domingo, 29 de enero de 2012

Cuarto cuento para Raquel

Paulo Coelho


Un hombre,  su caballo y su perro iban  por  una   carretera.  Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó  un  rayo  y  los  tres murieron fulminados.
Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo, y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…)
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos.
En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro.
El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
Buenos días.
Buenos días – Respondió el guardián
¿ Cómo se llama este lugar tan bonito?.
Esto es el cielo.
Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
Lo siento mucho – Dijo el guardián – pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber sólo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles..
A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
Buenos días – dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
Tenemos mucha sed,  mi caballo, mi perro y yo
Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar.
Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed.
El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre
Podéis volver siempre que queráis – Le respondió éste.
A propósito ¿Cómo se llama este lugar? – preguntó el hombre.
CIELO.
¿El Cielo? Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡ Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! – advirtió el caminante
¡De ninguna manera! – increpó el hombre
En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…

sábado, 28 de enero de 2012

Tercer cuento para Raquel

El cuento de hoy es también uno de los cientos que mi tía me contaba por las noches, es uno de mis favoritos.

El mono caprichoso

Había una vez un mono muy requetemono que entró en la barbería y le dijo al barbero:

-Señor barbero córteme el rabo, que no lo quiero. El barbero se extrañó, pero el rabo le cortó. 

A los pocos días el monito volvió a la barbería: 

-Devuélvame usted mi rabo señor barbero. 

-No puedo. Que se lo llevó el basurero. 

-¿Ah, sí? Pues me tiene que dar usted una cuchilla de afeitar- contestó el monito, muy disgustado. 

El barbero por no oírlo, le dio la cuchilla. Allá que va el monito la mar de contento, y anda que te andarás pasó por la calle del pescado. Vio a un hombre que estaba limpiando el pescado para venderlo. 

-Señor pescadero-dijo el mono- ¿ no le da a usted asco? 

-Si quiere, le doy mi cuchilla. 

- Bueno.

Y sin pensárselo dos veces el mono le dio su cuchilla. 

A los pocos días, el mono se acordó de ella y volvió a la calle del pescado. Y dijo con mucha pena:

-Señor pescadero, devuélvame usted mi cuchilla que era muy buena. 

El pescadero le contestó: 

-No puedo, que de tanto cortar pescado, se me rompió. 

-¿Ah , sí? Pues me tiene que dar el pescado más gordo. 

El hombre por no oírlo, se lo dio.

El mono se puso a andar y pasó por la calle del pan. Entró en una panadería y le dijo al panadero: 

- Señor panadero, ¿ me quiere usted asar en el horno este pescado tan bueno? 

-Cómo no - contestó el pandero-. Vuelva usted a la tarde, que ya estará asado. 

Pero el mono no se acordó hasta los pocos días. Entonces volvió a la panadería: 

- Y mi pescado, dónde está? 

El panadero le contestó:

- Como usted no venía, mi mujer se lo comió. 

- ¿Ah sí? Pues me tiene usted que dar una talega de pan. 

El panadero, por no oírlo, se la dio. 

Anda que te andarás, el monito pasó por la calle de la escuela. Estaban las niñas llorando en el patio a lágrima viva. 

Se acercó el monito y le dijo al maestro: 

-Señor maestro ¿qué les ha hecho usted a las niñas, no le dan a usted lástima, pobrecitas? 

- ¿ Yo? Yo ya terminé mis clases. Es que tienen hambre y no vienen sus padres. 

- ¡Vaya por Dios! – dijo el monito-. Poneos en fila. 

Las niñas se pusieron en fila, y el monito su pan les repartió. 

A los pocos días, el monito sintió hambre y volvió a la escuela: 

- Señor maestro -dijo- ¿dónde está mi pan? 

- ¿Su pan? Cualquiera sabe. Con lo tragonas que son estas niñas... 

- ¿ Ah sí? Pues me tiene que dar usted una. 

El maestro, por no oírlo, una niña le dio, y el monito, muy contento, de la mano se la llevó. 

Pasaron por un río y estaba la lavandera lava que te lavarás: 

- Señora lavandera, ¿quiere usted esta niña para que le ayude a lavar, a tender y a recoger? 

- Bueno dámela. 

A los pocos días se presentó la madre de la niña en casa del mono . 

- Señor mono ya me está usted diciendo lo que ha hecho usted con mi hija. 

- ¿ Quién yo? 

- Sí, usted ¿ quién va ser? 

- ¿ Y qué me da usted si se lo digo? 

- Pues... le doy.. .le doy... una flauta que tiene mi marido. 

- Está bien, dijo el mono, lavando en el río la dejé. 

Entonces fueron al río, hicieron el cambio, y el monito esta canción iba tocando: 

Por un rabo una cuchilla, 

Por la cuchilla un pescado; 

Por el pescado cien panes, 

Por los panes una niña... 

¿ Y lo demás? Lo demás se me ha olvidado. 

Y colorín colorado, este monísimo cuento se ha acabado

viernes, 27 de enero de 2012

Segundo cuento para Raquel

(Este cuento me lo contaba mi tía Mari Ángeles cuando era chiquitita)

Cuentan que en un tiempo muy lejano el rey decidió pasear por sus dominios, que incluían una pequeña aldea en la que vivía un molinero junto con su bella hija. Al interesarse el rey por ella, el molinero mintió para darse importancia: “Además de bonita, es capaz de convertir la paja en oro hilándola con una rueca.” El rey, francamente contento con dicha cualidad de la muchacha, no lo dudó un instante y la llevó con él a palacio.

Una vez en el castillo, el rey ordenó que condujesen a la hija del molinero a una habitación repleta de paja, donde había también una rueca: “Tienes hasta el alba para demostrarme que tu padre decía la verdad y convertir esta paja en oro. De lo contrario, serás desterrada."

La pobre joven lloró desconsolada, pero he aquí que apareció un estrafalario enano que le ofreció hilar la paja en oro a cambio de su collar. La hija del molinero le entregó la joya y... zis-zas, zis-zas, el enano hilaba la paja que se iba convirtiendo en oro en las canillas, hasta que no quedó ni una brizna de paja y la habitación refulgía por el oro.

Cuando el rey vio la proeza, guiado por la avaricia, espetó: “Veremos si puedes hacer lo mismo en esta habitación.” Y le señaló una estancia más grande y más repleta de paja que la del día anterior.

La muchacha estaba desesperada, pues creía imposible cumplir la tarea pero, como el día anterior, apareció el enano saltarín: “¿Qué me das si hilo la paja para convertirla en oro?” preguntó al hacerse visible.

“Sólo tengo esta sortija.” Dijo la doncella tendiéndole el anillo. “Empecemos pues,” respondió el enano.
Y zis-zas, zis-zas, toda la paja se convirtió en oro hilado. 
Pero la codicia del rey no tenía fin, y cuando comprobó que se habían cumplido sus órdenes, anunció: “Repetirás la hazaña una vez más, si lo consigues, te haré mi esposa.” Pues pensaba que, a pesar de ser hija de un molinero, nunca encontraría mujer con dote mejor. 
Una noche más lloró la muchacha, y de nuevo apareció el grotesco enano: “¿Qué me darás a cambio de solucionar tu problema?” Preguntó, saltando, a la chica. “No tengo más joyas que ofrecerte,” y pensando que esta vez estaba perdida, gimió desconsolada. 
“Bien, en ese caso, me darás tu primer hijo,” demandó el enanillo. 
La muchacha aceptó, vencida por el miedo, y como ya había ocurrido antes, la paja se iba convirtiendo en oro a medida que el extraño ser la hilaba. Cuando el rey entró en la habitación, sus ojos brillaron más aún que el oro que estaba contemplando, y convocó a sus súbditos para la celebración de la boda.

Vivieron ambos felices y al cabo de una año, tuvieron un precioso retoño. La ahora reina había olvidado el incidente con la rueca, la paja, el oro y el enano, y por eso se asustó enormemente cuando una noche apareció el duende saltarín reclamando su recompensa.

