domingo, 31 de mayo de 2009

Un hasta siempre

El mundo es una caja de sorpresas.
Es en este instante, mientras estudio hojas y hojas llenas de transposones, DNA cíclico, recombinaciones, usos de la ingeniera genética... cuando me quedo ausente, pensativa, porque me vuelve a asaltar la duda de si todo tiene una explicación racional.

¿Por qué lo pienso?

Esta mañana recibí una noticia muy triste, el abuelo de una amiga mía había fallecido.
Y una hora después sonaba el teléfono,
un bebé nacía en Salamanca,
muy pequeñito, sólo 2 kilogramos,
y descansaba plácidamente en la incubadora.

Y aquí sigo. Pensando en si hay alguna fuerza sobrenatural que decida esto.
Que sepa cuando una persona ha vivido el tiempo que le otorgaron y por ello deba marcharse ya,
dejándole su espacio en el mundo a otra persona que viene de camino.

Me entristece la muerte, pero el cuerpo humano es una máquina imperfecta, es sólo un átomo más en un ciclo de materia y antimateria, no somos los mejores, sólo nos dieron la capacidad de comprender esta realidad.

Por eso nos arrugamos a medida que avanzamos.
Y cuando llegamos a la cima vemos como la cuna que un día fue nuestra ahora pertenece a otro que va por detrás.

"Es ley de vida" dicen los ancianos en los entierros.
Y quizás no teman a la muerte, o por lo menos lo disimulan bien.

Quizás sea hora de asumir que no somos eternos, simplemente para empezar a vivir como si el futuro fuera ayer.

Y desde aquí le deseo un feliz viaje al abuelo de Ángela, vaya a dónde vaya, y a los suyos que se quedan aquí les digo que no se preocupen porque él siempre podrá volver (sólo se necesita creer que jamás se fue)

Gabriel García Márquez - La Marioneta (Uno de los escritos más bello que he leído en toda mi vida)

Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.

Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalo…
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida…
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.

A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

viernes, 29 de mayo de 2009

Una canción

Es fantástico ver como la percepción que tienes acerca del mundo cambia según avanzas o retrocedes.
Es bello descubrir cómo las palabras de un adulto construyen con ladrillos de curiosidad la mente de los niños.

Una vez mi padre estaba escuchando una canción en inglés y para mí carecía de interés, era pequeña.
Entonces me dijo que el grupo era uno de los más grandes de su época, aún así siguió sin llamar mi atención.
Entonces me miró a los ojos y me dijo que la canción contaba una historia, pero no tenía palabras.
Sólo hacía falta cerrar los ojos e imaginarlo todo siguiendo el ritmo de la melodía.
La siguiente vez que la oí, nada volvió a ser igual.
Y hoy en día me sigue poniendo la piel de gallina cuando suenan las trompetas.

Y aunque la mayoría de los que la oyen digan que habla de la humanidad, de como a lo largo de la historia las personas se han comportado como borregos que apoyan en masa a líderes autoritarios, de como Churchill predijo lo que ocurriría con Hitler, de voces manifestándose, de la propia historia...
cuando la oigo mi corazón le dice a mi memoria lo que mi padre me contó:

Él me dijo que la canción habla de un manicomio, lleno de locos
y que éstos no comprenden que hacen retenidos, no entienden a los cuerdos
ni a quién decide que grado de locura tienes que tener para no ser normal,
por eso están allí, tristes y vencidos.
Pero de repente, suenan sus voces en el patio
y al sonar el reloj la voz de un hombre les dice que tienen que huir de allí,
y por eso, tras oírse las trompetas,
escapan.

Y mi corazón se escapa con ellos.
Y me veo a mí misma montada en el coche imaginándolos en el motín del manicomio.
Me imagino huyendo con ellos.

Porque lo único que sé es que mi padre quiso que me gustara esa canción.
Y lo consiguió.

