domingo, 19 de abril de 2009

Pompas de abril


Llegado este momento, me confieso... chico de las cicatrices, no puedo vivir sin ti.
Hagamos una breve parada en el trayecto
sí, déjame cerciorarme de que estás aquí,
y yo te rozo los labios con los dedos.


No puedo escribir el poema más bello esta noche,
quizás porque estoy tan llena de ti
que me impides pensarte más de lo que puedo.

Será porque cada vez que intento concentrarme
me hablas,
aunque sólo sea para murmurarme"...te quiero"

Y yo pregunte ¿Qué has dicho?
sólo por oírlo de nuevo.


Miro hacia atrás y cuento los meses con los dedos...
un economista apesadumbrado augura "malos tiempos para el país"
en la radio,
y con tu rosa en la mano me confundo..
para mí está siendo un gran año...

No lo digo muy alto, no sea que se escape la musa o la suerte...
a veces para ser feliz sólo hay que buscar en los ojos de la gente
y yo en tu mirada verde me he atrincherado.

domingo, 12 de abril de 2009

Justicia

Las pezuñas golpean contra el suelo de la puerta principal. Como si de animales se tratara, se chocan entre ellos, hembras y machos, no obstante no pierden en ningún momento las alhajas, ellas y los puros, aquellos. Desde lejos sólo se distingue una nube de cornamentas grises.Suben por las escaleras que llevan a los diferentes palcos. El gran semental llega puntual, seguido de su séquito de burros y vacas. Ellos lo adulan rebuznando, ellas abrillantan sus ubres para conquistarlo. Él, sin embargo, hace caso omiso al coro de pedantería y posa sus cuartos traseros sobre el asiento acolchado. Está impaciente.
La masa de bóvidos se implanta en sus localidades y espera la gran actuación.
Pasados unos minutos, se anuncia el nombre del hombre: "Antón" y se le describe:
"Antón de Ubrique,
peso: 76 kg.
edad: 38 años."

La multitud brama histérica cuando las puertas se abren y el ser humano entra corriendo desnudo en la plaza.
Sobre sus mejillas caen rodando dos lágrimas y, clavando sus rodillas en la arena, mira suplicante a las reses, esperando un ápice de clemencia.
La respuesta es inminente, todos patalean sobre las tarimas sedientos de sangre.
Cuando el ruido llega a ser ensordecedor y el siglo XXI se traslada a tiempos del Coliseo Romano, se abren otras puertas y aparece el maestro,
el toro.

La plaza se inunda de resoplidos malolientes, de gruñidos salvajes, las bestias se encienden al ver al gran tauro.
Éste se regodea. Observa a la presa. El hombre se hace un ovillo intentando camuflarse con el acre de la arena.

Se extiende una ola de mugidos, como carcajadas malvadas que se mofan ante el bípedo desprotegido.
La bestia negra da una vuelta. Otra. Y se detiene en el extremo puesto, de frente al humano.
Éste no se mueve, el miedo le paraliza.
Las gradas se llenan de ira, de ojos inyectados en sangre, de sed de violencia, de brutalidad.
El gran tauro lo sabe, por eso saborea el momento.
Agacha su cuello. El ruido aumenta.
Corre.
Corre.
El ruido cesa. Sólo se escucha el llanto de un hombre.

Y, de repente, silencio.


Podría decir, ahora, que el gran tauro frenó su carrera antes de embestir.
Que postró sus patas delanteras en señal de disculpa y dejó el hombre se montara en su lomo, sacándolo de la plaza y salvándole la vida.
Quizás si los seres más inteligentes de este mundo fueran los bóvidos esto sí ocurriría.
Lo que tengo claro es que si pongo ese final mi historia será feliz y no causará ninguna reflexión en el lector.
Sólo espero que si quien ha leído esto ha sentido pena por ese ser humano,
también sienta pena cuando ve al toro en la plaza.

Aunque el toro no llore.
Porque no es consciente de lo que va a pasarle.


A todos los futuros padres que quieran educar a sus hijos con valores como el respeto a los animales, la tolerancia y el amor, les recomiendo esta película (basada en el libro) "El toro Ferdinando", que tantas veces nos leyó a mi hermana y a mí mi tía Mª Ángeles y tanto me ha enseñado.

viernes, 10 de abril de 2009

100 años más

- Lo sentimos, acaba de morir.

Y en ese instante, milésimas de segundo, el tiempo se paró y nunca volvió a reanudar su viaje.
El pasillo dejó de ser blanco, dejó de estar inundado por las voces de las enfermeras, el ruido de las camillas, los televisores de algunas habitaciones, todo dejó de ser real para convertirse en un lugar extraño y lejano.

- ¿Se encuentra usted bien?

Pero él no sabía quiénes eran, qué hacían hablándole, él sólo quería llegar a la habitación 202 y verla, y prometerla que se pondría bien, y hacerla reír como siempre había hecho desde que se conocieron.

- Siéntese, le traerán agua.

Todo daba vueltas. Parpadeó y se dio cuenta de que se le había resbalado de las manos la bolsa de plástico que traía. En ella llevaba un libro recién editado con todos los poemas que ella había escrito, era su regalo para darle fuerzas.

- Por favor, no puede entrar, estamos esperando que suban para llevarla abajo y...

Pero era tarde. Sus ojitos se habían cerrado para siempre, sus párpados cayeron como un telón, como el telón de una obra que cerraba con su última función. Se había ido, se había marchado.
Nunca volvería a oírla reír. Nunca volvería a tocar su nariz. No volvería a oler ese perfume que sólo ella tenía.

