jueves, 29 de mayo de 2008

Manos y plumas

Apoya su mano en el respaldo de la silla y alza la mirada para ver el sol. Hoy Baroja decide que no quiere más panes, no quiere más medicinas, que no quiere curar con alimento ni con alcohol, hoy guarda en su hatillo un pedazo de queso, una rebanada de pan y un pequeño reloj. Veamos que tal se nos da esto de ser escritor, piensa, y mientras sale por la puerta dice adiós con la mano a las palomas. Mientras, Ortega está sentado en el bordillo de esa misma acera por la que Pío se aleja, y dibuja en un papel un círculo y después lo colorea con pintura roja. Los niños le dicen ¿Qué haces?, pero él piensa que jamás lo entenderían, aún así responde es la vida, tu vida, la existencia, saber que existes niño, pero ellos no le escuchan y continúan jugando.
Y esos niños que se llaman Francisco y Julio corretean empujándose y uno dice ¿ por qué hablas raro? y el otro responde yo no hablo raro, ¡pero si hablamos igual! y Francisco se sienta en el suelo y toma aire ¡mira ahí viene uno que habla igual que tú!, y Julio sonríe cuando desde la rotonda ve llegar en bicicleta a Mario.
Umbral y Cortázar...¿no deberían estar estudiando?
Los libros no son para estudiar ¡son para leer! y Francisco se aleja corriendo por donde hace escasos minutos desapareció Baroja.
¿Y tú, Vargas? ¿No tienes nada que hacer?, pregunta Julio mientras traza con un pedazo de carbón una línea en el suelo.
Muchas cosas, pero hoy he decidido ser sólo un espectador más de este mundo.
Julio se ríe, ¿quién te crees que eres? ¿Ferlosio?
Pero Ferlosio no está en la ciudad, se fue a navegar en el barco de su amigo Juan Ramón. Y allí están, buscando aquel mundo, aquella isla, aquel lugar del que Gabriel les habló una vez y les juró que existía.
Rafael, ¿sabes que nunca antes había visto el mar?
¿De verdad? Pues disfrútalo.
Sí, pero ¿tú crees que encontraremos Macondo?
Si Gabriel lo pudo encontrar, nosotros también.
Y más tranquilo Juan Ramón firma un poema dedicado a su amigo Platero, un poema que, en su memoria, luego lanzará al mar.
Mientras, en la ciudad va atardeciendo y en un tanatorio los amigos del difunto se van, dejando a una mujer sola sentada con su marido, el cual , aun estando muerto, desea que ella se vaya de una vez y le deje descansar en paz. Mientras ella habla en alto y rememora su vida, dos mujeres entran en la sala diciéndola que se calle, que es una atrasada, que es una reaccionaria, una desfasada. La viuda ofendida las echa entre gritos, no sin antes preguntarles sus nombres, y Rosa Chacel y Carmen Laforet se marchan con la amargura de que todavía existan mujeres que apoyen el machismo.
En un rincón de la sala Delibes escucha lo que ocurre y le pide un poco de tinta a Blas de Otero, el cual con gusto se la presta y sólo le pide a cambio la paz y la palabra.
En una plaza cercana, mientras desaparece en el horizonte el sol, dos hombres se sientan en un banco de madera. Uno añora el mar y el otro las manos de su amada. Alberti y Aleixandre contemplan el cielo cubierto de nubes y reflexionan: algún día las palabras salvarán el mundo.
Sí, o quizás sean más inteligentes que nosotros y huyan a la luna.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Marioneta de trapo de Gabriel García Márquez


Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundo de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás se duermen, escucharía mientras los demás hablan ¡y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!…
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
¡Dios mío, si yo tuviera un corazón!… Escribiría mi odio sobre el hielo y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos…
Dios mío si yo tuviera un trozo de vida…
No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.
A los hombres, les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres…
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho a mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo…

domingo, 25 de mayo de 2008

Change the world / Cambia el mundo


Cuando el granizo deje de repicar sobre el cristal, pensaré en mis futuros hijos.

Recordaré cada vez que no luché, que me rendí.

Comprenderé que es de cobardes proclamar nuestros problemas para dar pena,

para conseguir nuestra paz, entenderé que la justicia germina allí donde hay suficiente luz y respeto y llueven grandes cantidades de agua y libertad.

Me arrepentiré de haberme arrepentido alguna vez y lloraré por haber perdido los papeles, dejando que se quemasen en el fuego del odio y de la rabia.

Sólo entonces apretaré mis puños, no para crear violencia sino para elevarlos muy alto mientras grito por aquellos que no tienen voz.

Y nunca me elevaré para mirar a nadie desde lo alto, sino para conseguir la manzana madura del árbol y ofrecérsela al pequeño que no tiene nada que comer.

No desplegaré mis alas para alzar el vuelo y huir de este mundo, planearé sobre el cielo renovando el oxígeno y trayendo nuevas nubes que revivan nuestros pantanos.

Encenderé una cerilla y con ella os enseñaré a valorar la energía, para que no desperdicies ni una gota de luz ni de calor en vuestras casas.

Cambiaré todas las armas del mundo por plantas de todas las especies, para que los niños aprendan a cultivarlas, a diferenciarlas y apreciarlas, sin tener en cuenta sus colores o formas, encontrando la misma belleza a una rosa que a una ortiga.

Les hablaré del amor, de la amistad, del dolor y de la muerte, pero lo haré despacio, tardaré en hacerlo unos 100 años, el tiempo suficiente para que ellos mismos puedan ir educando a sus hijos, mientras todavía continúan aprendiendo.

Les contaré que el hombre y la mujer se diferencian en las palabras que los designan, sólo en eso, y les diré que este mundo no sería el mismo si faltase una sola persona, para que aprendan a valorar a todos por igual.

Les ayudaré a darse cuenta de que las religiones son creencias personales que no deben controlar a las personas, que no deben afirmarse como leyes morales ni extenderse por el mundo como únicas, simplemente deben defenderse con el corazón, pero en el ámbito de tu propio cuerpo, nunca más allá.

