naranjas, a mandarinas, a los primeros anuncios de juguetes y a la bombonería de Ferrero Rocher...
Nos sabe (a algunos) a mojo picón, a gofres de domingo por la noche, a castañas en la esquina de la calle Zamora , justo enfrente de la plaza de los Bandos, que mi madre me solía comprar.
Me sabe a pan de anís del cementerio.
Me suena a Ismael Serrano con su "Ya ves... a veces me canso de perderte y saber, que estamos solos y no va a volver Guevara para darme la razón...de no verte tendida en mi colchón..."
Me recuerda a las cigüeñas de la catedral.
A los vencejos que a veces tapan por completo el cielo.
A los juegos en el recreo.
Y el Jardín del Príncipe bañado en café.
A las primeras motitas blancas, tan pequeñas como cabezas de alfiler, que a veces se pasean vanidosas por delante de la nariz, anunciando que allí a los lejos se acerca,
sigiloso, profundo y frío,
diciembre.
Mientras tanto, noviembre, se entretiene jugando con los últimos rayos de sol,
viendo como los humanos recordamos a todos los difuntos,
como se afianzan promesas y se calientan las casas.
Noviembre es nuestro trazo ocre en un lienzo de papel.

viernes, 30 de octubre de 2009

Anti Nazi

http://www.youtube.com/watch?v=thU4WqAdA_8


Doctor, soy nazi, ¿cómo me puedo curar?
Le pondré un tratamiento de varios meses: es un poco caro, básicamente tendrá que tener medios económicos para poder ir de un país a otro.
Le recomiendo que empecemos por Europa, es más suave y notará los efectos de forma graduada, dejo a su libre elección el recorrido, eso sí, es obligatorio que salga del hotel y visite todo lo que pueda: museos, barrios, restaurantes, tiendas, plazas, edificios.
Los efectos secundarios serán cansancio y sueño, pero tranquilo, a la tercera semana se pasarán.
Como segunda parte le pondré Asia, igualmente usted elige los trayectos.
Aquí notará cómo los síntomas de su ideología se tambalearán bastante, tranquilo, es normal
y contará con la acogida de una sociedad muy cercana, aprenda mucho de ellos.
Es esencial que se deje enriquecer por los colores, olores y texturas y no olvide ir desprendiéndose de su vestimenta peculiar, pero sólo cuando lo sienta de corazón.
Le invito a que se interese por conocer su cultura y su forma de vida,
que les escuche hablar y sobre todo aprenda su historia.
A estas alturas sufrirá un periodo que denominamos refractario: será cuando se de cuenta de que está en mitad de línea entre el fascismo y la vida real. No se preocupe, sentirá naúseas, cefaleas y ganas de llorar cuando piense en su pasado, pero poco a poco irá acomodándose a su nueva realidad.
Será el momento oportuno para viajar a África.
Y aquí es dónde usted podrá abandonar el tratamiento, aunque sinceramente esto es como una droga buena, no querrá dejar de viajar nunca.

miércoles, 28 de octubre de 2009


Abuelo conviérteme en golondrina.
Y elévame a lo más alto, dónde no me llegue el aire sucio
ni el ruido de las bocinas.
Dónde no vea la sangre del toro
ni las bolsas de plástico en alta mar.
Súbeme y no me sueltes,
que tus manos soporten mi peso
y mezcan mi débil espíritu en días de flaqueza.
Que hoy tengo el efecto invernadero en la cabeza,
la gripe A en los bolsillos,
la crisis en los oídos,
las lágrimas en los labios
y una bala en la recámara para asustar.
Abuelo, llévame al lugar dónde va la luz cuando se apaga la vela,
dónde duermen las almas de las marionetas,
dónde a todos nos suena la nariz (por el catarro)

Llévame y no me traigas de vuelta hasta que no te lo pida,
echo de menos que toda mi atención la acapares tú.
Tú y tus juegos de manos,
tú y tus lienzos blancos.
Quizás no me acostumbro a ser adulta.

Hoy he buscado el chupete marrón,
hoy quise abandonar los 19 para sumar 1 + 9 = 10 = 1
Hoy quise no ser mayor.