“Por favor, enano, por favor, ahora poseo riqueza, te daré todo lo que quieras.” ¿Cómo puedes comparar el valor de una vida con algo material? Quiero a tu hijo,” exigió el desaliñado enano. Pero tanto rogó y suplicó la mujer, que conmovió al enano: “Tienes tres días para averiguar cuál es mi nombre, si lo aciertas, dejaré que te quedes con el niño. Por más que pensó y se devanó los sesos la molinerita para buscar el nombre del enano, nunca acertaba la respuesta correcta.

Al tercer día, envió a sus exploradores a buscar nombres diferentes por todos los confines del mundo. De vuelta, uno de ellos contó la anécdota de un duende al que había visto saltar a la puerta de una pequeña cabaña cantando:

“Hoy tomo vino,
y mañana cerveza,
después al niño sin falta traerán.
Nunca, se rompan o no la cabeza,
el nombre Rumpelstiltskin adivinarán!”

Cuando volvió el enano la tercera noche, y preguntó su propio nombre a la reina, ésta le contestó: “¡Te llamas Rumpelstiltskin!”

“¡No puede ser!” gritó él, “¡no lo puedes saber! ¡Te lo ha dicho el diablo!” Y tanto y tan grande fue su enfado, que dio una patada en el suelo que le dejó la pierna enterrada hasta la mitad, y cuando intentó sacarla, el enano se partió por la mitad.


jueves, 26 de enero de 2012

Primer cuento para Raquel

Esto era una niña pequeña, que siempre sonreía mucho y un día un señor le dijo:

- Niña, niña ¿por qué sonríes tanto?

- Porque no tengo motivos para no hacerlo
- ¿Quieres decir entonces que tienes muchos motivos para sonreír?

- No, no tengo muchos motivos para sonreír, lo que no tengo son motivos para dejar de hacerlo

No necesitamos aferrarnos a lo bueno para sentirnos bien, basta con aceptar que lo malo sólo es malo si nosotros dejamos que nos afecte.





martes, 24 de enero de 2012

Interneses e intereses

Si el teatro fuera más barato, iría más.
No digo con eso que sus artistas deban cobrar menos, pues su arte y su interpretación no tienen precio.
Sólo digo que si costase menos iría más.
Yo y otros tantos millones de jóvenes.
Y quizás de esa manera la cultura se acercaría a todos y no harían falta precios desorbitados, porque habría una demanda continua.

Si el cine fuera más barato, iría más.
Y no estoy a favor de las descargas ilegales.
Sí lo estoy de mi derecho a compartir lo que tengo con quién yo quiero.

Aquí estoy escribiendo. A veces tardo días en crear una historia, otras veces sólo segundos.
Y me arriesgo a que cualquiera lo encuentre, lo lea, le guste y lo comparta.
Si viviese de ello me dolería perder ganancias, por eso también creo en el respeto a los derechos de autor.
No grabar películas en los cines, no vender/comprar copias ilegales en el top-manta.

Pero la sociedad quiere tener, quiere tener cien películas en vez de una.
¿Es avance? ¿Es, como diría José Mota, "ansia viva"?
Mea culpa por descargarme canciones, por ver películas y series en internet.
Pero si tuviese que borrar los buenos momentos que he vivido gracias a esa oportunidad de poseer música, películas y series...perdería grandes vivencias de mi vida.

Yo no tengo la solución,
yo no sé que otra cosa podemos hacer,
sólo pienso desde mi triste ignorancia que si me costase menos dinero ir al teatro, a la ópera y al cine, yo sí iría más.
No busco debatir, pues sé que muchos podrán rebatirme en estos argumentos y me sentiría enriquecida por ello.
Solo pretendo hacer un parón, una reflexión.
Quino

El mundo no va a parar, ya hemos soltado las riendas. Cualquier intento por cambiar el avance caerá en saco roto.

lunes, 23 de enero de 2012

La vida

- Hasta pronto - susurró en voz baja, aguantándose las ganas de llorar, mientras veía cómo la catedral salmantina se hacía cada vez más pequeña a medida que avanzaban con el coche. Le temblaban las manos, le dolía el pecho, pero no dijo nada para no preocupar a nadie.
Emilia veía como toda su vida se quedaba atrás, sumergida en el Duero, entrando en un estado de hibernación emocional, para no sentir, para no sufrir.
Mientras tanto su hijo la observaba de reojo. Quién le habría dicho en aquél entonces, cuándo se marchó hace tantos años de allí, que un día volvería para llevarse consigo a su madre. Por un lado la noticia de su enfermedad le produjo mucho miedo, pero por otro sintió tranquilidad: por fin había un motivo firme para convencerla de ir con él a Madrid.
- Te cuidaremos, el hospital está más cerca, no tengo problemas para llevarte, estarás con los niños...
Y Emilia lo sabía. Claro que estaría bien allí. 
Pero no había lugar en el mundo más confortable que su tierra.
Su silencio era su luto. Nunca fue dramática y menos ahora. La vida ya le robó de muy joven al amor de su vida y la dejó "en paños menores", con dos hijos y sin dinero. Pero salió adelante.
Y sus penas y alegrías se formaron en las calles charras, en el aire frío, en la piedras amarillas.
Por eso este nuevo cambio no era algo terrible, pero no podía llevarlo de otra manera.
Su tierra, su amada tierra. 
Dejaba su casa, sus eternas amistades, sus paseos matutinos, su misa. Sus libros, su casa, la casa de su marido dónde tanto iba a dejar.
Era una nueva pérdida, otro abandono. No habría sitio más bonito que aquél. Sus ojos se iban humedeciendo despacio, los recuerdos se amontonaban en su mente y en su corazón.

- Mamá, no llores, puedes volver cuando quieras y lo sabes
Emilia se llevó una mano al pecho y sonrió.
- Lo sé hijo, lo sé...

miércoles, 18 de enero de 2012

Carta para la tercera planta

No os rindáis, aunque ya no haya más camino. No soy nadie para dar ahora una charla sobre lo bueno y lo malo, y mucho menos sobre la esperanza. Por eso escribo desde lejos, desde mi mesa, y cuando estoy cerca vuestro hablo poco, salvo cuando estáis más animados y os apetece contar cómo estáis hoy.
No os conozco, vosotros a mí tampoco, pero ya habéis dado el paso importante. Sin saber siquiera mi nombre me dejásteis entrar en vuestro pequeño mundo y me contásteis vuestra historia.
Me invitásteis a comprender el miedo y a sufrir vuestras dudas.
Y cuando peor estábais todavía sacábais fuerzas para seguir.

A ti, J.M.T,
hoy ni siquiera has abierto los ojos cuando hemos entrado. Hoy más que nunca no tenías ganas de hablar.
Incluso, mientras te pinchaban para aliviar el dolor, no te movías, no te inmutabas.
He querido decirte que eres un gran hombre.
Me habría gustado contarte que eres un ejemplo de paciencia, de aguante y de lucha.
Que mi madrina también vivió lo mismo que tú y por eso no hay día en el que no la recuerde y la eche de menos.
Que quiero protegerte de todo esto que te pasa, pero no puedo, no encuentro cómo.
Por eso te escribo, desde lejos, porque sé que de alguna manera te llegarán mis pensamientos.
Hoy estabas peor y tu familia ha tenido que asumir la noticia de que no hay más opciones.
Hoy no tenías ganas de más, ya no más dolor.
Y aún así, antes de que pudiésemos salir por la puerta, has abierto los ojos despacio y nos has buscado con ellos, para murmurar:
- Chicas, espero que hayais aprendido mucho...

A ti, I.,
que eres una mujer magnífica, capaz de tirar de todos y afrontar un final inminente con toda la racionalidad y valor que existen; que miras a tu marido y te aguantas las ganas de llorar porque no quieres que te vea mal, que tienes tanto que contar todavía...
Hoy me has mirado diferente. Siempre me mirabas seria, callada, pensativa. Hoy tus ojos brillaban de otra manera y he sentido el calor que salía de ellos, me he sentido afortunada porque me hayas mirado así.

A ti, J.S,
que te fuiste demasiado pronto. Sigo creyendo que cuando llegue a la planta estarás ahí sentado,
hablando despacio con tu voz afónica, con la foto del Atleti en el cabecero de la cama.
Sigo creyendo que nos mirarás con esa media sonrisa, repitiendo hasta la saciedad que vas a luchar por estar bien.
Pero no estás, te fuiste.
Y sólo puedo darte las gracias por haber sido así, tal cual, tan bueno y cariñoso.