- ¡Señor!

En menos de 30 segundos pasaron por su mente todos los años que habían vivido juntos, todo lo malo, todo lo bueno, y como flashes aparecían y desaparecían sus sonrisas, las canciones, aquellos abrazos tan llenos y aquellas discusionestan dolorosas que les habían hecho unirse más.
No era posible que ella se hubiese marchado y él hubiese llegado demasiado tarde para despedirse.

- ¡Pero qué hace! ¡Señor!

Entonces corrió, corrió por aquel pasillo sin mirar hacia dónde iba. La desesperación se aferraba a su corazón y le impedía parar, le obligaba a creer en lo imposible.

Al pasar por la habitación 201 vio cómo unos hombres envolvían un cuerpo.

-
Hola niño de algodón...

Y al girarse, en la habitación 202, la encontró.

Ahí estaba de pie, delgada y enferma, ojerosa y cansada, débil y temblorosa, pero con una sonrisa tan grande y tan llena, que nadie pudo hacer nada, salvo dejar lo que tenían entre sus manos y mirarla, por la luz que desprendía.

- Me dijeron que...

Y las lágrimas ahogaron las palabras.

- No llores, no llores, no pasó nada, estoy aquí y siempre lo he estado, aunque llevásemos sin hablarnos tantos años.

Y el pasillo retomó su color, los televisores se encendieron de nuevo.

Y los dos ancianos se miraron a los ojos y se abrazaron.

- Pensé que no volvería a verte nunca más.
- Te prometo que nunca me marcharé sin despedirme antes de ti.

Y aquella noche, en la planta de Oncología del hospital,
se vio bailar a dos amigos, a dos grandes amigos, una canción de merengue que decía algo cómo ".....es mi sueño hecho realidad..."

- Niño de algodón...
- Dime cabecita de ajo...
- Tú si que eres un 80%...

jueves, 9 de abril de 2009

Ernesto

Ernesto tenía un dilema.
Después de muchas noches con insomnio y continuos viajes astrales, decidió atreverse.
Se vistió, se peinó, se echó colonia, metió unas cuántas monedas en el bolsillo de su pantalón, tomó un vaso de leche y uno a uno besó a su padre, a su madre y a su hermana.
Entonces cerró la puerta de su habitación con llave y exhaló una bocanada de aire para relajarse.
Estaba asustado, quizás no debía hacerlo, su cabeza iba y venía mientras sus ojos intentaban centrarse en un punto fijo en la pared. Le temblaban las piernas y casi sin fuerzas entró en el armario.
Allí dentro se sintió seguro. El olor a madera de pino era reconfortante, le recordaba a su infancia, cuando se escondía de su hermana durante las largas tardes de verano. Allí todo era tranquilidad, podía rozar con sus dedos las camisas recién planchadas y colgadas en sus perchas, podía tumbarse y leer sus viejos cómics de Tintín con su linterna o bajar la colcha de invierno y extenderla, para echarse una siesta de mil horas.
Sí...no quería salir, quería quedarse allí.
Pero entonces se dio cuenta de que allí dentro sólo había espacio para él.
Por mucho que quitase cosas, no cabía otra persona.
Sí, allí dentro nadie podía herirle, tenía todo lo que hacía feliz sin molestar a nadie, pero su corazón tenía frío y sus ojos le dolían porque necesitaban llorar.
Supo entonces que tenía que atreverse, que por eso estaba ahí.
Se levantó, exhaló otra bocanada de aire y abrió la puerta.
Primero puso un pie fuera, sintiendo como el olor a madera se perdía por el cuarto.
Después el otro.
Y tuvo unas ganas irrefrenables de volver dentro.
Pero de repente sonó el teléfono y su madre golpeó la puerta.
- Erni, cariño, ¡es para ti!
Arrastrando los pies se acercó a su mesilla y descolgó el auricular.
- ¿Sí?
- Ernest, tío, soy yo...Iván.
- Hola...
- Quería decirte que siento...siento haberte besado, yo...supuse que...bueno, lo siento.
- No lo sientas, yo también quería besarte.
Tras responderle, inconscientemente, sonrió.
Y la puerta del armario se cerró sola.

martes, 7 de abril de 2009

Embarcamos...


Era un día de esos en los que las nubes le roban el sitio al sol y éste,
como ese niño pequeño que solloza para pedir compasión,
deja que sus rayos se cuelen entre el vapor de agua y rocen las copas de los árboles.
Era una mañana de esas que se mueve entre el frío y el calor,
entre el sofá y la cama,
un té helado en la mano izquierda y una manta sobre mis rodillas.
Y ahí,
inmersa en la lectura de ningún libro,
con la mente absorta imaginándome a mi misma sobrevolando algún acantilado,
no esperaba ningún otro acontecimiento salvo verte aparecer
por la puerta del salón.
Pero no lo hiciste.
Esperaste un despiste, un vistazo a la ventana, un parpadeo, un gesto echándome hacia atrás el pelo
y me tapaste los ojos.
No canturreaste "¿Quién soy?", porque sabemos que el tiempo apremia.
Preferiste quedarte pegado, impidiéndome ver la luz, durante mucho tiempo, para notar cómo nuestras energías fluían en ambos sentidos entre nuestros cuerpos.
Para después separarte despacio y sonreírme como sonreirás a nuestros hijos.
Esa mezcla de ternura y de cariño. De miedo y dependencia. De bienestar.
Me robaste el té helado.
Y los latidos.
Por mi parte, me quedé con todo el olor que emanó de ti tras eternos abrazos, piel sobre piel.
Mientras el sol seguía afanándose en ser el protagonista del día, causa perdida en cielos de abril,
nosotros nos dormimos,
perdimos el tiempo,
mirándonos a los ojos no supimos qué decir,
salvo "te quiero".