Abuelo, conviérteme en golondrina.
Que hoy sólo quiero que Bécquer me verse...

martes, 27 de octubre de 2009

Sobre una pared...de la Gran Vía

Escribo, porque es mi forma de golpear la pared cuando la rabia me devora por dentro.
Escribo, como dice Di Fellatio, para mantener a distancia la locura.
Escribo, con la mente dormida y el corazón desbordado.
Teniendo fe ciega en lo que mi alma le susurra a mis yemas.

Así vengo aquí, a la imprenta de mi abuelo y con él dejo constancia entre hojas abstractas de mi vida, cómo me siento en lo mejor y lo peor.
No siempre hablo de mí, me gusta inventar historias que son casi reales, pero nunca he usado ni usaré este rincón casi sagrado para mí, para educar, ni mucho menos influir sobre nadie.
Quién llega aquí es bienvenido, porque se introduce en mí, me desnuda con sus ojos, me confieso ante su pantalla.
Soy lo ve, lo que lee.
Lo mismo que se sienta en esta silla y luego se levanta y se aleja, esperando que el que venga disfrute con los pedazos que aquí intento bordar.
Llevo cada escrito tatuado en mi piel.
Con la misma tinta negra china que usaba mi abuelo Nino cuando dibujaba sus cuadros.
Por eso, para bien o mal, escribo como terapia, como medicina, escribo para mí misma porque me ayuda, me consuela, me acompaña y después me enriquece, porque compartir esto con las personas que me componen es mi mayor beneficio.
Es mi regalo.
Es mi placer.
No. Nunca escribo para nadie, egoístamente escribo para mí.
Pero para poder hacerlo necesito ese mundo y por eso muchas de mis entradas llevan ese agradecimiento con nombre y apellidos.
Si alguna vez alguien se ha sentido herido por mis palabras, pido perdón.
Pues si alguna vez hablé no busqué la ofensa, sino mi propio desahogo.
Mis historias no son de nadie, ni siquiera mías.
Quizás a veces olvido que este es mi diario sobre una pared de la Gran Vía.

Cuando hablé del amor pensé en él, en mi familia.
cuando me referí a la amistad, pensé en él, ella, ellos y ellas.
cuando hablé del odio, me referí al mundo.
cuando hablé de marlos, nunca pensé que alguien se identificase de verdad y quién lo hiciese, lo lamento, pero era un personaje totalmente irreal.
cuando hablé de las hadas, pensé en los niños.
cuando hablé de la libertad, pensé en África.
cuando hablé de Tom y Tam, pensé en las desgracias del ser humano.

Y si alguien se dio por aludido,yo no puedo controlarlo.
Yo llego aquí
y desnuda me baño en pintura para danzar en una sala pintada de negro.
No puedo decir más.


Yo no vine al mundo a juzgar a nadie,
y menos a utilizar las palabras como arma.
Simplemente hago uso del verbo ser
siempre esperando ese brillo de luz en el mundo.


Y siempre gracias, a los que venís aquí,
familiares,
amigos,
personas que perdí,
desconocidos.
Gracias.

domingo, 25 de octubre de 2009

26 de octubre

Hace 20 años una mujer sintió como su vientre se movía, despacio, como si la personita que durante muchos meses había vivido con ella se despertase de su letargo y decidiese conocer el mundo de ahí afuera.
Hace 20 años un bebé de ricitos negros cogía por primera vez el dedo de su papá y este, achinando los ojos con su sonrisa más profunda, era consciente de que le estaba atrapando para siempre.
Hace 20 años naciste tú.
Y contigo nacieron las futuras risas en el tren, los abrazos bajo la lluvia, las noches de lágrimas por palabras muy bellas, las confesiones y los consejos sobre la vida.
Contigo nació la mitad de nuestra amistad, tus ojos pequeños, tu risa diferente.
Desde el momento que te conocí, cuando estoy en un lugar cerrado contigo siempre estás ahí, llamando mi atención, siendo ese hermano que jamás tuve y que me protege y cuida como si hubiese estado a mi lado toda la vida.
Yo no te había conocido hace 20 años, pero tengo la suerte de estar aquí hoy para poder felicitarte cuando los cumples.
Eres la persona más grande que he conocido.
Gracias.

viernes, 16 de octubre de 2009

martes, 13 de octubre de 2009

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En el fondo todo lo que quiero...

es verte amanecer.