A vosotros, que me recordáis que la vida es un bien preciado,
que me motiváis para hacer de una carrera un trabajo real, buscando nuevas soluciones a problemas que hoy no pueden tratarse,
que me hacéis ver de nuevo a mis seres queridos, los que tuvieron que pasar por eso mismo.
A vosotros que dais verdaderas lecciones de vida.

jueves, 12 de enero de 2012

Rotaciones de enero

Tiene ganas de llorar, pero se aguanta por ella. Mientras la ve hablar y hacer preguntas va notando cómo algo dentro del pecho le duele, sin poder darle un nombre concreto, pues no sabe si es miedo o es orgullo.
- ¿Y cuándo comenzará a caerse el pelo?
- Pues todavía no, acabamos de empezar, a partir de los siete días más o menos
- Entonces todavía aguanto un poco, que luego lo echaré de menos
- Sí, aunque es bueno que te mentalices, ya lo hablamos...
- Sí, tranquilo, ya he ido a tomarme las medidas para la peluca y todo

Sí, el dolor del pecho no tiene nombre porque se llama de muchas formas.
Allí están, madre e hija, más unidas que nunca.

- Y...aunque sea algo tonto...
- Dime, dime, ninguna pregunta es tonta
- ¿Podré comer cualquier cosa? ¿Debo evitar algún alimento?
- No, para nada, debes comer bien, ni de más ni de menos, como siempre has hecho
- Estupendo, ¿lo has oído mamá? Cuando vaya a tu casa no tienes que cocinar el doble, que no voy a quedarme en los huesos

Ahora se miran. Ambas comparten los mismos rasgos, lo más llamativo son sus grandes ojos negros.
Sonríen despacio, como si en ese momento el tiempo se hubiese parado, diciéndose todo lo que con palabras no se atreven.
Por su cabeza pasan miles de preguntas, de reflexiones, pero no debe dejarse vencer por ellas. Es el ahora y el mañana, es el hoy o nunca y por ello asiente, aguantándose el dolor del pecho.
- Doctor, gracias por todo - susurra en voz muy baja, luchando por parecer fuerte.
- Tiene usted una hija muy fuerte, ahora empieza el camino difícil, pero no deben rendirse

La puerta se abre, una enfermera sonriente les avisa de que ya está preparado el primer ciclo de tratamiento.
- Allá vamos
Y ambas salen cogidas de la mano, conscientes de que todo va ser a diferente en sus vidas, pero con un pensamiento firme: jamás se rendirán.



martes, 10 de enero de 2012

Siempre


Siempre.
Me gusta esa palabra. Siempre significa "desde un momento en el que empieza, hasta infinito". Es lo que dices cuando sabes lo que quieres en la vida. Yo lo sé. Estar siempre contigo.
Sé que soy joven, sé que la vida da demasiadas vueltas, que descoloca, asusta y nos vuelve torpes, pero no por ello debemos rendirnos. Sé que nada es cierto, que todo cambia, pero también sé quién soy, a quién le debo lo bueno que haya en mí y cuánto me gustaría ser capaz de enseñar yo a otros.
Sé que quiero hacerte feliz. Siempre.
Siempre significa "pase lo que pase".

martes, 3 de enero de 2012

******

Feliz año 2012 pequeña Sunniesoop.
Parece que todavía estamos esperándolo y resulta que ya hemos gastado tres días del calendario. Los literatos añadirían que se han dado millones de besos, abrazos, miradas y cartas. Los pesimistas hablarían de tres días más cerca de la muerte. ¿Y tú? ¿Tú que piensas dentro de esa cabeza?
¿Es más bueno el que lo hace y lo publica o el que lo hace y no lo proclama? ¿Es más malo el que lo dice aquí y luego o el que sólo lo hace luego?
¿Qué somos? ¿Qué pretendemos?
¿Somos una persona o un montón de papeles distintos en la obra de arte de la vida?
¿Y quién es el público? ¿Y cuál es el fin?
Sí, he empezado el año reflexivo.
A lo largo de mis innumerables viajes por todo el mundo aprendí dos cosas. Dos que resumen infinitas cosas.
La primera, que nada pasa por algo, simplemente pasa.
La segunda que todo tiene algo positivo.
Y de ellas entendí que siempre hay una causa, que no todos los gestos significan algo, que se puede negar a alguien más de tres veces sin pretenderlo y perdonar es más difícil que aceptar con valentía un error mortal.
Por eso dejé de juzgar a los demás, aún sabiendo que yo siempre sería juzgado. No importa. El mayor mérito es no dejar que las malas vivencias y decepciones te cambien.
¿Qué dices pequeña Sunniesoop?
Sí, tienes toda la razón, todo sería más fácil si supiésemos hablar balleno (o pingüinés).

Jesús

Su pelo castaño ondea bajo la brisa nocturna de la bahía. Todo está tranquilo. A su derecha las barcas de madera son mecidas por un suave oleaje. A su izquierda la playa se extiende como un manto de arena gris nacarada.
Delante un océano infinito.
Detrás está él, siempre detrás, siempre protegiendo sus pasos.

sábado, 31 de diciembre de 2011

2012


- Papá ¿este año es bisiesto no?
- Sí hija, es "tu siesto".
La felicidad de los locos es el sueño inalcanzable de los cuerdos.
Los mayas anunciaron que el 2012 sería el año del cambio.
Dijeron que algo va a ocurrir.
Unos creen que se referían a que la humanidad subirá un escalón más (no sé hacia dónde), otros miran al cielo esperando ser los primeros en reconocer el meteorito que caerá de un momento a otro destruyéndolo todo.
Dos mil doce.
Nada se puede predecir, todo se puede adivinar.
Lo importante es no quedarse quieto mirando hacia ninguna parte,
o bajar la cabeza ante la mentira. Es hora de mejorar.
Madurar. Envejecer. Quizás ese es el escalón sobre el que nuestros pies se balancean.
Seas como seas, seas quién seas. No dejes que tu felicidad dependa de los demás.
Depende de ti.
Y compártela, porque nunca se disfruta estando solo.
Comprende y perdona, no juzges, escucha. Crece.
Que 366 días pasan volando.
Feliz año.
"Los locos son personajes y los cuerdos sólo actores...los locos crean poesía y los cuerdos la redactan...los locos se sienten libres...son libres...y los cuerdos los encierran...."
Que nadie ponga barrotes a tu locura, 2012.

sábado, 24 de diciembre de 2011

veinticuatro del doce del dos mil once

No creo en la iglesia. No creo en su doctrina. No creo en sus rezos ni en su dogma.
No creo en ellos, no creo en lo que representan.
Porque no le representan a él.
Sí creo en dios, sí creo en Jesús. Sí tengo fe.
Y por eso hoy celebro tu aniversario, hoy celebro que viniste al mundo.
Pero no voy a santificar tus fiestas, no voy a cumplir las costumbres. Voy a decirte que sigo creyendo en ti y que te agradezco cada segundo en el que me acompañas y velas mis sueños. Voy a prometerte que voy a intentar ser mejor persona, siguiendo tus pasos.
Porque tú me has enseñado a respetar y ser respetado.
Feliz Nochebuena. Felices vacaciones. Que la felicidad nos alcance a todos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Desde otra tierra


Llevaba mucho tiempo deseando escribir esta entrada. Quiero dedicársela a mi tía Emi, para que sonría como nunca, porque se lo merece. Es un relato que envié a un concurso literario de FECOGA (Federación de Cofradías Gastronómicas) y que ha resultado ganador del segundo premio. Estoy muy ilusionada por ello, y he esperado para poder compartirlo con todo aquél que quiera leerlo. Un abrazo muy fuerte y Feliz Navidad.