lunes, 6 de abril de 2009

La vida

Pensaba que las clases de Historia de la Medicina no tenían ningún fundamento más allá de los meros conocimientos que se aprenderán de memoria para un exámen y luego sólo podrán salir a luz en fiestas elegantes o reuniones aburridas, dónde alguien dirá "¡que grandes fueron los antiguos griegos!" y tú, para quedar genial, añadirás "el desarrollo de la medicina se debió a la situación geográfica, la búsqueda de nuevas tierras...bla, bla, bla..." y si surge meter por ahí que el dios de la medicina es Asclepio.
Sí, me parece importante conocer la historia de tu profesión, al fin y al cabo tú formarás parte de ella, pero cuando alguien llega y te da la clase leyendo apuntes interminables, sin mirarte a los ojos cuando habla y olvidando que mañana tendrás un exámen horripilante de bioquímica, como que las ganas de saber historia se pierden entre reacciones.

(Menudo parrafo más "friki" me ha quedado...)

Bromas aparte, quería poner en mi blog un poema bellísimo de un hombre, el profesor Esteban Pont Barceló de la Universidad Autónoma de Barcelona, el cual sufrió un Accidente Vascular Cerebral que le obligó a estar muchos años ingresado en un hospital y a perder toda su autonomía.
Este poema es una forma de agradecer a los médicos/as y enfermeros/as la ayuda que recibió de ellos mientras pasó ese periodo de enfermedad y me parece tan cercano, tan puro, tan cierto, que el día mañana lo veré colgado (si Dios quiere) en la pared de mi consulta y de mi casa.

Gracias por sus palabras señor Pont.


Dame tu mano. No quiero que tires de mí.
Pero sí sentir esas turgencias cálidas de tu palma,
y notar que todo nos importa.
Y que "imposible" es el adjetivo de los necios.
Tengo más fuerza de la que me suponen. Mejor que lo ignoren.
Pues, junto a ti, me temerían.
Y dictarían leyes para proscribirnos.
Eres manantial de poder, para ir dónde yo quiera.
Cuando juntos nos afligimos, nos duele la humanidad,
y nos crecen ansias infinitas, de solidaridades y amores
nacarados.
No importa donde estés.
Ni que te marches cuándo claman los relojes.
Estás en mí. Y sé que en ti vivo.
Por todo eso,
dame la mano, que todos lo ignoren, menos yo.
Tú, por siempre, compañero/a.


Esteban Pont Barceló; Bellaterra (Cerdanyola del Vallés) 20/05/03

viernes, 3 de abril de 2009

Sidaction

En estos tiempos de pólemica, sensacionalismo y vanalidades siempre habrá un lugar para los pensadores, los activos, los que viven con la cabeza y el corazón pensando en horizontes comunes y no meramente individuales. Por ello, hoy, después de una semana repleta de noticias que me causan "corazonitis" (inflamación del corazón) me atrevo a decir, haciendo uso de mi libertad de expresión:

Que nadie puede ponerme la etiqueta de que estoy en contra de la vida, sólo porque no acudo a una manifestación a favor de ésta (manifestación contra el aborto).
No lo comprendo...sí, la ley es imperfecta, yo tampoco estoy de acuerdo con que una niña con 16 años pueda decidir qué hacer con su futuro hijo/a sin el consejo de sus padres pero se necesita una ley regulada, una mujer tiene derecho a decidir y no por ello vamos a gritar y a decir que son asesinatos.
No es por ser repetitiva y no quiero extenderme más porque mi entrada no va dirigida en su totalidad a este tema, pero sólo resalto que ningún obispo, cura y demás personajes de ese variopinto sector tiene la más remota idea de lo que es sentir que llevas una persona en tu vientre, lo que es pensar que ese ser puede ser fruto de una violación, puede que ese ser nazca con una mutación genética tal que muera dolorosamente a las horas de nacer...
Lean libros de Embriología, les recomiendo "Embriología Clínica" de Moore, yo lo uso en la carrera y verán cómo un blastocisto no se puede llamar ser humano todavía.
(Es mi opinión, ahí lo dejo para debate)
¡Ay! Señores...queda tanto por cambiar.

En mi intento por gritar ante el mundo diré, (y perdonen que siga con mis "queridos" eclesiásticos, pero da la casualidad que mi semana de "corazonitis" ha sido causada por ellos en un 100%) que me parece indignante, bochornoso, insultante y aberrante que una persona cuyos únicos estudios son los de Teología, un francés llamado André Fort, se atreva a decir, desde su papel de obispo, que "el preservativo no es suficiente para frenar al virus del SIDA porque éste es mucho más pequeño que un espermatozoide"
¡ACABÁRAMOS!
¡Dios Mío! (Y nunca mejor dicho)
Pero, ¿hasta dónde puede llegar la ignorancia humana?
Señor André Fort, amigo mío, creo que es usted el boom del 2009. Deberían darle el Nobel porque descubrir por revelación divina que un virus es más pequeño que un espermatozoide es algo que nunca se había sabido, ¡si sigue así a lo mejor encuentra la cura contra el cáncer!
Por favor...con lo fácil que es encontrar información hoy en día, no tengo palabras para él, sólo un grito de ánimo para los grandes biólogos, bioquímicos y epidemiólogos que trabajan a diario buscando soluciones a ésta enfermedad y a otras tantas, los que nos han dado métodos de prevención que hacen que, hoy en día, nuestra esperanza de vida haya aumentado tanto.
(Pueden ver las estadísticas en la página www.ine.es)

Para terminar sólo quiero dejar este vídeo, no voy a comentarlo porque sólo viéndolo pasé de tener "corazonitis" a "una parada cardiovascular por golpeo emocional" y me gustaría que también le pasara a todo el que lo viera.