Dorian - Verte Amanecer


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sábado, 10 de octubre de 2009

Juego de Máscaras

Huele a café...
Desde la ventana parece que el tiempo pasa demasiado deprisa,
la noche es negra y el mar está en calma.
Vuele a sentir ese quebrar bajo el pecho.
Dibuja trazos sin sentido en el cristal empañado,
apretando los labios,
con ese gesto tan elegante de mujer,
cuando quiere llorar, pero no lo hace.
El aire entra y juega con su vestido,
la seda acaricia sus muslos blancos
y le escuecen las heridas del corazón.
Aquel que late apesadumbrado.
Se pregunta cuánto de cierta es su vida.
Si alguna vez soñó con ser así.
Quiere volar lejos,
pero sus alas son de plumas de gallina
no de halcón.
Su mirada verde se refleja en los cristales del ventanal,
el salitre se cuela
y con sus dedos de sal acaricia su mejilla.
"Yo sé quién eres" susurra. "No te escondas"
Se mira las manos, velludas.
Las piernas, grandes y musculadas.
Con impotencia toca su abdomen y no siente nada,
no hay un espacio vacío que aspire a albergar un futuro bebé.
Rompe a llorar.
Y cae vencida al suelo.
Si fuese más fácil escapar de aquella cárcel de piel...
Su cabello corto deja entrever unas pequeñas entradas,
y al borrar una lágrima de su cara,
siente la fricción de una barba incipiente a punto de crecer.
La luz que se colaba por la rendija de la puerta entreabierta desaparece,
alguien la escucha.
"No llores Javier" y la abraza.
Es mamá.
Ese ser puro que la acompaña siempre.
Esa mujer que le dio la vida
y la llamó Javier.
Aquella que lloró cuando su pequeño le confesó que no era feliz.
La misma que creyó que un tratamiento médico podría curar a su hijo.
Su madre, ese ser puro que finalmente comprendió que Javier no se sentía hombre,
sino mujer.

Las dos se sientan en el suelo, observando la candidez que ofrece el mar en calma.
El silencio pone música a un momento tan intenso.
Su pequeña adolescente está viviendo uno de los momentos más difíciles e importantes de su vida y, por desgracia, sabe que aquello en lo que va a convertirse no es lo que su alma quiere ser.
Es nacer en un cuerpo que no te pertenece.
Es mirarse al espejo y ver el reflejo de otro,
es no encontrarse.
"Cuando seas mayor de edad podrás cambiar mi niña, ya lo verás, y serás una mujer preciosa"

Y Javier deja de temblar.
Sólo en su hogar puede ser ella misma.
Sabe que cuando cruce la puerta tendrá que fingir que es feliz, tendrá que creer que es hombre, pues su cuerpo así lo cree y la gente así lo ve.
Tendrá que escuchar como sus compañeros del colegio le llaman "tío" o "maricón"
y mirará con melancolía las faldas y los lazos de las niñas,
aquellos que ella no puede llevar.
Con tristeza acaricia su vestido blanco, ése que sólo viste en casa, la única prenda que la une con su verdadera identidad.
Y mira a su madre y es consciente de cuánto la admira y la necesita.
"Gracias..." susurra.
Y las dos se miran con ternura, saben que el camino no es de rosas...
pero si habrá un campo de flores, millones de flores
al final.



Ayer vi un reportaje en Cuatro sobre la transexualidad y me impactó mucho escuchar cómo relataban sus sentimientos, su forma de ver la vida, cómo describían su situación.
Me emocioné.
Sólo espero que la sociedad acabe comprendiéndoos, que consigáis esa igualdad que merecemos todos como seres humanos y que encontréis ese lugar, esa identidad con la que todos soñamos
y por la que muchos se ven obligados a luchar.

viernes, 9 de octubre de 2009

A usted

Nunca aprendí a tocarte.
Y aún sin haberte conocido, sé que podríamos haber sido
algo más.
Te rodeas de elegancia y de cultura,
yo sólo quise escucharte desde el sofá
y cerrar los ojos para poder degustar
cada soplo de aire que corre por tus entrañas,
con sabor a melodía.