Desde otra tierra
Mis padres dicen que nací con ojos de xana, como las hadas asturianas, porque solía quedarme así, semidormida, durante días enteros, dejando escapar una media sonrisa cuando alguien me rozaba la piel. Mis primeras palabras fueron en un francés suave y agudo, algo que defraudó a mi abuelo, pues estaba empeñado en que lo primero que dijese fuera “patata”. ¡Qué obsesión la de este hombre por los tubérculos!” solía decir mi abuela mientras él me explicaba, sosteniendo uno en la mano, cómo ese alimento había salvado vidas cuando él tuvo mi edad.
Así crecí en uno de los barrios más bonitos de París: entre las bicicletas, las mesas de café diminutas, las clases de gimnasia en los jardines y mi abuelo con el delantal puesto en la cocina.
Él nunca aprendió francés, siempre dijo que le daba miedo perder las raíces. Todos nos reíamos de esa idea tan absurda, “¡nadie olvida un idioma por hablar otro!” le decía yo muy resabida, pero con los años entendí que su miedo no miraba hacia el futuro, sino al dolor de un pasado muy complicado.
Por eso me recogía el pelo en una trenza, despacio, para que no me quedasen mechones fuera y después corría a su lado, preparada para otra tarde llena de harina en la nariz, de aceite en los pantalones y el olor a los centenares de condimentos que usábamos casi sin pensar. De sus sentidos conocí cómo se puede calentar la leche con las manos, cómo se descubre si sobra sal sin usar el gusto o a calibrar los gramos contando con el olor.
Él intentaba llevarme con sus platos a su verdadera tierra, ese lugar del que casi no se hablaba en casa porque mis padres no lo conocían, pero que mi abuelo se empeñaba en no olvidar.
“¿Hablas del país de la xanas, abuelo?”, le preguntaba yo y él me respondía que no sólo era de ellas, también era el país del sol, de la mar salvaje, de las tierras húmedas y verdes, que según desciendes se vuelven llanas leonesas, amarillas manchegas y llenas de matices en todas sus partes. Y, por supuesto, siempre había algo que comer en todas ellas.
Una tarde de septiembre mi abuelo me llevó a ver a unos amigos suyos, pintores, cerca de una iglesia preciosa, blanca impoluta. Estuvimos vagando por la plaza, disfrutando de los trazos, del detalle, de la concentración. Él me susurraba al oído que la pintura es como la gastronomía: todo se hace con pasión y cuidado, por eso cada obra de arte lleva un poco de alma de quién la crea.
Para mí aquella frase fue grandiosa y aún hoy se me eriza la piel cuando le veo agachándose hacia mí, emanando aquel olor a cebolla y ajo tan peculiar.
Ya íbamos a marcharnos a casa cuando otro anciano, más o menos de su edad, se acercó con paso rápido y le abrazó por detrás. Era un viejo amigo, también español. Hablaron durante mucho tiempo, lloraron juntos y yo mientras los observaba maravillada.
Antes de irse le dio a mi abuelo algo metido dentro de un papel de aluminio y después se despidió. Durante el camino de vuelta no dijimos nada, le veía demasiado sensible cómo para estropear aquello que su mente le estaba recordando.
Esa noche se acostó pronto, ni siquiera vino a darme las buenas noches. Me sentí traicionada, como si para él yo no fuera de suficiente confianza. Entonces, de madrugada, apareció en mi habitación y me dijo que le acompañase afuera.
Una vez sentados los dos en la terraza sacó el paquete de aluminio. Al tenerlo cerca vi que olía fuerte, olía cómo él, aunque un poco extraño.
“¿Qué es?” le pregunté. Él sonreía con un brillo especial en la mirada.
“Se llama sabadiego; intenta pronunciarlo francesita, sabadiego, se dice sabadiego. Es un chorizo de mi tierra, de mi hermosa tierra. Llevo más de media vida esperando volver a probarlo. Creí que moriría sin hacerlo”
Entonces lo sacó y, con un poco de pan, fuimos devorándolo lentamente, disfrutando de cada pedazo. Nunca había sentido tanto respeto por algo como aquella vez. Lo comí como si fuera el manjar más preciado que existiese en la tierra, saboreando su fragancia en el paladar y enlenteciendo el tiempo, para que no terminase nunca. Fue tan emotivo que se me escaparon las lágrimas y él dejó a un lado todo y me abrazó.
Han pasado muchos años desde aquello y, ahora, cuando veo a mi hija dormir en su cuna, con los ojos entrecerrados y la media sonrisa, sin que nadie me vea me la llevo a la cocina, la coloco entre paños y dejo que el olor la absorba y la llene, para que nunca pierda la esencia de nuestras raíces.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Tangled

A menudo, en exámenes, lo que más me apetece es ver la película de Tangled ("Enredados") una y otra vez, cosa que jamás he cumplido. Aún así es un pensamiento alegre, como otros tantos que vienen a mí cuando más  concentración necesito. Me gusta porque es de esos recuerdos que marcan momentos en la vida. Para mí representa un trabajo de Farma, quedándonos en la universidad hasta bien entrada la noche, dónde mi única alegría era ponerles el tráiler de la película a mis compañeras, sin parar, hasta que se cansaban de mí.
Me gusta porque las historias de Disney siempre me han acompañado, y aún hoy me apoyo en ellas cuando me tiemblan las piernas o las ganas.
Por eso, a falta de dos días para terminar, después de un examen de digestivo demasiado complicado, hoy he pensado en Rapunzel y Pascal, he sonreído y he vuelto a tener ganas de seguir.
Los pequeños detalles de la vida, los llaman, me gustan mucho, mucho, mucho, mucho.

martes, 13 de diciembre de 2011

Uno más

Mamá,
Papá
ya sé lo que quiero ser de mayor.

Turista.

Y sino, cuidadora de elefantes.

Y sino, turistas que cuidan de los elefantes.

Eso seré.


viernes, 9 de diciembre de 2011

Podemos




A veces, sólo necesitamos creer que se puede
y nuestro cuerpo, nuestra mente, hacen el resto.
Yes We Can.

martes, 6 de diciembre de 2011

DiciembrEX

La ministra de trabajo italiana llora porque el país, de nuevo, va a tener que hacer sacrificios. Mientras hablaba en el telediario de la noche sólo pude fijarme en la tremenda arruga que le salía entre las cejas. Las arrugas salen por el uso, con los años, y esa, en ese sitio, significa que ha estado enfadada muchas veces.
Ella y su arruga me hicieron volver a pensar en lo difíciles que están las cosas en el mundo.
Es utópico creer que nunca habrá algo malo, ni siquiera me dan ganas de reflexionar sobre ello; pero me gusta pensar en lo que queda y empuja a la gente a no rendirse. Pensé que era bonito verla emocionarse, nos da a conocer algo nuevo sobre esos seres llamados "políticos". Luego la imaginé en su casa, con su sueldo de cada mes, y, como decía Mafalda "noté como una basurita en el ánimo".
Entonces volví a mi mundo de folios y lámpara de escritorio. Volví a mis horas sentada memorizando y comprendiendo nuevos conceptos. Volví a mis ganas de bufar, de dormir, de irme de aquí. A mis miedos y bajones, típicos de temporada de exámenes.
Pero empecé a sonreír.
Este año es muy distinto.
Ahora cada pedacito de cosa, enfermedad o bicho que toco tiene un nombre propio. Pero nombre propio de persona y eso le da mucho más valor.
Puede parecer absurdo, pero sé que más de uno, al leer esto, asentirá con la cabeza.
Estudio la pancreatitis aguda, con sus signos y síntomas y complicaciones. Pero no es sólo eso, es lo que tuvo Julia en octubre, la señora de la habitación X y que además tiene dos nietos y una perrita. Y está angustiada porque los hijos no encuentran trabajo.
Luego está la pericarditis aguda, con su ST elevado, y el señor de la habitación T, que sonreía cansado mientras le haciamos inclinarse ochocientas veces para auscultarlo mejor.
Y esa cosa extraña, mastocitosis, que en clase parece la cosa más aburrida del mundo, pero cuando le pones el nombre de Alba, con su pañuelo en el cuello tapando sus manchas y llorando porque tienen miedo al futuro, es algo muy distinto.
Esta vez no solo son textos y textos. Son personas reales que me ofrecieron su tiempo para aprender cuando peor se encontraban. Y si hay algo que puede motivarme para pasar esto, son ellos.
Por eso, aunque vuelvo a sentir que todo me puede, que la cuesta es muy empinada, esta vez es diferente.
Y me miro al espejo, descubro que tengo arrugas en la frente de tanto abrir los ojos, y me gusta.
Las quiero ahí, dónde están y no en otro sitio.