Fool's Overture de Supertramp

http://www.youtube.com/watch?v=TLbYL10c1zo

lunes, 25 de mayo de 2009

Vida


Él la sujeta con sus manos. No puede creerlo. Rosa es tan pequeñita que teme hacerla daño sólo con mirarla. La ve tan débil que siente miedo de lo que pueda ocurrirle, siente miedo de no estar ahí siempre para protegerla. Es entonces cuando ella respira tranquila y le sonríe, no le ve, pero le siente. Sabe que esas manos grandes que la sostienen y tiemblan, son de su papá.
Y si esas manos están cerca, todo irá bien.


Rosa marca el número de teléfono. Espera. Un primer tono, un segundo, un tercero, un cuarto, un quinto...no hay respuesta. Aún así sigue, con el rostro inexpresivo, hablándole mentalmente, gritándole que responda a la llamada. Nadie contesta. Entonces cuelga y se dirige a la cocina, coge unas llaves, sale de casa y camina durante 10 minutos.
Se detiene ante una pequeña casa de paredes rosadas.
Papá las pintó cuando ella tenía 3 años.

- Pintaré la casa rosa, como tú, así Dios sabrá dónde vives y podrá cuidarte siempre que yo no pueda- le decía Papá.
Y la niña sonreía satisfecha mientras él se subía a la escalera, como un trapecista,
y coloreaba cada recoveco de la casa.

La puerta del jardín está entreabierta, como siempre.
Las rosas ya no huelen a verano, a sus interminables veranos adolescentes y agonizan a lo lejos, reclamando un poco de atención.
Entonces entra.
No se oyen ruidos, todo parece en calma.
Rosa se adentra en la casa, su casa y va al salón.
Allí está él.
De pie, parado, como si no la hubiera oído llegar.
Con la mirada fija en el teléfono y las manos extendidas en el aire.
Mueve sus brazos, como si dirigiera una orquesta invisible, incluso puede escucharse la melodía, disonante, arítmica, cuando los arpegios se suceden sin orden.

- Papá

Al oír su voz desde el umbral, papá sonríe.
Y a Rosa se le hunde el corazón.

Entonces se detienen todos los relojes de la casa rosa y, sin prisa, padre e hija comienzan la ardua tarea de llevarle a la habitación.
Él no pierde la sonrisa.
Porque su niña de 40 años está con él.

Y ella le sujeta con sus manos. No puede creerlo. Papá está tan delicado que teme hacerle daño sólo con mirarlo. Le ve tan débil que siente miedo de lo que pueda ocurrirle, siente miedo de no estar ahí siempre para protegerle. Es entonces cuando él respira tranquilo y le sonríe, no la ve, pero la siente. Sabe que esas manos suaves que le sostienen y tiemblan, son de su hija.
Y si esas manos están cerca, todo irá bien.

domingo, 24 de mayo de 2009

Dedicado a los que siguen afirmando que el cambio climático es mentira

http://www.youtube.com/watch?v=W24yiFN_5kg

Quería subir este vídeo, pero últimamente tengo problemas con la herramienta de vídeos, por lo que dejo aquí el link para quien quiera verlo.
Simplemente es increíble.
Y la sensación que te deja al terminar de verlo, brutal.

(Gracias Eva por enviármelo)

jueves, 21 de mayo de 2009

lunes, 18 de mayo de 2009

Y, hoy, La literatura llora


Se ha ido.
Pero aquí sigue.
El tercer abuelo, el que tanto me enseñó sin conocernos...

Le despido,
desde este diminuto lugar, uniéndome a los literatos de corazón encogido
que le recuerdan con orgullo y veneración.
Le decimos adiós con las manos y las plumas.
Y con los ojos vidriosos,
porque no nacerán más flores de su tinta.
Y con el alma en pedazos,
por haber leído de sus dedos
la pureza de lo que el corazón le dice a la cabeza.
Grandísimo Benedetti.
Sólo su apellido ya es poema.
Y poemas son la sangre de sus venas.
Por eso se ha ido.
Pero aquí sigue.