Tengo miedo de conocerte,
de penetrar en tu misterioso halo y poner orden
a los versos implícitos que me regalas.
Tengo miedo de hacerlo,
y que se desvanezca la magia.

Quiero tocarte con el corazón,
no con las manos.
Y que me beses los oídos,
me rodeen tus susurros de teclas,
que tus dedos de dominó se fusionen con los míos.
Que se impregne la sala con mi éxtasis
y tu majestuosidad.
Y vuelen los pentagramas.

Y saber, que antes de irte, me dirás que me amas.
O simplemente descubras cuánto te amo.

Tintinean tus arpegios y campanas.
Cierro los ojos y otra, te toca.
Suspiro, despechada.
Pero disfruto.
Piano.


http://www.youtube.com/watch?v=0Su8LXNS16A&feature=related

"Cuando tiraron el piano al agua, la cuerda que lo ataba comenzó a correr.
En ese instante, Ada no dudó en meter el pie dentro de del ojal que dejaba ésta sobre la cubierta.
Cuando el piano creyó morir solo, ahogándose en el mar,
Ada se hundió con él.
Porque no era un instrumento, era su voz."

Película El Piano

lunes, 5 de octubre de 2009

Orgullo....humano

Cuando gritó "¡tolerancia!" todos los viandantes de la plaza detuvieron sus quehaceres.
Posaron sus ojos en él y esperaron atentos.
Minutos antes, mientras escalaba a la fuente calándose hasta las rodillas pensó varias veces que fracasaría,
pero ahí estaba, lo había conseguido, era su momento.
"Quiero igualdad, soy homosexual y no soy distinto de ninguno de vosotros. Quiero que me respetéis por quién soy, mis valores y mi educación, lo que ofrezco como ser humano y hombre, nada más, todo lo que concierne a mi sexualidad se queda dentro de mi corazón y mi cama."
Muchos se quedaron mudos, la mayoría atónitos, otros extrañados y todos fueron retomando sus caminos y actividades como si nada, pero aquel día cambió sus vidas para siempre.

Mucho tiempo después, cuando los niños ya eran padres y los padres abuelos, unos jóvenes se subieron a la fuente, un día parecido, mojándose los vaqueros y las deportivas y gritaron:
eeeeeeeeeeeeh!" y todos los que allí se encontraban se pararon a escucharles.
De repente uno de ellos gritó: "¡Somos homosexuales!"
Y todos los que allí se encontraban respondieron al unísono "¿Y qué?"
Entonces el joven respondió: "¿Cómo que y qué? ¡Homófobos!
Y una mujer que allí se encontraba levantó la voz:

- Sí, decimos ¿y qué?.
¿Por qué?
Porque estamos cansados.
Mi hijo es homosexual, como tú y le amo más que a nada en este mundo, por eso que ni se te pase por la cabeza faltarme al respeto así, acusándome de homófoba.
¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y él?
Que él no sale a la calle con una camiseta del arcoiris diciendo a todos "Hola soy gay" porque cómo alguien muy sabio dijo un día subido ahí dónde estás tú
todo lo que concierne a su sexualidad se queda dentro de su corazón y su cama
.
Todo lo que muchos hombres y mujeres han hecho a lo largo de la historia para luchar por su libertad se ve ensuciado por vosotros.
Ellos se ganaron pulso a pulso, día tras día, la tolerancia y los derechos que cómo personas debemos tener.
Y ahora vosotros que tanto gritáis "tolerancia" sois los primeros que os diferenciáis proclamando continuamente vuestra sexualidad.
No, yo soy hetero y no voy gritándolo por la calle, soy hetero y soy libre de serlo, igual que tú.
¿Cómo pedís que se os juzgue como personas, como profesionales, como hombres o mujeres si vuestro sello continuo es una bandera, una feminidad muchas veces forzada, una continua lucha sin enemigos?
A mí no me importa de quién te enamores, por lo tanto, no seas tú quién te pongas la etiqueta de homosexual, tú te diferencias.
Soy mujer y he luchado por mis derechos como tal, porque muchas mujeres sufrieron y murieron por toda la igualdad y respeto que yo disfruto ahora, pero no voy por la calle repitiendo "eh, soy mujer" ni voy a mi trabajo y digo " no me irás a discriminar por ser mujer"
porque si quiero igualdad, tendré que empezar yo por no diferenciarme.