Cuenta 10 segundos.
1...2...3...4...5...6...7...8...9...10





Cada 10 segundos una persona muere de sida en el planeta.
Campaña francesa contra el HIV.
Sidaction

lunes, 30 de marzo de 2009

Oda al imprescindible

Nunca cesa. Nunca para. Nunca es jamás.
Jamás es mentira.
Es mentira, porque llegará un día en el que se pierda para siempre su tic - tac.
Tic, milésimas de segundo, tac.
No recuerdo con certeza cuándo comenzó su andadura,
es el duende sin pies ni cabeza,
ni ojos ni piel.
Encerrado a kilómetros del sol.
Aún así se quema, aún así duda.
Tiene dos pequeñas orejas.
Dos aurículas.
Para escuchar.
Tic - tac.
No sabe de qué color es el mar.
Tic - tac.
No entiende la física, ni la química, ni cómo se aprende a volar.
Pero sabe quién eres. Te conoce mejor de lo que tú hayas imaginado.
Se ha roto, se ha encendido y ha llorado.
Está dedicando su vida a mantenerte a ti.
Y late, late, late, late, late, late (...)


Hoy mientras estudiaba me he parado a pensar (cómo tantas veces) en lo maravilloso que es el organismo humano; es increíble como desde que nacemos ese pequeño corazón crece y no deja de latir, día tras día, bombeando sangre, sin tener vacaciones, sin pedir un día libre para descansar, nunca. Y aunque lo rompas, lo vendas, lo engañes o lo olvides, no se queja.
Por eso hoy va por ti, corazón.

sábado, 28 de marzo de 2009

Se acerca Abril


Días de estudio intensivo,
veo girar el tiovivo, escucho a los niños riendo, pero no puedo montar...
mientras tanto...
Sabina me acompaña cuando no toca disfrutar.
Queda poco para sacar un billete en la feria...

Joaquín Sabina - Todavía una canción de amor

No te fíes si te juro que es imposible
no dudes de mi duda y mi quizás
el amor es igual que un imperdible
perdido en la solapa del azar

La luna toma el sol de madrugada
nunca jamás quiere decir tal vez
la muerte es un amante despechada
que juega sucio y no sabe perder

Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo, noche y día
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor.

No corras si te llamo de repente
no te vayas si te grito piérdete
a menudo los labios más urgentes
no tienen prisa dos besos después.


Se aferra el corazón a lo perdido
los ojos que no ven miran mejor
cantar es disparar contra el olvido
vivir sin ti es dormir en la estación.


Miraré por la ventana cómo llueve, qué espectáculo más bello.
Mientras las gotas pegan su nariz en mi cristal, para curiosear en mi cuarto.
Me alegraré de que las tardes sean más largas ("aunque las pase debajo de un flexo" - cómo dice mi hermana).
Y esperaré mi turno para mirar hacia el sol.




Dedicado a Edu y Dani :)

sábado, 21 de marzo de 2009

En la calle de Espoz y Mina

Anais se cansó.
Se cansó tanto de esperar que desabrochó sus zapatos y los abandonó sobre la acera.
Después alcanzó como pudo la cremallera del vestido y la bajó despacio, intentando alargar su sufrimiento, hasta llegar al tope con la tela.
Con suavidad dejó que resbalara sobre su cuerpo y cayera derrotado sobre el asfalto.
Eran las 23:59.
Un minuto. Sólo 60 segundos más prolongaban aún su estúpida creencia.
Quizás él llegaría.
El bello recogido que había sido creado durante 2 horas eternas predecía asustado su terrible desenlace. Vio roto el sueño de verse despeinado por el pasar de las horas, pues Anais introdujo sus dedos entres los bucles y los rompió.
Los tirabuzones precipitaron hacia el vacío, chocando irreversiblemente con sus hombros, hiriéndola.
Y, recordando las películas de amor más tristes que había visto, se chupó las yemas y restregó la pintura de sus ojos por sus mejillas.
La bella Anais. La Venus de Madrid. La mujer más linda de la calle de Espoz y Mina.
A esto se le acercó el camarero de un bar.
Pensó que Anais que era la viandante más hermosa que jamás se había parado en aquella calle.
Y la vio llorar.
Sus mejillas eran maquillaje en polvo surcado por ríos de tinta negra.
¿El amante no llegó? - preguntó con un deje paternalista.
Y ella no respondió.
Bueno, mujer, si él no la corresponde ¡fuera! Muchacha, en estos tiempos...mírese al espejo, con lo guapa y formal que parece usted, fíjese en lo que le digo ¡fíjese! enamora sólo con la mirada. Así que mándelo a la mierda y váyase a buscar un hombre mejor, que la quiera y que la cuide, que la proteja y la colme de regalos y piropos. Usted se lo merece. ¿Qué me dice? - dijo de nuevo el anciano.
Claro...gracias, es usted un buen hombre - murmuró ella.
Y desnuda, comenzó a caminar despacio hacia la boca del metro.