Y aquí dejo uno de sus poemas, de mis favoritos, no porque sea el mejor, sino porque en estos momentos lo que usted dijo se cumplirá.

Todo verdor perecerá

Dijo la voz de la escritura
como siempre,
implacable

Pero también es cierto
que cualquier verdor nuevo
no podría existir
si no hubiera cumplido su ciclo
el verdor perecido

De ahí que nuestro verdor
esa conjunción un poco extraña
de tu primavera
y de mi otoño

seguramente repercute en otros
enseña a otros
ayuda a que otros
rescaten su verdor

Por eso
aunque las escrituras
no lo digan
todo verdor
renacerá.

Y así será, maestro.

domingo, 17 de mayo de 2009

Ríos de leche

Ríos de leche cubren el suelo.
El poeta no escribe con metáforas, no canta que nieva en mayo.
Sólo grita que hay ríos de leche en el suelo.
Leche de vaca, esa que bebes, que tomas en la taza, con café, chocolate, con vainilla, con miel...
Esa que te da sostén, la que te acompaña, la que entrega el calcio que luego usan tus neuronas para comer.
Leche, blanca, esa que probaste por primera vez de los pechos de mamá.
Y el poeta llora al verla discurrir por las aceras y calzadas, como un río que se suicida para poder ver el mar.
Y los ganaderos toman las calles, esas que sus manos no han creado, para pedirles ayuda a los que "vuelan en Metro por Madrid" y discuten en el Senado.
Y cuando éstos les dan la espalda miran al pueblo, con sus manos ásperas llenas de callos, con sus sombreros de paja y las botas cubiertas de barro, con los brazos morenos y las manos blancas,
blancas...como la leche que hoy tiran para reivindicar su causa.

Pero tú dices "Lo sé, lo siento, pero la francesa es más barata..." y si no es esa, es la portuguesa y si no...
Y él se arruina. Y yo me tomo mi café.
¿Qué podemos hacer?
¿Por qué primero lo de fuera y después lo de dentro?
¿Por qué?
¿Por qué los productos extranjeros están por encima de los nuestros? ¿Por qué?
¿Por qué es más caro lo nuestro? ¿Por qué?

Y lo mismo pasa con los rojos tomates, los nacarados huevos, las verdes lechugas...
Ayudemos al sector agrícola.
Nos necesitan.
Unámonos contra un liberalismo que absorbe al que planta la semilla y enriquece al intermediario.
No permitamos que la tradición de este país, con sus campos y animales se sienta huérfana.


Y llora el poeta. Porque le duele no encontrar respuestas.
Porque ve a los niños que mueren de hambre, los ve en la otra orilla esperando
a que esos ríos de leche lleguen para alimentarlos.
Porque es un sufrimiento ver como algo que tanta falta hace en un lado,
debe tirarse porque no se quiere,
en otro.

domingo, 10 de mayo de 2009

Mayos en mayas


- ¿Eso es El Carro?
- Sí, fijate "pam", "pam" "pam" "pam" "pam" - respondiste dibujando las líneas con tu dedo.
Y nos sentimos inmensos en un planeta diminuto.
Una noche de verano se escapó de agosto para vestir nuestros ojos,
y tú y yo nos limitamos a mirar el cielo.
Y a descalzarnos sobre la hierba mojada por la primera tormenta del año.
Primavera de colores, caminamos abrazados,
entre las sombras la vida nocturna se esconde, se recrea en lo oscuro observándonos.
Y juntos olvidamos que allí a lo lejos los jóvenes bailan y beben entre luces,
y me besas la frente, con ese gesto tan típico tuyo, sonrisa cerrada.
Suena tu móvil, pero no lo coges.
- Te dije que hoy toda mi atención es tuya.
Y no puedo aguantarlo y te abrazo.
Me entran ganas de llorar..."qué tontería", pienso.
Pero es que cada vez que nuestros corazones se acercan demasiado, siento la fuerza de los latidos y me asalta el miedo de perderte algún día.
Entonces susurras,
- Tengo mucha suerte.
Y pregunto por qué...
- No sé quién sería hoy en día si no te hubiese conocido.
Y las ganas de llorar me asaltan otra vez.
Después nos caemos ladera abajo, o nos dormimos en un banco perdido, nos peleamos con la alergia, con el sueño, y rendidos nos miramos, sonrientes.
- Te quiero mucho.
- Yo también.
Y soltamos una carcajada al unísono, nos sorprende ser tan tiernos.
Y nos olvidamos del tiempo, soñamos despiertos.