Los jóvenes se quedaron callados. Se quitaron las plumas y las camisetas de arcoiris.
La gente siguió caminando, hablando, comprando. Nadie miró mal, nadie acosó ni insultó.
La tolerancia existía, sí, quizás había minorías que pensaban distinto, allá ellos, libertad de expresión.
Pero todos aprendieron una lección.
Ya basta de tonterías, aquí en este mundo se viene a sonreír y a luchar por y para que todos sonrían y todo lo demás es secundario.


Tenía muchas ganas de escribir esta entrada porque llevo mucho tiempo pensándolo.
No quiero que alguien se confunda al leerlo, no soy homófoba y creo que la sexualidad se basa en el amor hacia una persona, no a un sexo XX o XY.
Pero sí quería decir que estoy cansada.
Cansada de ver a amigos míos que tienen su sexualidad y son muy felices sin tener que estar exhibiéndose a todo el mundo y que ello mismos se avergüencen de aquellos que no tienen otra etiqueta de presentación que no sea "¡Hola, soy gay!". A ver, si eres gay, como si eres hetero, como si eres bisexual, como si eres asexual, como si eres lo que quieras. A mí no me importa eso. No voy a juzgarte por eso. No voy a contratarte por eso. No voy a despedirte por eso.
Quiero conocerte por todo lo que te concierne, excepto por eso. Porque es algo tuyo dónde yo nunca entraré ni podré opinar, igual que tú de mí.
Si yo quiero ser igual, si quiero que a nadie le importe mi orientación sexual, tendré que empezar por quitarme el cartel de la frente que lo diga.
No sé si me explico bien ni tampoco cómo pueda sonar, simplemente estoy cansada de escuchar la palabra "igualdad" en boca de gente que se aparta a sí misma.
Yo creo en las personas, es lo único que puedo añadir.

viernes, 2 de octubre de 2009

Siempre tuve esa corazonada

Cómo te cantó Sabina:

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.



Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.

Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.


Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.

El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.



Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid.


Madrid, pequeña, no te sientas triste, todos sabemos que deberías haber sido tú.
Porque soy parte tuya, soy la punta de tu pie, tu dedo índice que apunta al sur, el bastón en el que descansas o la pierna de bailarina con la danzas.
Sólo sé que siempre tuve esa corazonada y aún habiendo perdido,
¡mírate!
Mira hacia atrás...y verás cómo luchaste con aquel ¡No pasarán!
y verás como has sobrevivido a una historia increíble que pocas ciudades pueden contar.
Eres teatros, eres cultura, eres calamares, mercados, taxis, turistas, arte en la calle y voces diferentes,eres amor y noches blancas, manifestaciones, tolerancia, eres hierba, cafés y la herencia de los austrias.
Tienes miles de colores y un sistema circulatorio que dicen "que vuela" surcándote las entrañas.
Madrid, para mí eres mi tierra y mi orgullo.
Hemos perdido una oportunidad, pero siempre has sabido cómo ganar de otra manera

lunes, 28 de septiembre de 2009

__________________________________

Juegan los niños en el parque,
y un joven toma café con amigos.
Alguien piensa que va a llover
y muchos se emocionan al pensar en "Tengo una corazonada. Madrid 2016"
El planeta no deja de girar.
Siguen los manifestantes.
Las sonrisas.
Muchos estarán haciendo el amor,
viendo la televisión.
Poniendo una vacuna.
Tomando una decisión importante,
viendo nevar.
Besando un boleto de lotería.
Mirando debajo de su coche por si hay algo extraño.
Teniendo miedo.
Sintiendo placer.
Durmiendo.
Viajando.
Obervando.