Les diré que sonrían, que la vida es demasiado corta para vivirla en la amargura.

Después, me callaré y observaré como viven y crecen, como luchan y reflexionan, como aman la vida y se aman entre ellos.

Sólo entonces me daré cuenta de que el mundo si podía cambiarse, de que la solución estaba en mí, en mis hijos y que debe mantenerse siempre en cada generación.

sábado, 24 de mayo de 2008

Mañana

Se terminó. Se acabaron los exámenes, pero pronto llegará selectividad. Aún así se respira tranquilidad en las aulas, la satisfacción de sabernos casi pre - universitarios y el convencimiento de que debemos sentirnos orgullosos por nuestro trabajo y constancia. Llegados a este punto, vemos deseosos el día en que llegue oficialmente verano, pero olvidamos que también tendremos que separarnos de una manera diferente: nos veremos, sí, pero no a diario, no semanalmente, no podremos hablar todos los días o simplemente las relaciones no serán iguales.
Quizás ahora entenderemos a Peter Pan y a sus niños perdidos, porque no sabemos que nos depara el futuro y nos asalta la duda de si sabremos elegir bien a la hora de decidir qué carrera escoger y en qué lugar...
Hoy no toca escribir un poema, aunque mi corazón esté lleno de emociones bellas.
Tampoco toca escribir un texto, aunque sean cientos los temas que me gustaría abordar, para denunciar situaciones reales desde mis relatos inventados, pero no, hoy no toca hacerlo.
Hoy sólo me siento ante mi portátil como una mujer que no sabe nada del futuro, que siente un poco de miedo, un poco de tristeza por lo que se queda atrás, un poco de nostalgia por aquellos que no están aquí para compartir con ella su alegría, un poco de todo, en fin, soy un poco de todo.

Hoy me toca reflexionar sobre mi mísma, y mañana volveré a mojar la pluma.

sábado, 17 de mayo de 2008

Amigos

- Prométeme que no hay que cruzar ningún puente de esos de carretera, ¡promételo!
- Lo prometo.
- Enserio, que tengo vértigo y no me gusta ver pasar los coches por debajo.
- De verdad, lo prometo.

Y arranca el autobús, ese cacharro viejo y destartalado en cuya pared izquierda al fondo puede leerse "Aquí estuvo Elena, si quieren contactar conmigo háganlo mediante vía ouija al 691443659".
Nos miramos y nos partimos de risa. Un grupo de amigos que saben lo que les espera en su destino.
Allí se ve el casino de Aranjuez.
- Un día vamos que quiero verlo.
- Dicen que está ambientado como si fuera un globo aerostático.
- ¿Y eso?
- Se supone que fue aquí donde voló el primer globo, eso dicen.
- ¿En Aranjuez?
- Sí.
- Que fuerte...
Y a medida que avanzamos por la carretera vemos como se alza a lo lejos un puente.
- No...., Laura me dijiste que no había que cruzar un puente.
- Ya, pero si no te miento te habrías negado a venir, venga que no pasa nada tú dame la mano.
Y subimos por el puente, ellos van delante, yo me quedo rezagada.
Y aquí me quedo, en lo alto, en mitad de una estructura que tiembla cada vez que pasa un camión por debajo, sobre una carretera que comunica Madrid con Aranjuez, mientras cientos de automóviles pasan rápidamente bajo mis pies y en mi estómago siento un gusanillo que me dice "Como te caigas...".
- Vamos que todavía nos queda una caminata.
Y seguimos andando.
- Nunca había venido aquí.
- Pues es un sitio muy normal.
- Anda Laura, que esto es Seseña no Segovia o Valencia.
- Bueno y qué, me hace ilusión.
- Durante la guerra civil española todo esto fue destruido, porque era la puerta que comunicaba Toledo y Madrid. Luego Franco lo reconstruyó todo, eso dicen.
- Sí, es que aquí cayeron muchísimas bombas.
- ¡Cuidado con los coches!
- Es allí.

Antes de llegar me quedo parada en la esquina y Miguel me mira y susurra:

"Esto será otra entradita para el blog"
Sonreímos, por eso, porque estamos todos más relajados, porque nos espera una cena entre amigos, película y juegos de mesa, porque necesitábamos esto, porque sí.

Dos amigos llegan en coche. Es un descapotable negro. A la hora de ir a buscar la cena, nos peleamos por montar.
Miguel y yo ganamos, como siempre.
Y cruzamos la carretera sintiendo el viento en la cara y, por primera vez, al pasar por debajo del puente, escuchamos el sonido que retumba en las paredes, ése que nunca oyes cuando vas en un coche normal.
Levantamos los brazos, qué sensación de libertad.
Nos miramos, sonreímos, parece una película.
Nos volvemos pijos asquerosos que no saben hablar, nos convertimos en raperos millonarios con las capuchas puestas, nos morimos de risa, se escucha el aire y este día se graba en mi memoria.
Sí, otra entradita para el blog.

viernes, 16 de mayo de 2008

Libros, libros, hojas.

Vámonos. Huyamos. Escapémonos. Marchémonos.
Deja el móvil sobre la cama, el ordenador apagado, desactiva el buzón de voz.
Ahora coge mi mano y deja que te lleve a ese lugar dónde se respira paz, silencio, murmullo armonioso y desconocido, donde huele a viejo, a cultura, donde el saber se acumula en las paredes.
¿Quieres saber a dónde te llevo?
La librería del centro comercial, un jueves a las 15:30 de la tarde.
No hay nadie, tú, yo y ellos, los libros.
Mis ojos se deslizan por miles de títulos, viejos, nuevos, feos, aburridos, originales.
Y mis dedos tocan lomos pulcros, sintéticos, aterciopelados, gruesos, finos.
Cuando tenga miedo, llévame allí, recuérdalo.
Porque sólo allí mi mundo se reduce a páginas.
Porque en mi soledad estarás tú y de fondo millones de escritores.
Sólo allí podré recordar cual era la belleza de este mundo.
Si algún día me pongo enferma, sólo me curaré allí.
Si muero, revíveme allí.
Si vivo, mátame alejándome de ellos.
Libros, libros, libros, libros.
Que sensación más placentera me sacude cuando camino entre vosotros, mientras desde vuestro púlpito me observáis altaneros, pues a cada paso que doy rompo la armonía que estáis creando, magia.
Gracias.
Porque mientras exista un libro en este mundo habrá razones para seguir creyendo en el ser humano.