Pasa una ambulancia, nos quedamos parados.
- Cuando tú seas policía y yo médico de ambulancia nos veremos cuando haya algún accidente de tráfico.
- Y cuando te vea diré ¡Un momento por favor! Y dejaremos todo en un segundo plano, para abrazarnos.
Nos reímos, como niños. Pensamos en el futuro, como jóvenes. Nos queremos, como si llevásemos juntos toda la vida.

sábado, 9 de mayo de 2009

El Paseo de Recoletos

Era la mujer más bella del mundo.
Cuando la vi por primera vez sentí cómo se me llenaba de aire el pecho, cómo si al verla una nube de aire puro hubiese nacido entre la contaminación de Madrid y se hubiese metido en mis pulmones.
Tuve mucha suerte de estar ahí en ese momento.
Me sonrió. No sé si fue a mí o si ese gesto estaba siempre dibujado en su cara, pero pude ver una línea de luz a través de sus dientes.
Siguió caminando, sin que se diera cuenta la seguí.
Podría haberse asustado, a esas horas de la noche nadie parece de fiar, pero al verme de lejos me hizo un gesto con la mano, como despidiéndose hasta el día siguiente.
Y volví a casa totalmente enamorado de la joven que vivía en el Paseo de Recoletos.

Cómo comenzamos a intimar es una historia un tanto curiosa.
Me gustaba sentarme a observarla, a riesgo de parecer un obseso, pero pareció entender que sólo me agradaba estar cerca, incluso fue ella quién me habló por primera vez.
Su primer hola me costó una coca - cola y un bocadillo de calamares, que devoró como si llevase una semana sin comer.
El hablar de mi vida fue sencillo, soy parlanchín en paro de poca monta; el hablar de la suya me costó caro, nada de daño al bolsillo, pero sí verla llorar.
Aún con ese comienzo un tanto triste, rápidamente nos dimos cuenta de que nos queríamos.
Mi casa era el lugar idóneo para los desayunos, comidas y cenas, sin olvidar que se adueñó del baño cosa mala.
Pero por mucho que insistí desde el primer día, se negaba a quedarse a dormir.
Así al llegar las 12 la acompañaba a casa y la dejaba segura en el Paseo de Recoletos.

Nuestra historia fue la comidilla de mis amigos.
Cuando la vieron por primera vez se quedaron sorprendidos, yo pensé que era por lo guapa que era, envidia sana, pero cuando comenzaron a criticarla me rompieron el corazón.
Aprovecharon ese momento en el que ella se entretenía en mi baño, sentada sobre la taza del báter, oliendo el jabón.
Y yo ahí, hundido en el sofá, escuchando cómo rompían mis ilusiones.
Me amenazaban con romper nuestra amistad sino la dejaba, decían que me había vuelto loco, pero yo estaba más cuerdo que nadie, más cuerdo que todos ellos.
La llamaron sucia, la llamaron diferente, dijeron que yo estaba en otro nivel.
Para mí fue horrible tener que discutir con ellos,
tener que defenderla.
Tener que reconocer delante de ellos que quizás tenían razón.

Pero descubrirla llorando tras la puerta del salón fue lo peor.
Y verla salir corriendo de mi casa sin mediar palabra.
Y darme cuenta de que se había hecho añicos mi corazón.