Compis.... podemos.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Marina

Marina era tímida, pero sabía lo que quería.
La primera vez que lo vio fue en el tren de camino a la ciudad y, sin saber porqué, supo que lo odiaba.
Miraba a las jóvenes como ella con sonrisa lasciva, chupándose el labio inferior y luego sacaba un cigarro del bolsillo, para hacer más corta la espera.
Tras un mes de encuentros parecidos, dónde ella pasaba desapercibida entre los pasajeros y él se quedaba en primera fila, oteando a lo lejos en busca del color naranja y azul de la cabina,
descubrió que no sólo vivían en el mismo pueblo, sino también en el mismo barrio.
Compartían tren, autobús y los 10 minutos de paseo por la acera.
Ella vivía en el bloque de pisos del portal número 45.
Él en el chalet de enfrente.
Por eso pasó de de ser "el tío asqueroso de mi tren" a "el vecino asqueroso de enfrente".
Cuando Marina quedaba con sus amigas al terminar la semana, solían reírse de sus comentarios, imaginándole como un hombre loco que perseguía a la gente.
Ella no se ofendía con sus gracias, pero se reafirmaba en la creencia de que no le gustaba nada y había algo horrible en él.
Un día estaba estudiando y oyó un ruido de ladridos afuera. Al asomarse vio cómo una mujer mayor entraba en el patio del chalet de enfrente.
Era un casa pequeña con un patio muy amplio, dónde los árboles crecían por doquier, impidiendo que nada pudiera verse desde fuera, excepto un pequeño rincón dónde nacía la escalerilla de la puerta de la cocina.
Muchas veces le había visto allí sentado, solo, fumando un cigarro tras otro. Para luego desaparecer dentro de la casa y no dar más señales de vida.
Aquel día el patio se llenó con cinco cachorros y una perra sin raza. La mujer los dejó allí y se fue por dónde había venido.
Él cogió una caja, la dejó bajo el hueco de la escalerilla y fue metiendo uno a uno a los perrillos dentro, como si estuviera amontonando ladrillos.
Después se giró y fue hacia la perra grande. Aún siendo sin raza era bonita, marrón y negra, con hocico largo y ancho. La acarició las orejas despacio, mientras ella lo miraba tensa, preocupada por lo que fuera a pasar con sus cachorros.
Marina presentía algo desde la ventana, algo que la invita a huir de allí. Desde su posición no acertaba a ver nada de lo que estaba pasando, sólo el espacio vacío de la escalerilla.
Quiso correr la cortina y marcharse, pero sus ojos estaban clavados.
Mientras tanto, él sonreía mirando hacia abajo, con su gesto lascivo, viendo cómo el animal sacaba de la caja a sus pequeños, que casi se estaban ahogando amontonados.
Pasado un rato decidió entrar de nuevo en la casa. Con paso lento se acercó a la escalerilla.
Marina pudo ver su pelo canoso brillando con los últimos rayos de sol.
Entonces uno de los cachorritos apareció en la escena, trotando torpemente sobre sus cuatro patas.
Moviendo su rabito, hipnotizado por el andar del hombre, intentó trepar por el primer escalón de la escalera.
A duras penas consiguió pasarlo, ante la mirada continua de él, que se había percatado de su presencia.
Marina sintió una punzada el pecho.
- No, no serás capaz... - dijo en voz baja, mientras la temblaban las piernas.
Y acto seguido se llevo las manos a la boca, con los ojos en blanco, con el corazón totalmente parado.
La puerta de la cocina de aquel chalet se había cerrado, y fuera en el patio sólo quedaban una perra y sus cinco cachorros, uno de ellos gimoteando malherido contra la verja.
La patada que le había propinado aquel monstruo había sido indescriptible.
Una escena con tanto odio y repulsión no puede ser descrita, no hay adjetivos suficientes.
Sólo quedó en el ambiente el sonido del corazón de Marina, latiendo de golpe, a mil por hora.

Aquella noche no pudo dormir bien.
Y a la mañana siguiente, antes de irse miró por su ventana, pero no pudo ver nada a través de los árboles.
Los días posteriores pasaron de una forma lenta e insidiosa.
Y así pudo descubrir que en el patio sólo quedaban una perra y cuatro cachorros, el último no había sobrevivido al traumatismo.

Un día, cercano ya a la Semana Santa, a estación estaba llena de gente.
Marina lo vio. Hacia mucho tiempo que no se encontraban.
Ella volvió a pasar desapercibida, él de nuevo oteaba en la orilla del andén, esperando.
A lo lejos se oyó el ruido de una máquina acercándose.
Los pasajeros bostezaban, ya era la hora.
Unos brazos delgados y firmes aparecieron de la nada.
El tren llegó, pero nadie pudo llegar aquella mañana a su trabajo.

Cuando Marina volvió a casa su madre se quedó atónita al enterarse de la noticia.
Un hombre se había suicidado en la estación.
Ella no quiso hablar del tema, se excusó diciendo que tenía muchos apuntes atrasados.
Antes de sentarse, miró por la ventana. En el chalet de enfrente unos policías inspeccionaban a través de la valla.
Marina se colocó en su escritorio y sacó los libros.
Hacia calor.
Se arremangó la camisa, dejando al descubierto sus brazos. Delgados.
Delgados.
Pero firmes.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Dra. Aragón

Sí, esto es para ti, porque me acompañas en silencio en el metro, en tu coche o en cualquier lugar.
Que aunque no hables demasiado siempre estás, dándome esa paz que a veces no encuentro por mí misma.
Tú, que formas parte de este mundo "medicinal" tan sumamente complicado, tú que también has notado cómo a veces pesa demasiado la cabeza y duele el cuello.
Aunque ahora hablemos menos, aunque no coincidamos en los mismo sitios, sabes que vuelvo a colocar un barco de papel sobre la taza té y que tengo fe en que todo saldrá bien.
Gracias por entrar aquí, con tu silencio, y esos abrazos que tanto bien hacen a todos.
(con sabor a sugus)
En mi mesa guardo tu marcador de páginas, entre mis libros hay alguno tuyo,
y siento cómo el apoyo en estos días de miedo y esfuerzo fluye entre ambas, entre todos, como siempre ha sido y será.
¿Oyes el piano? Suena con fuerza, cada vez más rápido, con más ritmo y melodía,
porque podemos con esto.
Siempre.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Pre-exámenes

A mi tampoco me gusta que me ignoren y luego me sonrían, pero debes comprender que no es fácil "ser" un ser humano, pequeña Sunniesoop.
La gente está loca, está para que la encierren, para que la traten y la mayoría de ellos no lo saben..
Tú estás loca y yo estoy loco. Y como le decía el papá de Alicia a ésta, "las mejores personas lo están".
A mí me gusta la gente que achina los ojos, aunque se ría pocas veces. Me basta con verlos hacerlo una vez. O los que no tienen tiempo y aún así lo pierden contigo.
He echado de mi vida a los que tienen dos caras malas. Todos tenemos dos caras, o diez o treinta. Y alguna será peor que las demás. Pero si tienes todas feas estás perdiendo el tiempo conmigo.
Sabes, pequeña Sunniesoop, a mí, durante mi vida, me han herido, maltratado, escupido e infravalorado infinitas veces.
Pero siempre he ganado, porque nunca dejé que me cambiaran.
Y aunque me duela perder la ilusión más me dolería no tenerla jamás.
¿Me entiendes? Mejor tenerla y perderla, mejor dormirse y despertarse cansado, mejor correr y caerse, mucho mejor enamorarse y sufrir, que no haber conocido el amor jamás.
Por eso no temas cuando utilizan tus textos, cuando usan tus palabras mintiendo, cuando tu verdad no se hace ver.
Los locos no tenemos miedo a nada.

martes, 22 de noviembre de 2011

Las varillas de incienso

Huan Yue no sabe que hemos cambiado de gobierno. Reposa tranquila, sobre un colchón especial que, gracias a la donación de un anónimo desinteresado, el hospital ha conseguido comprar para ella . Es especial porque lo llaman "antiescaras" y sirve para aquellos pacientes que están y, posiblemente, estarán mucho tiempo encamados.