martes, 13 de mayo de 2008

10 mayo

De noche.
Ha llovido, pero el agua ya no cae.
Está en los charcos, en las suelas, en las plantas y en el aire y del aire se impregna en mi cabello y estropea mi peinado. Pero no importa, realmente hoy no me importa y no sé porqué.
Llego a la esquina, no hay nadie más allí, sólo yo y un pequeño gato marrón, pero se va corriendo al verme. Entonces tengo frío, necesito un abrigo gigante de esos que podrían usarse como edredón, pero sólo llevo puesta una camiseta de tirantes y por encima una chaqueta de algodón.
Apareces...y deja de hacer frío, y no me pitan los oídos, no hay coches, no llueve, no hay agua en el aire, contigo...
Llegas, poniéndote a duras penas la chaqueta, creías que no haría tanto frío, igual que yo.
¿Dónde vamos? ¿Dónde quieres ir?
Adonde tú quieras, sonreímos y la conversación se queda ahí.
Se calla el mundo para que me mires de reojo y susurres ¡venga di!
Y no te respondo, realmente no sé dónde quiero ir, ni siquiera sé que hago un sábado a las 10 de la noche aquí, pero no hablo, realmente no hablo porque quiero que el tiempo se detenga aquí.
Tarde...ya es un recuerdo, la esquina, tú poniéndote el abrigo y yo...
Caminamos por la acera sin rumbo, me preguntas te pregunto, me cuentas, escucho, te cuento, escuchas, silencio, ¿en qué piensas? Risas.
Eres la primera persona que conozco que tiene atracción por los charcos, ¡no te rías de mí! no lo hago...
Ven, súbete aquí.
Y desde lo alto el mundo parece más pequeño, menos importante, más gris.
Me acompañas a casa, un abrazo un beso un abrazo un beso un abrazo un beso...éste más largo.
Te sonrojas en la oscuridad.
"Pensaba tenerte cerca todos los días"
¿Me dejas?
Sí.
Y florecen las flores más pequeñas del jardín, esas que nadie había dejado crecer antes.

domingo, 11 de mayo de 2008

FELIZ


Mi casa está justo arriba de tus pestañas,

mi calle va toda recta hacia tu cintura,

tus ojos son los culpables de mi locura,

mi corazón se acelera cuando te marchas.


Tu voz suena con las cuerdas de mi guitarra,

y canta, por si me olvido esta melodía,

pensaba tenerte cerca todos los días

y hacer que desaparezcan las despedidas.


Muy poco puedes hablar

y tanto quieres decir,

no te dejan expresar todo lo que yo valgo para ti.

Hoy te puedes conformar

con un beso y nada más.


Ahora que pasa el tiempo y tú vas creciendo,

despacio, sin preocuparte por el futuro,

estoy aquí para siempre te lo aseguro,

y no pienses que en el sol siempre está lloviendo.


Muy poco puedes hablar
y tanto quieres decir,
no te dejan expresar todo lo que yo valgo para ti.
Hoy te puedes conformar
con un beso y nada más.


Yo tanto que puedo hablar,

muy poco puedo decir,

aparco toda mi rabia sólo para verte sonreír.

Yo me puedo conformar con un beso y nada más.

Despistaos - Un beso y nada más

lunes, 5 de mayo de 2008

Cerrado por estrés. Abrimos el 19 de mayo. Perdonen las molestias.


Queridas palabras, se acerca la gran batalla y mis tardes son efímeras.

Debo dejaros...para más tarde, no quiero arriesgarme a escribir sandeces que nacen del estrés y las ganas de huir. Me pican las alas, será porque el aire huele a verano.

Me duelen las manos, de tanto escribir.

Queridas palabras, no temáis, os dejo a buen recaudo escondidas en tarros de miel.

Mientras, mi cabeza se vaciará por un tiempo de pompas de jabón, de aviones de papel, purpurina, mariposas, fragancia de espuma, olor a té caliente, de poemas e historias, de gente...

Para llenarse de saberes rancios y muertos, que tras el tiempo serán conocidos cómo números, notas que pondrán nombre y título a mi futuro.

Tranquilas, pensad en campos abiertos, esos que están de camino y nos esperarán sentados en la sombra.

Hasta dentro de mucho o poco tiempo.
Quiero volver y ver que esa mirada espectante de saberes sigue brillando, escondiendo más abajo un corazón que no deja de latir.

P.D: Regresaré en dos semanas...hasta entonces, no pierdan su belleza queridas mías.
Firmado, La nieta del impresor.

domingo, 4 de mayo de 2008

A mi madre

Duerme 5 horas y media, a veces 6. Se levanta la primera y construye el mundo para nosotros cada mañana. Trabaja aquí y allí y en todos lados.
Se va y cuando regresa parece que nunca se fue porque supo dejarlo todo perfecto.
Se va y si tarda un poco más en volver ninguno sabe atarse solo los cordones.
Es cuentacuentos, enfermera, cómplice, amiga, modista, jefa, superheroína, cocinera y chófer.
Es reina de su casa y del mundo.
Es valiente y cuando llora el mundo se para a observarla, porque tiene que estar sufriendo mucho para hacerlo.
Es capaz de todo por luchar contra la injusticia. No le importa lo duro y empinado que sea el camino, si es necesario subirlo lo hará descalza.
Es ella, sin añadir más palabras, porque sólo con sus ojos ensombrece el firmamento más bello.
Sin ella nada tendría sentido y hoy y mañana y siempre le agradeceremos que esté a nuestro lado.
Para esa mujer. Para mi madre.
Te quiero.

sábado, 3 de mayo de 2008

A filosofar...