Aquella noche cogí mi cartera, me puse ropa limpia y un saco de dormir que tenía de las excursiones al camping cuando fui universitario.
Cerré la puerta de mi casa dejando tras de mí mi vida.
Y caminé decidido hasta el Paseo de Recoletos.
Una vez allí bajé al paso de peatones subterráneo y la encontré.

Sentada, como siempre, como la primera vez, en sus dos cartones.
Con sus vaqueros sucios y su jersey rosa fucsia de algodón.
Con sus manos ennegrecidas por rebuscar en la basura y su cabello corto enmarañado.
Con su bote de cerveza y las deportivas rotas.
Con su olor a orina y las yagas en sus manos.
Y con esa sonrisa...

No supe cómo pedirla perdón sin decirla que la amaba.
Y no sé si me perdonaría o no, porque cuando me besó los labios no dejó de sonreír.

jueves, 7 de mayo de 2009

La dueña de mi pulsera

A veces me pregunto si tú lo supiste mucho antes que todos nosotros...
por eso preparaste tu despedida, disfrutando del calor de nuestras risas,
y luego esperaste, para despedirte sin que faltara nadie,
y me dejaste sujetar tu mano, tu blanca, tierna y dulce mano, unos segundos
antes de marchar.

A veces intento buscarle porqués a la vida, siempre partiendo de ese
"¿Por qué no estás?"
supongo que se me hace difícil creer en el destino, cuando desde que te fuiste
hay un asiento vacío en la palabra humanidad.

Y recuerdo nuestro viaje al país de las cabinas rojas y tiendas de té...allí donde nos dijiste con los ojos que no te quedaba tiempo suficiente, donde nos entregaste tu alma en cada sonrisa, en cada caricia y cada gota de lluvia que cayó.

Tu cabello corto, tus gafas, tu nariz respingona, tu miel en el café, tus anillos, tu mirada...
Tengo tantas cosas que contarte...y es un dulce engaño pensar que te las podré enseñar.
Pensar que me estás viendo crecer, que conoces mis triunfos y mis errores,
que he podido agradecerte que estuvieras ahí,
que te he dicho que te quiero.

Serán cientos los poemas que lleven tu nombre...
serán miles las veces que te podré pensar...
seremos tú y lo que nos dejaste...
somos infinitos recuerdos.

Aún lloro escuchando esta canción que me traslada a aquel viaje a Londres, esta letra que me cantas tú, que me invita a no rendirme.
http://www.youtube.com/watch?v=sxRblt_krPY (Alex Ubago . A gritos de esperanza)

Para ti, estés dónde estés.

domingo, 19 de abril de 2009

Pompas de abril


Llegado este momento, me confieso... chico de las cicatrices, no puedo vivir sin ti.
Hagamos una breve parada en el trayecto
sí, déjame cerciorarme de que estás aquí,
y yo te rozo los labios con los dedos.


No puedo escribir el poema más bello esta noche,
quizás porque estoy tan llena de ti
que me impides pensarte más de lo que puedo.

Será porque cada vez que intento concentrarme
me hablas,
aunque sólo sea para murmurarme"...te quiero"

Y yo pregunte ¿Qué has dicho?
sólo por oírlo de nuevo.


Miro hacia atrás y cuento los meses con los dedos...
un economista apesadumbrado augura "malos tiempos para el país"
en la radio,
y con tu rosa en la mano me confundo..
para mí está siendo un gran año...

No lo digo muy alto, no sea que se escape la musa o la suerte...
a veces para ser feliz sólo hay que buscar en los ojos de la gente
y yo en tu mirada verde me he atrincherado.

domingo, 12 de abril de 2009

Justicia

Las pezuñas golpean contra el suelo de la puerta principal. Como si de animales se tratara, se chocan entre ellos, hembras y machos, no obstante no pierden en ningún momento las alhajas, ellas y los puros, aquellos. Desde lejos sólo se distingue una nube de cornamentas grises.Suben por las escaleras que llevan a los diferentes palcos. El gran semental llega puntual, seguido de su séquito de burros y vacas. Ellos lo adulan rebuznando, ellas abrillantan sus ubres para conquistarlo. Él, sin embargo, hace caso omiso al coro de pedantería y posa sus cuartos traseros sobre el asiento acolchado. Está impaciente.
La masa de bóvidos se implanta en sus localidades y espera la gran actuación.
Pasados unos minutos, se anuncia el nombre del hombre: "Antón" y se le describe:
"Antón de Ubrique,
peso: 76 kg.
edad: 38 años."