Su habitación se ha convertido en el rincón de paz de la tercera planta. Aunque las dobles puertas permanecen obligatoriamente cerradas, por la rendija inferior se cuela hacia el pasillo común una fragancia única.
Son las decenas de varillas de incienso ardiendo a la vez.
Ella no puede olerlas, pero sus hijos saben que así se curará pronto.
En el resto de habitaciones la gente comenta el partido del Atlético de Madrid contra el Levante, la sanción impuesta a Telecinco, lo malo o bueno que es el menú del día en la cafetería y lo difícil que es aparcar a esas horas por la zona. La gran mayoría hace gracias satíricas sobre la situación de España: "ya no existe el vello púbico señora, ahora es vello pivado", "llevamos 24 horas y ya me han ofrecido cuatro empleos nuevos..." y otros, algunos, lloran, tras recibir malas noticias que poco tienen que ver con la carrera profesional de la mujer del nuevo presidente.

Huan Yue tiene el pelo lacio y envejecido. Lleva tumbada en la misma cama desde el mes de enero.
Y aún no ha abierto los ojos.
De su cuerpo salen tubos de todos los tamaños y los que entran a verla van cubiertos de arriba abajo, sabiendo que no pueden tocarla, que el contacto implica riesgo para su vida.
Sólo sus hijos pueden pasar unos minutos, sin cubrirse, para orar junto a ella.
Y para volver a encender, cada día, las varillas de incienso.
Dedicado a ti, porque me recuerdas lo que verdaderamente importa.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Fede

- Eventración.
- ¿Cómo ha dicho?
- Eventración. O algo así. Mira, podéis tocármela, es aquí abajo. Cuando toso o aprieto la tripa parece una piedra. No me molesta mucho, no me da problemas. La faja lo disimula bien.
Fede está tumbado boca arriba. Sus ojos azules resaltan sobre su piel morena. Está un poco incómodo, le duelen los muslos, pero es entretenido ver cómo tres estudiantes le miran como si fuera un conejillo de indias.
- Pero tocad hombre, que no me duele.
Y los tres jóvenes extiran sus brazos desconfiados, con tímidas sonrisas, con ganas de saber qué es eso, pero con miedo a molestarle por su curiosidad.
Fede los observa con una mezcla de envidia y cariño. Le hacen sentirse muy viejo.
- Yo soy transportista. Bueno, era. Con esto ya no me dejan hacer esfuerzos. Me recorrí medio mundo cuando era joven. Deberíais hacedlo, nos morimos sin haber conocido nada más que nuestra ciudad y algún otro sitio. Hacedlo, es un consejo.
Después de aquello tres pares de manos le tocan, mueven, percuten, palpan y masajean.
- ¿Todo en orden jóvenes?
Y los tres pupilos asienten sonrientes, con la mirada ilusionada de aquellos que están aprendiendo.
Al salir de la habitación la mujer de Fede, Rosa, les regala una sonrisa y les da las gracias.
Después entra y cierra la puerta.
Ella tiene los ojos marrones y el cabello negro sobre los hombros. Él casi no tiene pelo ni en la cabeza, ni en las axilas, ni en las cejas, ni en ninguna otra parte. Rosa se sienta en la orilla de la cama, él todavía mira hacia el techo, sonriendo.
Entonces ella pone una mano sobre su abdomen y la otra sobre su frente.
- Te quiero
- ¿Cómo estás hoy mi vida?
- Fuerte. ¿Tú?
- Cansado, pero fuerte
La sonrisa de su cara continúa perenne, pero por debajo algo ha temblado, como una descarga eléctrica que atraviesa su cuerpo en cuestión de segundos. Como si el miedo intentase colarse por su armadura de hierro.
- Estoy contigo
Entonces se hace el silencio, interrumpido por el suave borboteo de una bomba de oxígeno del paciente de al lado, y Fede clava en su esposa sus ojos azules. La ve más delgada, ojerosa. La ve apagada, pero más bella que nunca.
- No me dejes solo
Y así, mientras ellos se abrazan una vez más, arropados por las gotas de lluvia que golpean las ventanas, tres futuros médicos corren por los pasillos buscando a un adjunto que les corrija su historia clínica, para después ir a la planta baja a dar la segunda clase.
- ¿Cómo dijo que era lo que tenía?
- Eventración, creo
- Qué majo ¿verdad? Me ha caído muy bien, la semana que viene nos pasamos a verle
- Claro



Dedicado a todas y cada una de las personas que día tras día acuden al hospital buscando respuestas y soluciones y, mientras esperan, hacen que nuestros días de aprendizaje sean también los suyos, aguantando veinte fonendos sobre sus espaldas y el doble de manos sobre sus tripas, mirándonos con cariño y agradecimiento, cuando somos nosotros los que debemos darles las gracias.

lunes, 31 de octubre de 2011

Existes

Existes y todo tiene sentido.
Eres la luz que se cuela los días festivos y me recuerda que son para estudiar; pero no importa, sonrío, las ganas de hacer las cosas bien también llevan tu nombre.
Eres el premio cuando termine, eres el mensaje que dice "ánimo" con cinco letras y el café de las tres que me acompañó un mes entero cuando me jugaba todo a una.
Y fuiste la paz junto al mediterráneo.
Y la visión del futuro con los pies en el norte y las manos sujetando un vaso de sidra.
Eres la persona que me miró a los ojos y se quedó ahí siempre.
La mano en la espada cuando no quiero enfrentarme a algo, el gesto serio cuando no quiero hablar de nada.
Los ojos cerrados junto a los míos, el hombro que recibe llantos y los cura.
Eres lo que buscaba sin cesar.
Y lo que cuido desde que me elegiste.
Existes.
Existes y todo tiene sentido.


martes, 25 de octubre de 2011

Ponerse menos verde

Los recuerdos del pasado no son entes del presente; las decisiones deben tomarse en el hoy, no en el ayer, pues las consecuencias no irán hacia atrás, sino hacia delante;
pero no temas, pequeña Sunniesoop, estaremos a tu lado.

domingo, 23 de octubre de 2011

Paz

Recuerdo el día en que asesinaron a Miguel Ángel Blanco. Jugaba en mi habitación, era verano. Mis padres y mi hermana veían la televisión sin perder detalle. Yo iba y venía, escuchaba fragmentos de lo que decían y observaba la pantalla. Después de tres días dieron la terrible noticia.
Y yo, con siete años, entré en mi habitación, me senté en la alfombra, cerré los ojos y, por primera vez, sentí verdadera impotencia.
Recuerdo que apreté los puños con fuerza y dejé que el sentimiento de odio que me estaba llenando escapara fuera de mí.
Desde entonces sólo quise pintarme las manos de blanco.