Quisiera parar el tiempo o poder alargarlo, de tal forma que en un sólo día me diese tiempo a hacer todo lo que nunca hago. Despertarme sin mirar el reloj sólo por un día y saber que antes de que llegue mañana habrán pasado 50 años.

La vida me asusta y me sorprende tanto...

Mirándome al espejo me pregunto quién soy realmente y qué estoy haciendo aquí. A veces pienso que no sirve de nada defender un ideal porque el ser humano es puramente egoísta respecto a sus opiniones y nos engañamos pensando que debatimos cuando sólo buscamos agotar al contrario.

Nos gusta tanto hablar de los demás, de sus vidas y sus problemas que acabamos olvidando los valores más importantes en los que se basa la amistad. Cuando contar un secreto se convierte en algo normal, ya no eres consciente de que realmente estás dándole una puñalada a alguien, o simplemente decir sí y por detrás decir no. Eso es falsedad y nadie puede contradecirlo.

¿Qué son entonces los valores? ¿Palabras abstractas que cambian el grado de importancia según las circustancias?

Perdonar una infidelidad tras otra, ¿qué entiendes tú por amor?

Aguantar a una persona que se ríe de ti pero sale de fiesta contigo, ¿qué entiendes tú por amistad?

A veces quitamos tanta importancia a nuestras acciones que olvidamos la gravedad que tienen y cuando caemos de nuevo en el error olvidamos el sentimiento de culpabilidad, sí, es algo normal reírse de los demás: de esa chica porque está gorda, de ese hombre porque tiene el pelo revuelto, de ese joven porque "tiene pluma", de aquella mujer a la que se le acaban de caer las bolsas de la compra...

¿Dónde hemos dejado nuestra esencia como personas? Qué triste, quizás nunca tuvimos esencia o quizás esa esencia nunca fue buena.

Como decía Kant, no hay que relacionar bien con felicidad, lo único bueno de este mundo es la buena voluntad (entendida como cumplimiento del deber), pero no deber puramente legislativo o puramente moral, simplemente el deber de actuar en concordancia con el bien, el cual no supone alcanzar la felicidad.

En esta sociedad hay personas incultas que no hacen daño a nadie, sólo a si mismos; personas inteligentes que consiguen tener éxito, pero pierden puntos en sus relaciones sociales; gente culta que no entiende nada de la vida, o aquellos que se hacen llamar "cultos" pero llevan sus saberes en un saco de libros al hombro en vez de recogerlos en su cabeza.

Jamás podremos hacer una ciencia que conozca todo sobre el ser humano, pero no por ello perderemos la esperanza de seguir preguntándonos quiénes somos y qué hacemos aquí.

¿Un mundo feliz? Un mundo utópico, quizás si se extinguiera la humanidad Gaia sí sería feliz.


Consejo del día: Empieza mayo, ¿por qué no ser durante 31 días un filósofo más de este planeta?

Es muy sencillo, sólo tienes que cuestionar todo y empezar a preguntarte.

viernes, 2 de mayo de 2008

Adiós, Abril


Adiós Abril.

El tiempo ha pasado tan rápido que no tuve tiempo, nada de tiempo para saborearte.

Perdóname.

Te vas con tus 30 secretos, para no volver hasta dentro de mucho tiempo y yo he de seguir dejándote atrás, he de convencerme de que te vas, y sin pausa debo caminar hacia delante.

¡Que bello estabas Abril! Y nunca te lo dije. Adornado con flores, lluvias y sol, arcoiris en tus manos y aire frío revolviendo tu camisa. ¿Volverás?

No te sentí, no te observé, no vi tus cambios de capullos a flores, ni las chaquetas por brazos descubiertos, ni tan siquiera reparé en los helados, las terrazas y las tardes de calor.

Adiós, Abril.

Pero, ¿dónde vas?

¿Dónde te esconderás? ¿Cuál es ese lugar tan remoto y escondido que nadie ha podido encontrar jamás?

Son 18 las veces que nos hemos encontrado, y esta última no te besé, ni te abracé, no te hice el amor, no te hice caso. ¿Será porque a medida que envejezco me olvido de ti?

¡Ay! ¡No me hagas caso Abril! ¡Con lo que yo te quiero!

Me quedo con los rastrojos que dejas, en las flores, en los rayos de sol y los pedazos de algodón o nubes cubriendo el cielo.

Adiós Abril...hasta el año que viene.

miércoles, 30 de abril de 2008

Monólogo de una mujer feliz.

Sociedad, no me impongas estar delgada para ser bella, porque a mí no me importa que mis piernas no puedan entrar en una talla 36, los números nunca me han importado, no me obligues a quererme menos sólo porque mis brazos sean tan redondos que mi mano no pueda rodearlos, sólo quiero sentirme bien cuando me llevo la cuchara a la boca, y no creer que con cada bocado estoy asesinando a alguien. No me llames gorda como si fuera un insulto, aunque sea verdad, porque sí, lo estoy ¿y qué? y qué si yo soy feliz, ¿acaso puedes medir la felicidad?
Sé que no cumplo el 90 - 60 - 90, más bien lo excedo de tal forma que mis medidas podrían ser las de 2 mujeres y media con ese prototipo, pero a mí no me importa.
No estoy delgada, pero tengo dos ojos grandes y preciosos, y dicen que mi sonrisa es tan blanca como la luna, y que cuando me río contagio hasta al más triste.
Nunca podré vestir una S, ni una M, alomejor una L, pero cuando llego cada día a la universidad, y entro en el aula de Anatomía, sé que el día de mañana cuando trabaje como cirujana nadie valorará mi competencia por la cantidad de grasa que hay en mi cuerpo, sino por los años de estudio y trabajo que llevaré a mi espalda.
Sé que los hombres no me miran cuando paso por la calle, ni piensan que soy un cuerpo 10, pero cuando hablo en público, todos callan, porque a la hora de debatir cualquier tema o explicar mi postura ante un suceso soy capaz de dejar boquiabiertos a todos.
No necesito que me griten guapa, o que me conozcan por el tamaño de mis pechos o por cómo bailo en el pub más famoso de la ciudad, soy cómo soy y me quiero y no necesito que nadie me lo diga porque me basto yo sola para amarme.
¿Tengo cartucheras? Sí. ¿Y tripa y michelines? Los que tú quieras, cariño. ¿Tengo los brazos morcillones y las piernas rechonchas? También. ¿Y celulitis? Por todas partes.
Me gusto tal y como soy.
Me gusta quedarme desnuda frente al espejo y admirar cada pedazo de mi cuerpo, porque es bello, es natural y perfecto, con sus curvas y redondeces maravillosas.
Estoy gorda, sí, y soy feliz.
Soy una mujer, una mujer que se quiere, una mujer que se ve guapa por su físico y por su inteligencia, por su capacidad para trabajar, por su don de gentes, porque se enamora y es capaz de enamorar, porque encandila, juega, y es encadilada, porque llora cuando es importante y cuando no lo es, porque viste tallas XX....y no le importa, porque cuando camina alza su barbilla y viste faldas cortas por encima de la rodilla.
Porque me gusta ponerme tacones, para que suenen mis pasos.
Estoy gorda, ¿y qué? Y qué si soy feliz así.