La multitud brama histérica cuando las puertas se abren y el ser humano entra corriendo desnudo en la plaza.
Sobre sus mejillas caen rodando dos lágrimas y, clavando sus rodillas en la arena, mira suplicante a las reses, esperando un ápice de clemencia.
La respuesta es inminente, todos patalean sobre las tarimas sedientos de sangre.
Cuando el ruido llega a ser ensordecedor y el siglo XXI se traslada a tiempos del Coliseo Romano, se abren otras puertas y aparece el maestro,
el toro.

La plaza se inunda de resoplidos malolientes, de gruñidos salvajes, las bestias se encienden al ver al gran tauro.
Éste se regodea. Observa a la presa. El hombre se hace un ovillo intentando camuflarse con el acre de la arena.

Se extiende una ola de mugidos, como carcajadas malvadas que se mofan ante el bípedo desprotegido.
La bestia negra da una vuelta. Otra. Y se detiene en el extremo puesto, de frente al humano.
Éste no se mueve, el miedo le paraliza.
Las gradas se llenan de ira, de ojos inyectados en sangre, de sed de violencia, de brutalidad.
El gran tauro lo sabe, por eso saborea el momento.
Agacha su cuello. El ruido aumenta.
Corre.
Corre.
El ruido cesa. Sólo se escucha el llanto de un hombre.

Y, de repente, silencio.


Podría decir, ahora, que el gran tauro frenó su carrera antes de embestir.
Que postró sus patas delanteras en señal de disculpa y dejó el hombre se montara en su lomo, sacándolo de la plaza y salvándole la vida.
Quizás si los seres más inteligentes de este mundo fueran los bóvidos esto sí ocurriría.
Lo que tengo claro es que si pongo ese final mi historia será feliz y no causará ninguna reflexión en el lector.
Sólo espero que si quien ha leído esto ha sentido pena por ese ser humano,
también sienta pena cuando ve al toro en la plaza.

Aunque el toro no llore.
Porque no es consciente de lo que va a pasarle.


A todos los futuros padres que quieran educar a sus hijos con valores como el respeto a los animales, la tolerancia y el amor, les recomiendo esta película (basada en el libro) "El toro Ferdinando", que tantas veces nos leyó a mi hermana y a mí mi tía Mª Ángeles y tanto me ha enseñado.

viernes, 10 de abril de 2009

100 años más

- Lo sentimos, acaba de morir.

Y en ese instante, milésimas de segundo, el tiempo se paró y nunca volvió a reanudar su viaje.
El pasillo dejó de ser blanco, dejó de estar inundado por las voces de las enfermeras, el ruido de las camillas, los televisores de algunas habitaciones, todo dejó de ser real para convertirse en un lugar extraño y lejano.

- ¿Se encuentra usted bien?

Pero él no sabía quiénes eran, qué hacían hablándole, él sólo quería llegar a la habitación 202 y verla, y prometerla que se pondría bien, y hacerla reír como siempre había hecho desde que se conocieron.

- Siéntese, le traerán agua.

Todo daba vueltas. Parpadeó y se dio cuenta de que se le había resbalado de las manos la bolsa de plástico que traía. En ella llevaba un libro recién editado con todos los poemas que ella había escrito, era su regalo para darle fuerzas.

- Por favor, no puede entrar, estamos esperando que suban para llevarla abajo y...