A las 00:02 apareció un hombre en la calle de Espoz y Mina, parecía nervioso y buscaba a alguien.
El camarero creyó reconocerlo, pero se hizo el despistado, era demasiado viejo para ser el amante de aquella chica.
- Busco a una joven, ¿no la habrá visto?
- Dígame cómo es.
- No lo sé, la última vez que la vi era sólo un bebé.


Y Anais regresó a casa.
Regresó pensando que él no la quería.
Pensando que era imposible olvidarle y encontrar a otro porque sólo él podía cumplir el papel que ella pedía.


Y aquel hombre se sentó en la acera de la calle de Espoz y Mina.
Y encontró unos zapatos rojos, supo de quién serían.
Y la imaginó descalza alejándose para siempre.
No podía creer que había estado a punto de conocerla.
No quería asumir que había vuelto a perder a su hija.

jueves, 19 de marzo de 2009

Eres tú

No diré nada sobre tus ojos, aunque se congele el tiempo cuando
sin quererlo
coincidimos en el aire...
y mis pupilas se quedan atontadas sólo por el hecho de encontrarse
con las tuyas.

No hablaré de tus manos,
ni de tu pelo bajo mi respiración,
ni de tu sonrisa cerrada cuando te hago reír,
ni de tu cuello, tu gesto o tu olor.

No hablaré hoy de ti, porque ya te digo demasiado.
Prefiero pensarte, seguir pensándote a diario, seguir escribiéndolo en este rincón,
seguir diciéndotelo con palabras, pero sin sonidos,
sin darles matiz y color con mi voz.

No diré que lo daría todo por ti.
Que dejaría de escribir por ti.
Que escribo por ti.

No escupiré cursiladas que sólo sirven para esconder malestares y rencores.
Y engaños.
No aparentaré querernos a diario.
Prefiero intentarlo, aunque nadie lo haya conseguido aún.

Prefiero esperarte en esa esquina, imaginando que es el primer día que quedamos.
O creer que mañana a lo mejor no te podré ver.
Prefiero sentir que es un primer beso, cuando ya es la infinita vez más 5 que nos besamos.
Y qué me pregunten qué somos.

Y aunque lo sepa...
no responder.

Me gusta proponerme no pensar ni hablar de ti.
Y antes de terminar de hacerlo haberlo incumplido.

lunes, 16 de marzo de 2009

"Circustancias secundarias de los efectos de la vida"

A Edu le daba miedo la oscuridad.
No, no, miedo sólo no. Le aterraba la oscuridad. Le horrorizaba la oscuridad.
Era su mayor enemigo. Su límite.
Por el día era una persona más, con sus calcetines de ejecutivo, sus ensaladas César, sus paseos en bici y los cafés de los viernes a las 6 en Las Carretas con Elena.
Pero por las noches...
Las noches eran una pesadilla.
Por eso su factura de la luz era la más cara de todos los habitantes de la ciudad.
Más cara que los bares, que las cocinas, que los hospitales y almacenes refrigerados.
Sus bombillas jamás dormían: estaba encendida la del salón, la del pasillo, la habitación y el baño, la del despacho, las dos de la mesilla de la habitación de invitados...
Y así estaba tranquilo. La luz le daba paz.

Sólo se enfrentaba a su miedo cuando Elena se quedaba pasadas las 00:00. Y asustado se hundía en su regazo, mientras ella le acariciaba con sumo cuidado el pelo, diciendo en alto: tranquilo...mi vida...estoy aquí.
Y él dormía, mientras ella insatisfecha miraba por la ventana, pensando en si su amor estaba por encima de la infelicidad.
La oscuridad era para él como tu mayor miedo para ti.
El fracaso de un sueño.
La desaparición de un ser querido.
El sonido de una explosión.
Una llamada no respondida.

Quizás así entiendas que no era sólo miedo, era mucho más.
Un día le aconsejaron que fuera al psicólogo.
Él no creía en ellos. No quiso. Siguió girando por las esquinas con una linterna a pesar de tener encendidas todas las luces.
Entonces Elena se marchó.
Le dijo que estaba cansada de no ser feliz. Que lo sentía enormemente. Añadió que, cuando cambiara, la avisase porque seguro volvería.
Y Edu no supo qué hacer, salvo llenar de velas los armarios.

Un día, mientras leía el periódico en el metro, una gitana se le acercó pidiéndole dinero y él, deprimido, decidió darle todo lo que llevaba encima: 170 euros, su reloj y su tristeza.
Ella a cambio le prometió que le concedería un deseo. Lo que quisiera.

Y aquella noche Edu no volvió a tener miedo a la oscuridad. Nunca más.