Y él mientras tanto ve como ese tren sin rumbo sigue impertérrito su andadura.
Desde su cama sin dosel,
con los ojos cerrados,
con el corazón lleno de sueños por cumplir
y las venas llenas de sedante para que no sienta dolor ninguno.
El silencio cubre su mente.
Está tranquilo.
Sólo espera que pase lo que el azar, la necesidad, Dios, Gaia, la suerte, el sino decidan.
Satisfecho con lo que deja atrás, en algún resquicio de su maravillosa mente aún piensa
que todavía es demasiado pronto para irse.
El cuarto signo del zodiaco le dio nombre a quién le obligó a luchar por seguir aquí
y fue valiente y no se rindió jamás.
Mientras el mundo sigue imperturbable,
veo salir de todos los rincones millones de números, ecuaciones, símbolos químicos, senos y cosenos, derivadas y molares, para acompañar a quién siempre los amó como a hijos.
Silencio.
Ahí estás, en tu cama sin dosel.
En ese lugar blanco y melancólico.
Rodeado por los que te admiran y quieren.
Siéntete orgulloso Gerardo.
Pase lo que pase, no te irás jamás.

____

Escrito por mi hermana Ana:

Hoy vuelvo a sentir ese vacío que nunca quiero volver sentir,
se me vuelve a escapar un trocito de mi.
Siempre te sentí como mío,
como un "tío" cercano,
sentía tus pisadas,
tus tosidos,
tu música de los campanilleros mientras estudiaba...
Cogiste fuerza para poder celebrar mi cumpleaños,
apretabas mi mano,
recordaste...
Siempre seguiré esperando tus tres llamadas al tiembre aunque sé que te encontrarás rodeado de gente que te quiere con una copita de vino y una buena tapita de embutido.
Sé que estás aquí, junto a todos, rodeándome.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Padre Nuestro

Mägo de Oz escribió este salmo de los desheredados.
Lo he escuchado muchas veces, cuando necesito recobrar el sentido y saber por qué estamos aquí.
En los momentos duros hay quiénes rezan, hay quiénes acompañan, quiénes hablan y quiénes sólo escuchan, pero todos están ahí y todos son igual de imprescindibles.
En los momentos duros me pregunto si merece la pena rezar cuando mirando hacia atrás,
no sirvió de nada.
Es entonces cuando alguien me dice, "yo rezaré, tranquila, le diré que estás despistada..."
y me arranca una sonrisa;
es entonces cuando alguien me dice "siempre hemos sacado lo positivo en la vida ¿no? pues hazlo ahora...";
es entonces cuando alguien me dice "...Laura, nunca dejes de creer...yo nunca dejo de hacerlo..".
Y por eso junto las manos y entono este salmo de los desheredados y después
pido de corazón que todo vaya bien.
Sigo pensando que ahí arriba hay algo.
Seas quién seas, seas lo que seas, siempre te dudaré.
Hasta que me des todas las respuestas a lo que no comprendo.
Y aún así, dudando de todo, te agradeceré siempre la buena fortuna.
¿Por qué?
No lo sé, llámalo fe.



Salmo de los desheredados - Mägo de Oz

http://www.youtube.com/watch?v=O3uQjmLP87k&feature=related

Padre Nuestro, de todos nosotros.
De los pobres, de los sin techo.
De los marginados y de los desprotegidos.
De los desheredados y de los dueños de la miseria.
De los que te siguen y de los que, en ti, ya no creemos.
Baja de los cielos, pues aquí está el infierno.
Baja de tu trono, pues aquí hay, guerras,
hambre, injusticias.
No hace falta que seas uno y trino,
con uno sólo que tenga ganas de ayudar, nos bastaría.
¿Cuál es tu reino?
¿El Vaticano, la Banca, la alta política?
Nuestro reino es Nigeria, Etiopía, Colombia, Hiroshima.
El pan nuestro de cada día son las violaciones, la violencia de género, la pederastia,
las dictaduras, el cambio climático.
En la tentación caigo a diario.
No hay mañana en la que no esté tentado de crear a un dios humilde, justo.
Un dios que esté en la tierra, en los valles, los ríos.
Un dios que viva en la lluvia,
que viaje a través del viento y acaricie nuestra alma.
Un dios de los tristes, de los homosexuales, un dios más humano.
Un dios que no castigue, que enseñe.
Un dios que no amenace, que proteja.
Que si me caigo, me levante.
Que si me pierdo, me tienda su mano.
Un dios que si yerro no me culpe.
Que, si dudo, me entienda.
Pues para eso me dotó de inteligencia, para dudar de todo.