Pero era tarde. Sus ojitos se habían cerrado para siempre, sus párpados cayeron como un telón, como el telón de una obra que cerraba con su última función. Se había ido, se había marchado.
Nunca volvería a oírla reír. Nunca volvería a tocar su nariz. No volvería a oler ese perfume que sólo ella tenía.

- ¡Señor!

En menos de 30 segundos pasaron por su mente todos los años que habían vivido juntos, todo lo malo, todo lo bueno, y como flashes aparecían y desaparecían sus sonrisas, las canciones, aquellos abrazos tan llenos y aquellas discusionestan dolorosas que les habían hecho unirse más.
No era posible que ella se hubiese marchado y él hubiese llegado demasiado tarde para despedirse.

- ¡Pero qué hace! ¡Señor!

Entonces corrió, corrió por aquel pasillo sin mirar hacia dónde iba. La desesperación se aferraba a su corazón y le impedía parar, le obligaba a creer en lo imposible.

Al pasar por la habitación 201 vio cómo unos hombres envolvían un cuerpo.

-
Hola niño de algodón...

Y al girarse, en la habitación 202, la encontró.

Ahí estaba de pie, delgada y enferma, ojerosa y cansada, débil y temblorosa, pero con una sonrisa tan grande y tan llena, que nadie pudo hacer nada, salvo dejar lo que tenían entre sus manos y mirarla, por la luz que desprendía.

- Me dijeron que...

Y las lágrimas ahogaron las palabras.

- No llores, no llores, no pasó nada, estoy aquí y siempre lo he estado, aunque llevásemos sin hablarnos tantos años.

Y el pasillo retomó su color, los televisores se encendieron de nuevo.

Y los dos ancianos se miraron a los ojos y se abrazaron.

- Pensé que no volvería a verte nunca más.
- Te prometo que nunca me marcharé sin despedirme antes de ti.

Y aquella noche, en la planta de Oncología del hospital,
se vio bailar a dos amigos, a dos grandes amigos, una canción de merengue que decía algo cómo ".....es mi sueño hecho realidad..."

- Niño de algodón...
- Dime cabecita de ajo...
- Tú si que eres un 80%...

jueves, 9 de abril de 2009

Ernesto

Ernesto tenía un dilema.
Después de muchas noches con insomnio y continuos viajes astrales, decidió atreverse.
Se vistió, se peinó, se echó colonia, metió unas cuántas monedas en el bolsillo de su pantalón, tomó un vaso de leche y uno a uno besó a su padre, a su madre y a su hermana.
Entonces cerró la puerta de su habitación con llave y exhaló una bocanada de aire para relajarse.
Estaba asustado, quizás no debía hacerlo, su cabeza iba y venía mientras sus ojos intentaban centrarse en un punto fijo en la pared. Le temblaban las piernas y casi sin fuerzas entró en el armario.
Allí dentro se sintió seguro. El olor a madera de pino era reconfortante, le recordaba a su infancia, cuando se escondía de su hermana durante las largas tardes de verano. Allí todo era tranquilidad, podía rozar con sus dedos las camisas recién planchadas y colgadas en sus perchas, podía tumbarse y leer sus viejos cómics de Tintín con su linterna o bajar la colcha de invierno y extenderla, para echarse una siesta de mil horas.
Sí...no quería salir, quería quedarse allí.
Pero entonces se dio cuenta de que allí dentro sólo había espacio para él.
Por mucho que quitase cosas, no cabía otra persona.
Sí, allí dentro nadie podía herirle, tenía todo lo que hacía feliz sin molestar a nadie, pero su corazón tenía frío y sus ojos le dolían porque necesitaban llorar.
Supo entonces que tenía que atreverse, que por eso estaba ahí.
Se levantó, exhaló otra bocanada de aire y abrió la puerta.
Primero puso un pie fuera, sintiendo como el olor a madera se perdía por el cuarto.
Después el otro.
Y tuvo unas ganas irrefrenables de volver dentro.
Pero de repente sonó el teléfono y su madre golpeó la puerta.
- Erni, cariño, ¡es para ti!
Arrastrando los pies se acercó a su mesilla y descolgó el auricular.
- ¿Sí?
- Ernest, tío, soy yo...Iván.
- Hola...
- Quería decirte que siento...siento haberte besado, yo...supuse que...bueno, lo siento.
- No lo sientas, yo también quería besarte.
Tras responderle, inconscientemente, sonrió.
Y la puerta del armario se cerró sola.

martes, 7 de abril de 2009

Embarcamos...