domingo, 27 de abril de 2008

A mi corazón.

Desperté, y una brisa suave de verano se colaba por las rendijas de la persiana.
Abrí del todo las puertas del balcón y dejé que la luz y el aire fresco me empaparan lentamente.
"Hoy hace un día de hierba y helado", y sonreí.
He olvidado cuantos meses hace ya que mi corazón entró en un estado de somnolencia absoluta, cuando sin quererlo se rompió en pedacitos. Con el tiempo, me dijeron que se iría reestableciendo él solo, que yo no debía intervenir para nada más que cuidarlo y mimarlo en su tratamiento.
Aún así, herido y a punto de desfallecer, quería latir, quería conocer, pero me era imposible dejarlo libre, tenía pánico a que lo rompieran del todo y que me fuera imposible recomponerlo.
Cada día que pasaba le veía ahí, en una cajita, aburrido y enfadado, entreteniéndose soplando las pelusas que sobrevolaban la caja. A veces me miraba de reojo, con rencor, exigiéndome que le dejase volverse a enamorar.
Con el tiempo vi cómo era cierto que se curaba; las heridas se iban cicatrizando y recuperó el color rojo intenso e incluso, cuando se cercioraba de que yo no lo estaba observando, se incorporaba en su cajita y sonreía.
Los médicos me dijeron que podía sacarle a pasear por las tardes, con tranquilidad, y siempre protegiéndole porque todavía no estaba totalmente sano.
Y lo sacaba a pasear en su cajita. Y él, radiante, se asomaba desde el borde y miraba a su alrededor, maravillado porque había echado mucho de menos al mundo.
En muchas de esas salidas tuvo que enfrentarse a sus mayores miedos. Vio de nuevo a quién le había herido, y aterrorizado se escondió en un rincón de la caja, temblando, y rogándome que nos fuesémos a casa. Les pregunté a los médicos qué debía hacer, que eso era un síntoma de que no estaba curado, pero me respondieron que era normal y que ya no debía protegerlo.
El tiempo...el tiempo pasó, pasó lento y a veces demasiado rápido, incluso llegué a olvidar cómo se encontraba mi corazón, ni siquiera le preguntaba cómo iba recuperándose.
Entonces llegó la etapa de frenesí. Se sentía vivo y curado, ya no tenía miedos, y quería amar y amar y amar. Me convencía para conocer gente, se fijaba en cientos de personas, pero yo no estaba segura y le pedí que se tranquilizara, que debía dejar que todo transcurriera solo, y aunque molesto, me hizo caso.
Esta mañana, cuando desperté y abrí el balcón y pensé que hacía un día de hierba y helado, me asomé a su cajita, colocada en un estante del armario.
Ahí estaba él, dormido todavía, acurrucado y sosteniendo entre sus manitas rojas un pequeño hilo de mi pijama.
- Buenos días - susurré.
Abrió los ojitos, me miró y sonrió.
- ¿Cómo estás? - pregunté.
Y él estiró sus manitas y aplaudió.
- ¡Bien! Hoy te invito a un helado, ¿quieres?
Y continuó aplaudiendo.
Fue entonces cuando, tras mirar su ficha médica, me di cuenta de que ya había pasado mucho tiempo desde que lo hirieron, y ahí estaba, como nuevo, aplaudiendo en su cajita y ansioso por volver a mi pecho, lo echaba de menos.
- Creo que ya es hora de que vuelvas a casa - murmuré.
Y el sonrió.
Lo saqué con cuidado de la cajita y lo metí en su hueco, entre pulmón y pulmón.
- ¿Cómo te sientes? - pregunté en voz alta.
Y comenzó a latir eufórico.
Estaba curado.

Hoy te lo dedico a ti, corazón, porque me das la vida y cuando te hieren me la quitan.
Sin ti no soy nada, corazón.

sábado, 26 de abril de 2008

Caridad

- Mira a que fecha estamos y todavía no me ha pagado el alquiler.
- Bueno, pues baja a pedírselo.
- Estoy harto, de verdad, harto y encima necesitaré una mascarilla para entrar, ya lo verás, que asco.
- Anda, anda, venga date prisa que tenemos que ir a casa de tu madre.

Mariano coge con desgana las facturas de la comunidad y sale de su casa, un 2ºB de la calle Alcanfor, para ir al 1ºB donde vive la señora Caridad.
Sólo el hecho de bajar las escaleras ya le produce malestar, prefiere el ascensor porque se encuentra separado de las viviendas y suele ser su medio de transporte para salir del edificio, pero para visitar a su vecina sabe que sólo puede llegar por ahí.

Llega al último escalón y un olor hediondo se introduce por sus fosas nasales.
Llama a la puerta.
Nadie responde. Llama de nuevo.
Alguien despotrica unos insultos en el interior que Mariano no logra entender bien.
Llama de nuevo. Abre una mujer.