Por eso cuando hace varios días, escuchando la radio,comprendí lo que estaba sucediendo, me quedé estupefacta. Después de tanto tiempo me he vuelto demasiado escéptica, pero quería creerlo, deseaba creerlo.
Y me lo estoy creyendo. Tengo miedo de que no sea verdad, tengo miedo de que esta felicidad dure poco tiempo, pero tengo fe en que sea cierto.
Cuando oí a Rubalcaba decir: "...hoy cuando salgamos de aquí no habrá nadie que deba mirar debajo del coche, nunca más..." me lo creí.
Y ahora más que nunca pienso en ese momento en el que con siete años aprendí a odiar, pero también aprendí a defender la libertad.
Hoy defiendo la libertad.
Hoy creo en el fin de ETA.

domingo, 16 de octubre de 2011

Un limón

Rápido, piensa en algo. No importa el qué. Sólo piensa en algo.
...
...
...
Incluso puedes hacer eso de cerrar los ojos para pensarlo mejor o cerrar la puerta o poner boca de reflexión.
...
...
¿Lo tienes?
¿Qué es?
Intenta definirlo. Quizás es fácil, porque has elegido algo como una fruta, un objeto, una foto. Puede que hayas elegido a una persona o a varias o un viaje. Puede ser cualquier cosa. Quizás sea difícil, porque no sabes qué has imaginado.
No importa. Definir, por ejemplo, un limón, que es lo que he pensado yo, también tiene su aquél.
Es una fruta... sí, ¿no? Es amarilla...a veces verde, es ácida, pequeña, cabe en mi mano, puedo lanzarla de una mano a otra, aunque soy torpe y seguramente se me caiga. Si me cae en un ojo me escuece seguro, si me cae en la piel dicen que seca los granitos y hay personas que aliñan la ensalada con limón. Me recuerda al sol, a las tardes de otoño (pero no a las de verano), a las pelotas de tenis.
Un limón significa algo para mí que desconozco. O no significa nada y sólo pensé en él porque pasaba por ahí, por alguna red neuronal.
No importa. Yo elijo sí el limón puede estar marcando mi vida o sólo apareció para desaparecer.
Realmente así, más o menos, es todo. Lo que pasa es que no tenemos suficiente tiempo para darnos cuenta.
Podemos decidir qué nos ayuda, qué nos daña, pero la mayoría de la veces dejamos que sean otros los que decidan por nosotros, porque es más fácil.

Lo complicado es pararse una noche de un sábado de octubre, una mañana de un miércoles de febrero o una tarde de un lunes de julio y decirse a uno mismo que es dueño de su vida y, como tal, decide qué le hiere y qué no. Tú y yo lo hacemos complicado, lo vemos complicado. Pero es fácil.
Tan fácil como definir lo que es un limón.

jueves, 13 de octubre de 2011

Diplopia

Lo ató a la silla. Los gemidos de angustia podían escucharse desde cualquier rincón del edificio. Allí ya no quedaba nadie.
Lentamente cubrió el suelo de folios repletos de frases inconexas, con una caligrafía elegante y, a la vez, aterradora, que no dejaba lugar a dudas sobre cómo era la persona que lo había escrito.
Desde su sitio el joven sólo atinaba a ver la capa blanca que se extendía por doquier, sin orden ni causa, pestañeando bruscamente, dolorido por los múltiples golpes que tenía en ese ojo.
Estaba solo.
El dolor había dejado de existir. Era verdad entonces aquello que dicen de que, cuando alcanzas el máximo umbral y lo superas, ya no hay nada más. Ya se ha sufrido tanto que el propio cuerpo, lanzándose a los brazos de la resignación, decide no aguantar. Desconecta todo, lo deja sin alarmas ni protecciones. Ya nada importa.
Estaba completamente solo y abandonado a su suerte.
Ya no sentía las heridas desangrándose por sus piernas.
Ni la angustia de ver cómo toda su vida había ardido minutos antes junto a sus seres queridos.
El olor a gasolina se impregnaba en su cuerpo y entraba en sus fosas nasales como si desde ese momento se hubiesen convertido en uno solo. Él y el fuego. Él, el mismo y el fuego.

Atado en la silla gritaba descompuesto, después se calmaba y se sorprendía a sí mismo caminando por la estancia cubriendo todo de papeles que meses antes había escrito.
Los cogía con ambas manos, con sus huesudos dedos. Los olía, los lamía y luego los arrojaba con odio al suelo.
Acto seguido se sentaba en la silla y se ataba las manos. Entonces volvía a chillar histérico, con los ojos inyectados y el corazón a punto de salírsele del pecho.
Su captor soltó una carcajada desgarradora. Él mismo río sin parar. Desde fuera dos palomas observaban la escena, ajenas a todo. Un sólo joven. Una sola habitación. No muy lejos ardía una casa familiar.
De repente algo se rompió y se hizo el silencio absoluto.
Semanas más tarde, cuando la policía llegó allí, encontraron dos cuerpos tumbados en el suelo.


Y ese extraño olor a gasolina.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Vizcaíno

Me sabes a mar del norte, a eso me sabes
y al acercarme a ti, a tus ojos lo veo dentro
bravo y libre y eterno.
y al acercarme así, a tu piel, tras dormir sobre tu piel
luego descubro que mis ropas se llenaron de arena.

sábado, 8 de octubre de 2011

October days

Suena un piano de fondo. A veces la vida se condensa y se reduce al tamaño de una uva o se hace inmensa; de  ambas formas se convierte en algo demasiado pequeño o demasiado grande para prestarle toda mi atención.
Eso consigue el piano.
Cierro los ojos y cierro los poros, cierro la boca y la nariz.
No sé matemáticas, no entiendo los ritmos, pero no importa en absoluto. Jamás ha importado.
Ahora la vida está fuera de su espacio, ocupando otro continente que no me concierne, no me asusta ni me responsabiliza.
He olvidado respirar desde hace tiempo, no puedo contarlo, ya no sé contar. Y así escribo mentalmente palabras que no recordaré y que quedan grabadas como notas que mañana sonarán diferentes.
Descanso en un suave aleteo de mariposas soleadas, de puentes de madera que no unen orillas, las separan.
Separan el mundo de la pura abstracción y olvido qué soy, quién soy y para que sirve una gota de vida en mitad de un universo.
Entonces, cuando estoy a punto de perderme para siempre, un sonido envolvente y directo sale de una flauta y me devuelve. Abro los ojos y la piel, abro la boca y la nariz.
Y la uva se hace grande y la inmensidad se reduce y mi atención se posa en cada espacio. El reloj vuelve a su eterna carrera y me acurruco un poco más en la almohada. Sólo un poco.
Es lo más bello de despertarse.

jueves, 6 de octubre de 2011

Steve Jobs



La primera vez que escuché su discurso fue en un seminario de bioquímica del hospital, cuando todavía estaba estaba en primero de carrera.

http://lanietadelimpresor.blogspot.com/2009/02/discurso-steve-jobs.html
http://lanietadelimpresor.blogspot.com/2009/02/discurso-de-steve-jobs.html

Entonces me emocioné al oírle, suele pasarme con facilidad. Se me humedecieron los ojos, me llegó muy dentro aquel momento y luego me dio vergüenza que los demás me vieran así. En casa lo vi más veces, me empapé de su fortaleza (lo intenté) y escribí una entrada en este blog, con el vídeo y el discurso.
Hoy, varios años después, he vuelto a verlo.
Y esta vez he llorado de otra manera, con dolor.
Pero también con más fortaleza que entonces.
No hay nada más que añadir salvo que Steve Jobs es y será un ejemplo de autosuperación y de entereza para todos nosotros.
Esté dónde esté: Stay hungry, stay foolish.


jueves, 29 de septiembre de 2011

J

No sé si te he contado alguna vez que respiro más deprisa si estás cerca y mis fragilidades se deshacen como el granizo sobre el alféizar de la ventana. Que no entiendo porqué existen los dos lados de la cama ni porqué los auriculares no tienen cuatro cascos. Tampoco sé si alguna vez te he dicho que tienes la mirada más bella que existe sobre la faz de la tierra y que tengo miedo de perderte, aunque no tenga motivos para temer nada.
No sé si alguna vez te he confesado que cierro los ojos para imaginarte cuando te marchas.
O que todos los olores me recuerdan a ti, simplemente porque siempre estás conmigo.
No sé si sabes que eres importante, demasiado importante, que no puedo vivir sin ti.
No sé si te he contado alguna vez...que llevas mi fe en tus manos.
En tus grandes y cómodas manos.

martes, 27 de septiembre de 2011

Dabeliú

En alguna de esas casas alguien celebra un gol. Su voz se oye desde la esquina y se pierde bajo las luces de cuatro farolas mal puestas. Esta noche no es ni fría ni calurosa. Es solo una noche más de septiembre y Dabeliú tiene sed.

Ha llorado tanto que ahora necesitaría beber todo el agua del Sena para poder paliar su necesidad fastuosa, su sofocante ahogo, su horrible angustia. También ha perdido tanta sal que su cabeza comienza a dar vueltas y sus ojos ven formas extrañas en lugar de transeúntes deseosos de llegar al hogar.