Porque Elena volvió.

domingo, 15 de marzo de 2009

Mi loco bajito (como decía Serrat)


Ojalá pudiera pintarte con las manos. Hundir mis yemas en barreños de colores y pedirte permiso para crear fantasía. Que mi índice sea azul y te indique el camino al universo. Te dirija cuando te pierdas y te avise cuando te equivoques, sin esperar que me hagas caso. Que te advierta cuando hayas errado y también te recuerde quién eres tú y lo especial que debes sentirte, único. Que mi dedo corazón sea rojo y con él pueda saber todo lo que te ocurre. Con su tacto sabré si ardes o estás frío, si tiemblas o te encoges, podré acariciarte cuando duermas y pintaré tus mejillas cuando sonrías. Mi dedo anular será naranja, para enseñarte que nada en esta vida es perfecto, que todo lo que te propongas podrá tener limitaciones, pero que si cuentas con la ayuda de más personas, de los demás dedos, tú papel en este mundo cobrará sentido. Mi dedo meñique será blanco y negro, una mezcla, para que aprendas a juzgar con la mente abierta, para que no te fijes en lo externo o en la primera impresión y siempre tengas lugar en tus conocimientos para aprender algo nuevo. Para que puedas contar con los dedos, para que veas que lo más grande empieza siendo algo muy pequeño. Mi dedo pulgar será tuyo desde que nazcas. Será del color de tu piel. Será el tronco al que te aferres cuando llegues al océano de la vida, no te sueltes. Y será el que arrastre lejos las lágrimas de tu mejilla. El que te pellizque cuando te pille haciendo travesuras. El que te felicitará cuando hagas lo correcto. Porque mis manos...las manos que querrán tocarte siempre, están llenas de pintura para crearte. Para pintarte.

Porque cuando tenga un hijo le subiré a una calabaza gigante y esperaré a que me pregunte por qué lo hago, entonces, sólo entonces, le cogeré entre mis brazos y le responderé que haría cualquier locura por vivir millones de momentos junto a él.
También le dejaré quedarse dormido encima de una tostada llena de mermelada y que se coma la tierra de los tiestos de la cocina.
Prometo pintar con él las paredes blancas del pasillo y pedirle consejo cuando no sepa qué vestido escoger para ir a cenar; también prometo escucharle cuando todavía no sepa ni siquiera hablar y dejarle jugar con todos los objetos de valor que tenga porque ninguno de ellos podrá compararse con él.
Le enseñaré a pintar con los dedos y a reír con los ojos. Y sólo encenderemos la televisión para ver juntos las películas de Disney y las de "Érase una vez la vida". Recorreremos el mundo por las noches, con una cama, una colcha de patos y un libro.
Buscaremos animales en los parques y dejaré que se pierda, para que aprenda a no soltarse nunca de mi mano.
Me mostrará que lo más complicado en la vida no es sobrevivir, sino recortar por una línea de puntos y colorear sin salirse fuera.
Le prometeré la luna y cumpliré mi promesa.

Y le agradeceré eternamente el haberme dejado pintarle con mis manos.

viernes, 13 de marzo de 2009

Días de hierba


Mi mano y la de mi amigo Enrique.
"Benetton" digo yo mientras queda inmortalizado el momento.
Y huele a verano en la universidad...huele a frutas que ya van preparando su regreso: las picotas, la sandía, los melocotones, el melón...y lo saboreo mientras todos hablan tomando el sol...y los rayos se reflejan en sus gafas, en su pelo, en las sonrisas que aún se mantienen..a pesar de los inminentes exámenes, de las sillas vacías de la biblioteca que nos reclaman, se oyen las risas en esas bocas tan jóvenes y tan maduras al mismo tiempo.
Crucigramas en equipo, ensaladilla con patatas fritas, la pequeña Mateos caminando como Mickey Mouse, 1/0 = infinito...de risas...
Y corretean las naranjas por la hierba y los apuntes vuelan por la sombra, suena a lo lejos el trinar de alguna sirena (de ambulancia) que nos recuerda porqué vinimos aquí algún día ya lejano.
Ahora sólo sabemos curar "de mentirijillas", pero ya nos creemos expertos matasanos.
Y nos encanta ser "frikis" hablando de ciencia y medicina, para luego cambiar el ligamento inguinal por el mus, el póker, unas cañas, la cachimba, siesta y competiciones de carretillas.

Huele a verano en la universidad.
Lo pienso mientras me asustan los exámenes, el futuro.
Para después girarme y ver a mis amigos corriendo, gritando, saltando, volando, abrazando, soñando, reflexionando...
Y sentirme bien, muy bien,feliz...porque sé que el día de mañana seremos lo que queremos ser.
Y mientras llega, huele a verano.

lunes, 9 de marzo de 2009

Cómo el primer día, 25 años

Se subieron en la misma parada, pero entraron por puertas distintas. Él se quedó de pie, con la mano sujetando la barra del techo, mientras ella se apoyaba contra la pared y perdía su mirada en el cristal. Cada 6 minutos se iba llenando el vagón y de repente, rodeados por unas 40 personas, se miraron. Nadie se dio cuenta, sólo ellos sintieron el escalofrío. Sabían que tenían poco tiempo. Lentamente él se fue acercando, fingiendo estar oprimido entre los pasajeros. Ella le veía avanzar y ocultaba con esmero una sonrisa de nerviosismo.
Finalmente llegó y buscó su mirada, pero parecía que esa mujer se lo pondría difícil. Así que se giró, como ofendido y ella, deslizando su mano entre bolsos y abrigos le rozó la espalda, con sus dedos.
En ese instante ambos cerraron los ojos, como hipnotizados por la misma melodía. Ella sonrió, sin que nadie la viera y él pensó que era la mujer más dulce que jamás había conocido.
Entonces, se encontraron. Se preguntaron con los ojos quiénes eran y qué hacían allí. Se resistieron a besarse apasionadamente, empujando al resto de la gente que, sin enterarse, se habían convertido en meros espectadores.
Él rozó su mejilla con sus labios. Y ella olió su cuello con su nariz.
- ¿Cómo te llamas? - preguntó murmurando.
Y de repente le sonó el móvil y respondió.