- Señora Caridad, buenos días. Vengo a cobrarle las facturas de la comunidad, ya sabe, estos dichosos papelillos - dice Mariano con media sonrisa en la boca y un deje de hilaridad.
- Déjenme en paz, ¡fuera!, ¡cerdos!, ¡fuera!, ¡no tengo dinero y no tengo nada! ¡fuera ya maldita víbora! - grita la pobre mujer escondida tras la puerta.

Mariano, entre el susto y el hedor, sale disparado escaleras arriba.
La puerta se cierra.

Caridad está agitada. Su cabello entrecano cae por sus hombros, amarillento y cubierto de una sustancia irreconocible que podría ser desde orín hasta restos de comida.

Lleva puesto un vestido negro raído y deshilachado, con la falda cubierta de lamparones y manchas de todo tipo. Sus manos están sucias, sus uñas largas y ennegrecidas, los pocos dientes que aún le quedan dibujan una franja marrón cuando abre la boca.

Su higiene personal brilla por su ausencia.

Refunfuñando palabras ininteligibles camina por el pasillo, aplastando a su paso una alfombra de periódicos que alcanzan toda la estancia y seguramente cubran todo el suelo de la casa.
En los rincones hay cajas llenas de botes de pintura seca y de bombillas, algunas rotas y otras en buen estado. Caridad entra en su cocina.
La pila se esconde bajo una montaña de botellas de Coca - Cola vacías y sobre la pequeña encimera hay restos de jamón y vasos de leche que se ha agriado.
El suelo, lleno de periódicos, sostiene verdaderas columnas de heces de gato, mientras dos de estos animales pululan entre los pies de Caridad, suplicando por un poco de comida.

Ella al verlos se agacha como puede y los acaricia.
- Sólo vosotros me comprendéis, sólo vosotros.
Y el silencio vuelve a reinar en la casa.

Caridad se levanta y va a su dormitorio. Allí tiene metidos dos carros que cogió del supermercado, y dentro de ellos hay más cajas. En ellas reposan tablones de madera que podrían haber pertenecido alguna vez a repisas de alguna estanterías, hay también cables rotos y montones de ropa acumulada, tanto de niño, como de hombre, como de mujer, eso sí, toda ella está sucia y parece haber sido cogida de cubos de basura.

Caridad se sienta, a duras penas, en su cama. Para ello tiene que apartar a los gatos que dormitaban sobre ella y tiene que tirar al suelo las cáscaras de plátano y restos de manzana.

Después mete la mano bajo la almohada y coge cuatro sobres. Los abre uno a uno y saca de ellos billetes y billetes, pudiendo llegar a reunir, sin exagerar, más de un millón de euros en cuestión de unos minutos. Después, haciendo un gesto de repulsión, vuelve a esconderlos bajo la almohada, y coge un pedazo de manzana oxidado para llevárselo a la boca.
El timbre suena de nuevo. Caridad se pone nerviosa y comienza a gritar. Corre de un lado a otro de su casa, hasta que, con tan mala suerte, no ve un montón de ladrillos que hay junto a la puerta del salón, unos que "tomó prestados" de una obra, y tropieza con ellos, cayendo al suelo y golpeándose la cadera.
Caridad queda tendida ahí, con los gatos pululando sobre ella suplicándole más comida, mientras el timbre no deja de sonar repetidamente.
Mariano y los dos policías esperan impacientes en la puerta.

- Antes ha hecho lo mismo, ha tardado mucho en abrirme, es que esta mujer...
- No se preocupe, si no abre tomaremos las medidas oportunas.
Tres días después consiguen una orden y abren la puerta del 1ºB.
Al entrar, los dos policías, la asistente social y Mariano se dan de bruces con dos gatos muertos.
El olor nausebundo, mezcla de orín y comida en descomposición, cubre toda la estancia.
Las cuatro personas entran en la vivienda entre el desconcierto y el miedo.
Cuando llegan al salón, descubren el cuerpo sin vida de Caridad.
Uno de los policías dice - Madre mía, pobre mujer.
El otro añade - cuánta mierda hay aquí dentro, por dios, no se puede vivir.
Mariano, aterrado, comenta - Si es que esta mujer estaba loca, ¡cómo podía vivir así!
La asistente social responde - No estaba loca, estaba sola.

El primer policía saca su teléfono móvil y marca un número
- Gerardo, ¿me escuchas?, venid a la calle Alcanfor número 13, sí, hemos encontrado un cadáver, es una anciana, sí, y avisad a los bomberos hay mucha mierda aquí, sí, sí...ya, sí, yo pienso lo mismo, tenía el Síndrome de Diógenes.

Mariano mira al otro policía y pregunta - ¿Síndrome de qué?
Y los gatos ya no pululan sobre Caridad.
Ella está ahí, con su pelo sucio, sus dientes marrones y su corazón diminuto, muerto y arrugado por la tristeza de tantos y tantos años sin compañía.


miércoles, 23 de abril de 2008

A sus pies (III)


¿Y si Dios fuera una mujer? - Juan Gelman

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer,
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.
Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
Mario Benedetti

martes, 22 de abril de 2008

Mayo

Léeme el pensamiento.

¿En qué pienso?

No lo sabes...pues en ti.

¿No me crees? Y te ríes, ¡yo no me río!, y volvemos a empezar desde el principio.

Si te lo pidiese, ¿me traerías una nube?

¿Cómo que para qué quiero una nube? No sé, parece amorosa, ¡no hay un para qué!

No te rías...

Y ahora, ¿en que pienso?

¡Fallaste! No pensaba en ti. ¡Tampoco en nubes!. Ahora estaba pensando en lo sucias que tengo las zapatillas, ¿has visto?, casi no puedo ver los globitos dibujados en la tela.

Vuelves a reírte...no, no pares, me gusta cómo te ríes. A veces achinas los ojos tanto que no puedo distinguirlos, pequeñitos...¡pequeñitos cómo tú!

No te enfades...ven, déjame abrazarte.

¿Qué es esto? ¡Oh, es una flor! ¿Para mí? ¡Gracias!