Padre Nuestro, de todos nosotros, ¿por qué nos has olvidado?
Padre Nuestro, ciego, sordo y desocupado, ¿por qué nos has abandonado?

martes, 15 de septiembre de 2009

Ana Belén - Peces de ciudad

Cuando estoy algo nerviosa, escucho esta canción y esa voz me hace pensar en la revolución,
en otras décadas, me hace sentir muy mayor y demasiado joven, me hace reflexionar sobre todo lo que soy, lo que fui y lo que me queda por conocer.
La escribió Sabina y también la cantó, pero es ella, Ana, quién consigue hacerme levitar cuando entona las palabras.
Para mí esta canción habla de mí misma, habla de alguien más mayor que yo, de lugares y personas que nunca conocí, de la guerra en Irak, de todo lo que yo quiera imaginar.

La dejo aquí, para que quién quiera olvidarse un poco del mundo, pueda hacerlo también.



http://www.youtube.com/watch?v=Imh0vEnOMXU
Se llamaba Alain Delon

el viajero que quiso enseñarme a besar
en la Gare d´Austerlitz.
Primavera de un amor,
amarillo y fugaz como el sol
del veranillo de San Martín.
Hay quién dice que fui yo
la primera en olvidar,
cuando en un si bemol de Jacques Brel
me perdí "dans le port d´Amsterdam."
En la fatua Nueva York
da más sombra que los limoneros
la Estatua de la Libertad.
Pero en Desolation Row,
las sirenas de los petroleros,
no dejan reír ni volar.
Y en el Coro de Babel,
desafina un español.
No hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del rey Salomón.
Desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va ligero de equipaje
sobre un cascarón de nuez
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.
Y cómo huir
cuando no quedan islas para naufragar
al país donde los sabios
se retiran del agravio
de buscar labios
que sacan de quicio.
Mentiras que ganan juicios tan sumarios
que envilecen el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad,
que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
que nadan por no llorar.
El dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.
En Macondo comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.
Cuando en vuelo regular,
surqué el cielo de Madrid,
me esperaban dos pies en el suelo
que no se acordaban de mí.
Desafiando el oleaje
sin timón ni timonel
por mis sueños va ligero de equipaje
sobre un cascarón de nuez
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.
Y cómo huir
cuando no quedan islas para naufragar
al país donde los sabios
se retiran del agravio
de buscar labios
que sacan de quicio.
Mentiras que ganan juicios tan sumarios
que envilecen el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad,
que perdieron las agallas
en un banco de morralla.

En una playa sin mar.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Chove..


Entra el aire.
Huele, por fin, después de tantísimo tiempo, a mojado.
Anunciando satisfecho que va durmiéndose el verano.
Se cuela agitando la cortina, entre mis pies, sobre el teclado.
Y mi casa huele a lluvia, a agua de montaña, a los prados.
Sí...
Bendito frío cuánto te habíamos echado de menos.

viernes, 11 de septiembre de 2009

La tercera M

Cuando era niña el mundo era más pequeño,
los adultos demasiado altos
y el tiempo no tenía horas, sólo era el tiempo.
Los mayores eran serios, a veces reían
de cosas graciosas y de cosas que yo no entendía.
Entonces ella estaba allí
para ver el mundo que yo veía,
para ponerse de rodillas, a mi altura
para dejar su reloj de persona mayor en la mesilla.
Y hablaba mi lenguaje,
sabía qué decirme, qué preguntarme,
o qué responder cuando yo quería aprender.
Era otra niña, como yo.
Y es ahora, después de muchos años,
cuando al verla desde otra perspectiva
descubro que es así, como es ella, como quiero ser yo.
Quiero ser madura en el mundo de los altos
y una niña en el mundo sin reloj.
Me cantó las canciones más infantiles sólo para hacerme reír,
me enseñó a ver todo con ternura,
las palabras mágicas para ser feliz.
Fui su "salchichita", su "trocito de carne" su "cachito de cielo"
y hasta el día de hoy sigue ahí,
achinando los ojos cuando nos ve llegar y abrazándome
fuertemente cuando nos reencontramos.
Es una mujer valiente,
que ha soportado momentos muy duros en su vida,
pero sigue en pie,
sigue viviendo entre esos dos mundos,
consiguiendo que culaquier niño que hable con ella
se quede prendado de su cariño.
Porque es mágica, es diferente, es especial.
Es mi tía.
Mi tía la que nunca me reñía, por eso cuando, aún hoy, se enfada
me impone más que nadie, porque al no hacerlo nunca
significa que es de verdad...
Mi tía la que sigue pensando en cuentos de disney,
que habla con los muñecos y con las plantas,
que se ríe con risa de niña pequeña,
y corre de un lado para otro.
La que siempre llama,
que se acuerda de todo,
la que se tumba en mi cama
y dice "¿me puedo tumbar en tu cama del cielo?"
la que se enfada y me murmura "me caes mal"
esa bella mujer que vive intensamente cada día.
Ella, que comparte todo lo que tiene
que está profundamente enamorada de un hombre igual de maravilloso que ella
(otro niño, Clouseau)
Ella, mi tía,
Man,
Mariadelos,
la tercera M del trío Navas,
la más pequeña,
la adoptada (como decía el abuelo)
la abogada,
la tía más divertida.
Mi tía.
Nuestra tía.
Nunca te había escrito nada, por eso te debía esta entrada.