- ¿Sí? ¿Dígame? ¡Ah, hola hija, ¿que te ocurre? ¿Qué dices de qué vestido de qué lavadora? Sí, sí, sabes que yo no me entero mucho con eso, espera, pregúntaselo a tu madre, te paso con ella.
Y con un "la niña, que no sé que quiere" le entregó el telefóno a su mujer.
A esa que sonreía. A la más dulce del mundo.
- Dime...sí...está en tu armario planchado...¡es que eres un desastre! Vale, pero llámame para ir a buscarte. Yo también te quiero. ¡Adiós!

Y volvieron a mirarse. Se rieron. Se besaron olvidando dónde estaban y qué hacían. Llegó su parada y se bajaron cogidos de la mano.
- Todavía no me ha dicho cómo se llama señorita... - preguntó él.
- Parece mentira que llevemos 25 años casados y aún me sigas preguntando por mi nombre.

Y el resto de pasajeros se quedaron atónitos, preguntándose qué había pasado.
Cómo dije en un principio, ellos sólo eran espectadores.
Y él y ella sólo vivían su amor a diario.

(Dedicado a mi papá y a mi mamá y a sus bodas de plata )

sábado, 7 de marzo de 2009

Dedicado a mi compañero de aventuras

Ayer perdí mi móvil.
Supongo que cualquiera que lea esto me dirá:
"Sí, es una pena, sobre todo si era bueno o fue caro y también por los números, el dinero que cuesta hacer el duplicado y la rabia que te da siempre perder algo"

Es cierto. Más se perdió en Cuba.
Pero tengo una terrible aflicción...
No sé. Estará en algún lugar, como esperándome...lo más desesperante es que le doy llamadas perdidas y está encendido, nadie lo ha cogido...está solo en ninguna parte esperando que lo encuentre.
Y mira que lo busqué ayer y hoy volví...(acompañada por esa persona ya más que conocida en mi blog, mi querido Miguel, GRACIAS)
Es horrible saber que está, claro que está...¿pero dónde?
¿Qué le estará pasando? ¿Estará bien? ¿Cómo se encontrará físicamente? ¿Se habrá dañado? ¿Y si llueve y se moja? ¿Y si jamás lo encuentra nadie?
Me da tanta pena...y es por mi culpa.
Le imagino sentadito en algún lugar, diciendo: "encuéntrame, encuéntrame..."

(Sí, vale...desvarío ligeramente..)
Me gustaría escribir una de mis entradas...pero sinceramente Marzo no empezó con buen pie y no creo que escribiese nada bueno.
Por eso se lo dedico a mi pequeño 5310 Xpressmusic...
Te echaré de menos.

sábado, 28 de febrero de 2009

Gloria Fuertes

Ella me enseñó a ver el mundo de otra manera.
Quizás fue la primera persona que, a través de sus libros, me animó a escribir.
Nunca lo sabrá, se fue hace tiempo y nunca llegué a conocerla.
Pero siento que se marchó sabiendo quién era yo y lo que representaba ella para mí.
No olvidaré su voz ronca, tan única y reconocible entre miles.
Su pelo corto y blanco y su media sonrisa pícara.
Aún recuerdo sus versos: de elefantes, arcoiris, caramelos, colores, abecedarios y abuelos.
Y aún conservo en mi cabeza las rimas y la alegría de sus cuentos.

De ella aprendí que "Hay que encender los libros y apagar los televisores".

Si hoy tengo algo bueno en mí, lo que sea, ella tuvo algo de culpa.

Por los bordes del arcón,
donde guardo el camisón,
la carcoma va y se asoma,
¡que carcoma más carcoma!
(...)
Hace días la muy pilla,
se ha metido en la capilla,
y se está comiendo a un santo.
¡Uy qué espanto!



Son tantas las poesías...y los libros...desde sus adivinanzas a sus definiciones del Diccionario Estrafalario...
Una de las mejores poetisas de este país y del mundo entero.

Hace unos días descubrí, indagando en su biografía, que no sólo escribió para niños, también para adultos y qué sorpresa la mía cuando leyendo y releyendo me mostró una parte de ella que nunca conocí siendo niña.
Quizás es lo que siempre quiso, que siendo mayor encontrase la mitad que me faltaba de ella.

Y la encontré.

Al aire puro,
al aire puro,
no le gusta acariciar banderas.

(Gloria Fuertes)


Gracias Gloria. Fue usted mi tercera abuela.



miércoles, 25 de febrero de 2009

Cena en Madrid

Tiene hambre. El sonido de sus tripas retumba en las calles vacías. Es tarde, es lunes, no hay nadie. Sólo ella y su viejo pastor alemán, el señor Vejestorio, de un tiempo a esta parte más conocido como Cofi, en honor a aquel turista extranjero que (sería agosto o junio, no sabe) la encontró adormilada en una esquina, le entregó un vaso de papel verde y le dijo algo como " Teik dat, teik dat plis, cofi is cofi" y aunque ella no entendió ni una palabra, le agradeció el gesto y se bebió aquello que sabía igual que el café.
Sería café. Y a lo mejor fue lo primero que bebía en varios días. Así se quedó el perro con el nombre.
Tiene 36 años. ¡No miento! Es verdad. Aunque si la mirases ahora mismo de perfil creerías que tiene 56. Y si la miraras de frente te sería imposible quedarte cerca, no aguantarías el olor que desprende.
Ella lo sabe, por eso si se levanta con buen pie a lo mejor entra en algún bar que esté abriendo y se lava la cara y las manos. Después las axilas y luego se peina como puede esa maraña rubia.
Cofi la espera en la puerta, nunca se escapa. Seguramente también se sienta muy solo.