¿Me queda bien? Me estás ensuciando el pelo...

¿Qué dices? ¿Tienes frío? Ven, toma tu chaqueta, y acurrúcate en mi regazo.

¿Mejor? Estás tiritando, ven, ven que te mime pequeño, deja que mamá te quite el frío.

Si, ríe...me gusta verte reír.

¿Ves el cielo? ¿lo ves? Undía será tuyo, te lo prometo.

-Mamá.
- ¿Sí?
- Te quiero.


viernes, 18 de abril de 2008

Juventud

Sentados en un banco, con mis piernas encima de ti.
Tu mirada está cansada, a mi me duelen los brazos, pero nadie nos quita esa tarde de viernes para no decirnos nada y contarnos todo lo acaecido durante la semana.
Cosquillas...
A veces el mundo se limita a dos ojos reflejándose entre sí.
Caminamos en silencio, y hablamos de temas sin sentido, cosas que no le importarían a nadie, pero a nosotros sí; y ríes, muy alto y muy fuerte, y tu mirada brilla, tu pelo brilla, brillas, y esa esfera dorada en la que te conviertes me coge a caballo y me lleva al fin del mundo con ella.
Corremos...nos perdemos...a veces nos miramos sin hablar, con la ropa manchada de hierba y de tierra, intentando adivinar qué estará pensando cada uno, aunque realmente sepamos que nuestras cabezas han dejado a un lado los números, los libros y los horarios.
Cuando estamos juntos sólo pienso en ti, y cuando no, también.
Hablamos, hablamos, hablamos, hablamos, ¿y los besos?
Eso después...porque si algo me gusta de tus labios es verlos moverse mientras susurras, o verlos silbar.
Y si algo me gusta de tus brazos es verlos danzar mientras me cuentas alguna batalla, o que me estrujes para darme un abrazo.
Y si algo me gusta de tus mejillas es sentirlas cerca de las mías, piel con piel.
Cuando anochece, nos escondemos de la luz, y me recuerdas la manera tan curiosa en la que nos conocimos. Entonces me río, me acurruco, y te pido que no te vayas nunca.
Y tú murmuras "nunca me iré".

jueves, 17 de abril de 2008

Amistad, sangre e ideal

Es verano y dan las 12 en el reloj del pueblo. Germán está de pie, en mitad de la carretera que cruza la plaza por la parte que está al lado del río. Le tiemblan las piernas y las gotas de sudor impregnan su cuello y sus mejillas. Le duelen los brazos, le pesa el corazón, y tiene miedo, mucho miedo.
En el mismo lugar, justo donde él se encuentra, está un joven igual que él, se llama Guillermo.
Ambos tienen el cabello corto y algo de perilla, tienen ojos oscuros y miden 1,75 metros.
Los dos son delgados, no tienen más de 17 años, los dos se encuentran en el mismo lugar, orientados hacia la pequeña abertura que comunica la plazoleta con la calle principal.
Ninguno de los dos ha besado nunca a una chica, y ambos piensan que, cuando lo hagan, será una sensación maravillosa.
Germán se gira nervioso para observarlo todo y tropieza con una piedra que hay sobre la tierra que está pisando.
Guillermo se gira también, pero no tropieza con nada. El suelo que él pisa está asfaltado.
Podría decirse que, al mirarles, estamos observando a la misma persona, pero no es cierto.

De repente, a las 12:05, Guillermo escucha un sonido sobrecogedor sobre su cabeza. Mira hacia el cielo y ve pasar un avión blanco. Piensa: "Que envidia, seguro que ese trasto va a alguna isla y yo aquí, en pleno verano y asándome de calor en esta mierda de pueblo"
De repente, a las 12:05, Germán escucha un sonido sobrecogedor sobre su cabeza. Mira hacia el cielo y ve pasar un avión gris. Piensa: "Ya están aquí"

Podría decirse que, al mirarles, estamos observando a la misma persona, pero no es cierto.
Guillermo es un estudiante de bachillerato que el año que viene, en mayo de 2009, cumplirá 18 años.
Germán es un chico de pueblo que trabaja con su padre en el campo, y, el año que viene, en mayo de 1938, no sabe si seguirá con vida.
El mismo lugar, pero en diferente tiempo.
Dos jóvenes que no saben nada de la vida todavía, con sus miedos y sus sueños, sus líos y sus emociones. Dos corazones inmaduros: uno que se lamenta por no tener batería en su móvil para hablar con sus amigos, el otro, que no sabe lo que es un móvil, sólo lamenta no tener ningún arma mejor que el viejo fusil de su padre.
Los dos se sientan en el suelo. Germán se muere de sed. Guillermo de aburrimiento.
Pasan unos minutos.
Por la entrada de la plaza aparece una silueta. Son las 12:10.
Germán logra distinguir que la figura andante es en realidad un joven que lleva en su cabeza una boina, pero no puede ver bien su color.
Guillermo logra distinguir que la figura andante es en realidad una mujer que lleva en su cabeza un pañuelo, pero no puede ver bien su color.
El hombre se acerca y le sonríe.
La mujer se acerca y le sonríe.