No siempre te lo digo, pero siempre lo siento.
Te quiero.
Y te agradezco todo, porque si hay algo bueno en mí tú tienes mucho que ver en ello.
Gracias.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Cualquier viernes de agosto

Tu silbido inconfundible me hizo girar en mitad de la calle.
Según veía que te acercabas mi corazón latía más rápido,
como si fuera la primera vez que me encontrabas.
Entonces, con esa media sonrisa, murmuraste:
"¿Dónde va jovencita?"
Y riéndonos te enseñé la picadura gigante de mosquito que tenía en la frente.
Bueno, no pasa nada, me querrás igual.
Nos comimos el pincho de la una.
Croquetas de pollo sentados en el bordillo de un escaparate.
Hablamos de la gripe A, estornudas y me santigüo.
Lo que tienes que aguantar.
Ríes.
Y me pierdo en esa risa, para siempre.
Había olvidado que eres la única persona que está resfriada los 365 días del año.
Observas mi frente.
Los corticoides del Diproderm hacen su efecto, está menos hinchada.
Aún así se ve a 100 km de distancia...
Llegan las dos, hay que irse a comer, luego vendrán los conciertos, la música y el griterío.
Sí, son las fiestas.
Y mientras nos alejamos me dices "luego hablamos" que significa "más tarde nos vemos" que se traduce a "nos saludaremos con ese abrazo de oso" que más bien quiere decir "te echaré de menos".
Supongo que después de 6 meses te conozco un poquito más.
Y lo mejor, me queda muchísimo todavía por descubrir.
Gracias J.T

miércoles, 2 de septiembre de 2009

3 de septiembre

"Cumpleaños feliz....cumpleaños feliz...te deseamos todos....cumpleaños feliz.."


Porque dicen que somos iguales.
Tanto que nos confunden.
Tanto que olvidan los 6 años de diferencia que nos separan.
(5 y pico...)

Por ser una segunda madre.
Y brillante cocinera (tienes buena maestra).
Por dejarme de herencia los abrigos, pantalones, bolsos y camisetas.
Y, al enfadarte, prohibirme entrar en tu habitación.

Por recordarme siempre que he llegado muy tarde.
Y preguntarme si recojo la mesa cuando sabes que lo haré.
Por decir "qué bueno..." aunque el primer café me salió de pena.
Y recordarme que tengo que apagar el botón de la cafetera
("si no quieres que salgamos ardiendo...")


Por pedirme consejo sobre qué ponerte
y pasarme el juego de la DS que me mata de risa (rythm paradise)
por defenderme siempre que lo he necesitado
Y enloquecer a veces, siendo tú la que me sacas de quicio a mí (suele ser al revés).

Por miles de cosas he de darte las gracias.
Y pedirte perdón por otras mil más.
Pero ambas sabemos que somos así, que así nos queremos.
Que aunque discutamos y peleemos sabemos que nada se romperá.
Espero que tengas un día maravilloso de cumpleaños
y que sean así todos los que vienen detrás.

Porque creo que tengo la mejor hermana del mundo.