Dabeliú ha llorado tanto que se le ha olvidado porqué lo hacía.
Y ahora vaga por los adoquines contando las líneas que salen de las punteras de sus botas rojas.
De vez en cuando da punta piés contra el aire, como si intentase dar un toque de normalidad a la escena surrealista que la acompaña.
Entonces ve a lo lejos una luz sobre las montañas y, frente a ella, un camino de tierra en mitad de la ciudad.
Cuando Dabeliú despertó, en su cama de esquinas doradas y almohadas de satén, dejó de tener miedo.



jueves, 15 de septiembre de 2011

Han pasado tres años desde que esto comenzó. Ahora empezamos el cuarto. Recuerdo que el primer viaje fue nuevo y sorprendente, que pasé miedo al principio y me fui enfrentando a los pequeños retos del día a día. He conocido personas, he creado fuertes lazos. Mientras escribo, en mi ordenador se puede oír una canción de Mohammed Salem, un cantante que jamás habría conocido de no haber sido por estar aquí. Pensaba que la medicina era una ciencia maravillosa por su capacidad para resolver las dudas que me componen, por su entrega a los demás, por ser una profesión diferente. Lo que desconocía era que iba a llenarme tanto de la esencia humana.
He madurado, lo siento de verdad. Me miro a mí misma y no encuentro los temblores del pasado. Piso con fuerza y no tiemblo, aunque sigo derrumbándome cuando alguien me da en el tendón de Aquiles.
Veo el mundo desde los ojos de alguien que comprende algo más de la vida o por lo menos cree hacerlo.
He tocado la muerte ajena con los dedos y la moral humana con las palmas de las manos y todavía descubro que me quedan muchas baldosas del camino amarillo.
Ya no lloro ante la mentira, pero si sufro cuando se acerca. Hay cosas que no podré cambiar, no puedo llegar a sentirme indestructible, pero tampoco quiero serlo.
Me gustaría mostrar la seguridad en mis ojos y la comprensión en mis gestos. Me encantaría poder ayudar con la voz.
Que en mi presencia no hubiese silencios incómodos para nadie y que mis futuros pacientes vean en mí mucho más que una bata adornada con el fonendo que primero fue de mi padre.
Siento que hoy debo agradecer mucho. A todos. A mi familia y amigos, a Jesús y a mis compañeros, porque sin ellos no habría aprendido nada. También doy gracias a todos los que me pusieron contra la pared alguna vez, u hoy en día todavía siguen buscándome las cosquillas de alguna manera, porque me empujaron a crecer.

Avanzamos y disfruto viéndolo, aunque a veces desearía que los días tuvieran más horas para poder atraparlo todo. Pido perdón si alguien ha sentido que durante el viaje le fallé o no le presté suficiente atención.

No existe la buena suerte, sí las decisiones correctas. Queda mucho camino y espero que sea siempre con vosotros.

Y, por si creíais que os había olvidado, no puedo irme sin lanzar un abrazo al cielo para el impresor, su mujer y su hija mayor. Vosotros me disteis las alas que aún hoy no me han cortado.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cambio

Todo cambia, lo he dicho muchas veces y es cierto, siempre es cierto. Me gustan los cambios porque son los encargados de señalar las épocas de mi vida de una forma diferente a la de los meses y años. Una vez tuve 15, pero recuerdo mejor el móvil que me regalaron en Navidad y la primera vez que le vi a él y a sus ojos verdes transparentes. Otra vez tuve 8 y me quedo con mis bailes por el salón con una gorra en la cabeza y los discos de vinilo de papá. También tuve 12 y el miedo a dejar de ser una niña. Y tuve 18 y llegó el terror a confirmar que sí, que definitivamente ya no era una niña.
Los cambios me recuerdan que estoy viva, que he superado los peores momentos y los mejores. Que empiezan otros.
Y que sólo tengo una oportunidad para vivir esto, equivocándome, acertando, aprendiendo y enseñando.
Y saberlo hace que cada día tenga ganas de seguir, sólo porque no sé que cambio me espera.


domingo, 28 de agosto de 2011

Brincar

A Maloa no le gustan las personas interesadas. Dice que su "yo" es demasiado pesado y les cuesta actuar sin dejar de pensar en ellos primero. Lo cargan en su espalda, es una losa de piedra.
Los no interesados tienen un "yo" más pequeño que cabe en cualquier parte, puedes sostenerlo en la mano. El tamaño perfecto, como los libros de bolsillo.
Las personas interesadas escriben tu dirección en un papel y luego se lo comen; después pasan meses y meses sin necesidad de verte, como mucho se asomarán a tu ventana para cotillear cómo te va y si requieren de algo que tú les puedes ofrecer es sencillo: vomitan el papel.
A Maloa le disgusta mucho el olor a vómito.
Por todo eso es mejor no ser interesado, pero no siempre elegimos lo mejor sino lo que es más cómodo.
Por eso Maloa sólo tiene dos pertenencias: su alma y su vida. Ysólo las comparte cuando un "yo" pequeño brinca en una mano que saluda.

lunes, 8 de agosto de 2011

Microrrelatos

Hoy una futura gran periodista me ha preguntado si quiero escribir microrrelatos para/con ella y yo he dicho rápidamente que sí, pero matizando que mi voz eternamente afónica no se atreverá a leerlos en su programa de radio matinal. Ella habrá sonreído, digo habrá porque sólo podía imaginarla al otro lado del teléfono, y después ha dicho: no hay problema, yo los leeré.
Entonces me han temblado las manos al colgar, he tosido el miedo de la garganta, acompañando al resfriado agostino de cada año y he pensado que no sé si lo haré bien o mal.
Ha sido en ese momento cuando ha venido a mi mente, como si lo estuviera viviendo de nuevo, aquel viaje de vuelta a Madrid.
Tú conducías y yo miraba por la ventanilla. Ambos recordábamos lo fantásticos que habían sido esos días en el mar.
Sólo habían pasado horas desde que me levanté de la silla y entregué el último examen del curso, por eso todavía los nervios y la presión de tantos meses no me habían abandonado.
Volvíamos después de llenarnos por dentro y por fuera. Después de tu mano en mi frente y tus pies marcando el camino, dejando las huellas en la arena dónde yo pisaría.
Después de tu risa y tu palabra. Y tantos ratos de ser aún más transparentes entre nosotros.
Volvíamos y yo sintonicé la radio en busca de algún programa, de alguna canción.
Entonces Javier Gallego habló, desde el programa Carne Cruda de radio 3 y tras escucharle me acariciaste la pierna, sin despegar los ojos de la carretera y sin hablar me dijiste, de nuevo "te quiero".
He recordado lo que nos contó, he recordado cómo olía el coche y cuánto me ardían las piernas quemadas por el sol. He vuelto a recordar cómo me dijiste en aquél viaje que yo era capaz de todo, que no dejase que nada pudiese conmigo ni con mis sueños.
Por eso hoy, pensando en los microrrelatos, en mi catarro y mis miedos, he vuelto a encontrarte a ti.
Te quiero Jesús.




La lectura a cuatro manos (Javier Gallego)

http://blog.rtve.es/carnecruda/2011/06/la-lectura-a-cuatro-manos.html

...Como cualquier placer, no descubres lo que te gusta leer hasta que lo compartes, hasta que le lees a otro o dejas que te lea. Ahí descubres además que esa forma de lectura tiene enormes ventajas sobre todo si se practica con la persona cuya presencia te es indispensable. Descubres que puedes tocar al mismo tiempo el papel y la piel de otro, pasar páginas y tu mano por la suya, escuchar y que te escuchen y algunas proezas que desafían la lógica como leer sin abrir los ojos, sostener un libro sin tocarlo, pasar las páginas con la mente o terminarte un libro sin haberlo empezado tú. Como veis es mucho más sorprendente y animado leer un libro a cuatro manos que hacerlo sólo con las dos tuyas. Y une con tanta fuerza como las páginas están unidas entre sí al lomo del libro. Cuando alguien comparte generosamente contigo un rincón tan privado y hace el esfuerzo de leerte y de escucharte a partes iguales, ambos lectores y oyentes quedáis en deuda consentida y deseada el uno con el otro. Por eso no entiendo por qué no lo hacemos más....