Germán le mira y dice: "Cerezos, maldito cerdo traidor, cerdo asesino."
Guillermo dice: ¡Hola abuela!
El joven responde : No sabes nada, no sabes nada estúpido.
La mujer responde sonriendo: ¿Quieres venir a casa a merendar helado?
Germán grita: ¡viva la República! ¡viva mi padre! ¡por la libertad!
Guillermo grita: ¡siiiiii!
Un puñetazo golpea la cara de Germán.
Un mano acaricia la mejilla de Guillermo.
El joven recarga su fusil, suenan 4 disparos secos, y luego silencio.
Germán se desploma contra el suelo.
Guillermo se levanta y coge a su abuela de la mano.
- Sabes hijo, justo ahí, donde estabas sentado, mataron a un hermano mío.
- ¿Qué dices abuela? ¿Cuando?
- En la guerra hijo.
- ¿Quién lo mato?
- Un joven del pueblo, era amigo de mi padre pero le engaño, bueno nos engañó a todos. Primero mató a mi padre y luego a mi hermano.
- Jobar abuela.., qué horror.
- Si hijo si. Yo tenía 12 años.
- ¿Y cómo pasó todo?
- Es una historia muy larga, no hubo buenos en ningún lado, pero bien es cierto que si hubo más malos en un bando que en el otro.
- Cuéntamelo.
- Pues fue un día de verano. Mi hermano, tu bisabuelo, vio como dos hombres, uno mayor y otro un muchacho joven, mataban a mi padre porque éste se negaba a delatar a unos amigos nuestros que eran miembros de un partido que ellos consideraban prohibido creo, ay "mijo", hay cosas que no recuerdo bien.
- ¿Vio cómo mataban a su propio padre?
- Sí, y vino a casa y se lo dijo a mi madre y sin avisar cogió el fusil que mi padre tenía escondido y salió a la calle. Recuerdo que corrí detrás de él para pararle, pero me empujaba y me decía "vete" "vete", y yo lloraba mucho porque no quería que le hicieran daño.
- Pero se fue.
- Si, y antes de irse se agachó y me besó en la frente, me dijo que era la niña más guapa de todas y que le recordase siempre, siempre...
Guillermo espera unos minutos pues su abuela se ha quedado callada y tiene los ojos llenos de lágrimas. Tras 6 minutos de silencio, le habla.
-¿Abuela? ¿Estás bien?
- Perdona hijo, me he quedado ausente.
- Si quieres hablamos de otra cosa.
- No mi vida, estoy bien, me emociona mucho recordarle, sólo es eso. Sé que mi hermano mató a uno de los hombres que había asesinado a mi padre y luego fue él el asesinado, ahí donde estabas tú, y sé que murió venerando a su República, a nuestro padre y a la libertad. Tardé muchos años en comprender por qué estaba pasando aquello en España, y cuando por fin lo entendí, supe que debía estar orgullosa de lo que ellos, mi padre, mi hermano y miles de hombres hicieron.
- Eres la hermana y la hija de dos héroes.
- Y tú eres mi nieto, así que lo llevas en la sangre.
- Abuela, ¿cómo se llamaba tu hermano?
- Germán, y era exacto a ti, a veces cuando te miro puedo verlo a él.
- Fue muy valiente.
- Lo fue.
- Yo no lo hubiese sido, seguro, que miedo.
- "Mijo"...nadie sabe que haría si se encontrase en mitad de una guerra. Podrías pensar que morirías por un ideal y luego realmente te echarías atrás, podrías decir que serías cobarde, y resulta que luego estarías en la primera fila luchando. No lo sabes, lo que si es cierto es que si hubieses visto morir a tu padre a manos de otros, habrías movido cielo y tierra por vengarle.
- Pero eso no está bien abuela...matar...
- Claro que no hijo, pero aquella época era diferente, eran otros tiempos, gracias a dios.
- ¿Por qué no ponemos un ramo o algo en la plaza? ¿Le importará a alguien?
- Sería perfecto hijo, así sabría que los recordamos a ambos, podemos comprar las flores en aquella floristería.
- Y las pondríamos junto a ese ramo que todas las semanas deja esa vecina tuya, ¿cómo se llama? ¿la señora José?
- Si.
- ¿Por quién las pone ella?
- Por un hermano suyo que murió también.
- ¿A él que le pasó?
- Es una larga historia- dice cogiéndole de la mano- mató a un joven, y luego un vecino lo mató a él.
- La guerra era horrible...
- Si hijo si.
- ¿Le importará a la señora José que pongamos el ramo con ella?
- No hijo, es muy buena mujer.
- ¿Germán y su hermano se conocían?
- Mi hermano y ese muchacho, Luis, eran dos mejores amigos.
De repente la señora José aparece por la calle, sosteniéndose en su viejo bastón. Al ver a Guillermo y a su abuela, baja la mirada y susurra un débil hola, apresurándose a caminar más rápido sin pararse a hablar.
- Hasta luego señora José - dice Guillermo.
- Que tenga usted un buen día doña Cerezos - dice la abuela de Guillermo.

Durante unos segundos las dos ancianas se miraron, con los ojos llorosos, una aferrada a su bastón, la otra a la mano de su nieto. Ambas sentían la vejez y el cansancio, pero sus corazones habían vivido muchísimos años llenos de dolor. Durante unos segundos cada una pensó en su hermano, pensó en la guerra, pensó en aquellos tiempos horribles que gracias a dios quedaban hoy tan lejos, pero que jamás conseguirían, ni permitirían que nadie lo consiguiera, olvidar.

martes, 15 de abril de 2008

Maravillas


La belleza del mundo reside en los entes puros y libres de toda inteligencia, porque sólo ellos basan su existencia en sobrevivir sin llegar nunca a dañar a otro ser vivo por envidia u odio.
La inocencia de su mirada desvela el verdadero motivo por el que surgió este planeta, para ellos.
El ser humano cree ser el centro de todo, y argumenta esta vanidad en su capacidad para reflexionar y controlar todo lo que le rodea, se autoafirma cuando proclama que es la cúspide de la pirámide animal.
Qué equivocado estás, hombre, cuando piensas así.
Si nos parásemos a observarlos, a ellos, a cada animal, nos soprenderíamos al ver la maravillosa realidad que se esconde ante nuestros ojos.
Si consiguiésemos dejar de verlos con codicia y transformar cada miembro suyo en dinero, aprenderíamos a valorarlos como seres, como pedacitos de la palabra vida, valorar cada brizna de aire que respirasen.
Lucha por ellos, el planeta no fue hecho para ti, tú sólo eres un granito más en esta inmensa e infinita playa, aprovecha el tiempo enriqueciéndote con ellos porque un día tu ego se irá mientras te ves arrastrado por una ola llamada final.
El saber no sólo duerme en las letras, también nada en los mares, vuela en el aire, corretea por los troncos, se esconde en la hierba, teje, silva, salta, se cuelga, levita, se mimetiza, no pestañea, envenena...