¿He dicho se levanta? No tiene porqué...muchas veces duerme de pie, o no duerme porque esa noche tiene la sensación de que está en peligro. Y escondida entre los matorrales se incorpora cada vez que escucha un chasquido, aunque sea a 200 metros.
Hace tiempo que se acostumbró a no ser un habitante de Madrid, sino una de esas personas en las que todos se fijan, pero se esfuerzan por no ver.
No quiere hacer nuevos amigos, ni siquiera le gusta charlar con el acondroplásico que vende cupones, ni con la gitana que vende medicamentos cerca del Corte Inglés, ni con los rumanos y africanos que se prostituyen en Sol por 4 duros...
Ella no es una más, no quiere pertenecer a nada sólo huir de su propia realidad.
Hoy tiene tanta hambre que por un momento se ha preguntado si sería capaz de matar por sobrevivir: la respuesta ha sido no, de momento. A lo mejor Cofi sí lo haría, pero no se lo ha preguntado. Hace mucho tiempo que desistió en enseñarle a hablar, es demasiado viejo ya.
Mientras camina arrastrando unas deportivas "del año la polca", recuerda aquellos zapatos de tacón que se compró para su graduación en el instituto. Eran morados, con tacón medio alto. Iba guapísima. Recuerda también la ilusión que le hizo ver allí a su abuela, la pobre mujer tan mayor y tan decidida a no perderse un día muy importante.
Ojalá hubiese vivido más días importantes, ojalá alguien se hubiese preocupado por animarla a seguir estudiando o trabajando...simplemente alguien que la reprendiera por llegar tarde a casa, por irse con malas compañías...alguien.
Alguien que nunca tuvo.
Sola, siempre sola. De casa de acogida en casa de acogida.
Y para ella aquel 23 de marzo no fue histórico por poder enseñar un DNI en una discoteca proclamando "Soy mayor ya", sino la seña del camino que le decía "eres adulta, se acabó tu esperanza".
Y no hubo alguien que le dijese no te vayas. Y se fue. Y se perdió por las calles creyendo ser una Madonna joven, pero no lo fue, no tuvo esa suerte. No sabía cantar.
Que injusta era la vida. Unos tanto, otros nada.
Odia a esos jóvenes del metro que cada sábado se emborrachan sin límite ni control.
Si ella hubiera tenido esa suerte...un hogar, unos padres que se morirían de vergüenza al ver a esos hijos "universitarios" tirados en el suelo tarareando canciones absurdas....
A lo mejor nunca habría conocido a Cofi,
ojalá nunca hubiese conocido a Cofi, piensa,
y en su lugar hubiese tenido un gatito o un periquito en una casa del centro.
Después de pensarlo se siente culpable. Ese perro es su familia. El único que no la mira como si fuera un despojo humano. Se para un momento y lo acaricia y él, puro y bello como sólo puede serlo un animal, le lame la palma de la mano.
A lo lejos divisa unos cubos de basura. Son las 00:00, ya hay mucha gente.
Está el matrimonio de ancianos que no llegan a fin de mes, la viuda delgada que nunca habla con nadie, dos niños chinos que sólo recogen fruta, los drogadictos, alguna prostituta más...Remueven las bolsas y encuentran bandejas de comida, hortalizas, pedazos de pan, algo de carne...y poco a poco llenan sus carros y sus estómagos.
Hablan de la crisis y sonríen, los que pueden. Otros escuchan mientras mordisquean y tragan en la oscuridad. Uno de los drogadictos empieza a bailar y todos aplauden, otro grita que ha salido en la tele, en Callejeros...
De repente aparecen 5 policías, gigantes. Algunos asustados salen corriendo, nadie los persigue.
Uno de ellos se tropieza, cayendo al suelo y abriéndose la cabeza. Le sale sangre. Uno de los policías se acerca y lo tranquiliza, sólo es una brecha. El hombre comienza a llorar y entre todos le dicen que no pasa nada, que se pondrá bien.
Mientras tanto los compañeros se acercan a los comensales y les avisan:
"La Comunidad de Madrid ha establecido una nueva ley...bueno, a ver, ustedes no pueden seguir abriendo las bolsas de basura y recogiendo los alimentos, desde ahora está prohibido. La multa es de 150 euros"
Maldita Esperanza, ya podría llamarse Angustias - dice un anciano que está comiendo un tomate picado pero de buen color.
Todos ríen, incluso los policías.
¿Tenemos que pagar? - pregunta una mujer que sostiene a un bebé en brazos.
- No, claro que no.

Cofi traga el último pedazo de pollo. Satisfecho se tumba sobre los pies de su dueña, para darle calor. Son las 3 de la madrugada. Sólo quedan ellos y el drogadicto bailarín que duerme en unos cartones cerca de un portal.
Ella lo acaricia de nuevo. Su pelaje está sucio, pero es suave. Lo quiere muchísimo.
Con el estómago lleno todo parece menos desesperante.
Gracias a dios hay gente buena en el mundo, piensa.
Ojalá no se cansen nunca.
Ojalá nadie olvide que estamos aquí.