Era un día de esos en los que las nubes le roban el sitio al sol y éste,
como ese niño pequeño que solloza para pedir compasión,
deja que sus rayos se cuelen entre el vapor de agua y rocen las copas de los árboles.
Era una mañana de esas que se mueve entre el frío y el calor,
entre el sofá y la cama,
un té helado en la mano izquierda y una manta sobre mis rodillas.
Y ahí,
inmersa en la lectura de ningún libro,
con la mente absorta imaginándome a mi misma sobrevolando algún acantilado,
no esperaba ningún otro acontecimiento salvo verte aparecer
por la puerta del salón.
Pero no lo hiciste.
Esperaste un despiste, un vistazo a la ventana, un parpadeo, un gesto echándome hacia atrás el pelo
y me tapaste los ojos.
No canturreaste "¿Quién soy?", porque sabemos que el tiempo apremia.
Preferiste quedarte pegado, impidiéndome ver la luz, durante mucho tiempo, para notar cómo nuestras energías fluían en ambos sentidos entre nuestros cuerpos.
Para después separarte despacio y sonreírme como sonreirás a nuestros hijos.
Esa mezcla de ternura y de cariño. De miedo y dependencia. De bienestar.
Me robaste el té helado.
Y los latidos.
Por mi parte, me quedé con todo el olor que emanó de ti tras eternos abrazos, piel sobre piel.
Mientras el sol seguía afanándose en ser el protagonista del día, causa perdida en cielos de abril,
nosotros nos dormimos,
perdimos el tiempo,
mirándonos a los ojos no supimos qué decir,
salvo "te quiero".

lunes, 6 de abril de 2009

La vida

Pensaba que las clases de Historia de la Medicina no tenían ningún fundamento más allá de los meros conocimientos que se aprenderán de memoria para un exámen y luego sólo podrán salir a luz en fiestas elegantes o reuniones aburridas, dónde alguien dirá "¡que grandes fueron los antiguos griegos!" y tú, para quedar genial, añadirás "el desarrollo de la medicina se debió a la situación geográfica, la búsqueda de nuevas tierras...bla, bla, bla..." y si surge meter por ahí que el dios de la medicina es Asclepio.
Sí, me parece importante conocer la historia de tu profesión, al fin y al cabo tú formarás parte de ella, pero cuando alguien llega y te da la clase leyendo apuntes interminables, sin mirarte a los ojos cuando habla y olvidando que mañana tendrás un exámen horripilante de bioquímica, como que las ganas de saber historia se pierden entre reacciones.

(Menudo parrafo más "friki" me ha quedado...)

Bromas aparte, quería poner en mi blog un poema bellísimo de un hombre, el profesor Esteban Pont Barceló de la Universidad Autónoma de Barcelona, el cual sufrió un Accidente Vascular Cerebral que le obligó a estar muchos años ingresado en un hospital y a perder toda su autonomía.
Este poema es una forma de agradecer a los médicos/as y enfermeros/as la ayuda que recibió de ellos mientras pasó ese periodo de enfermedad y me parece tan cercano, tan puro, tan cierto, que el día mañana lo veré colgado (si Dios quiere) en la pared de mi consulta y de mi casa.

Gracias por sus palabras señor Pont.


Dame tu mano. No quiero que tires de mí.
Pero sí sentir esas turgencias cálidas de tu palma,
y notar que todo nos importa.
Y que "imposible" es el adjetivo de los necios.
Tengo más fuerza de la que me suponen. Mejor que lo ignoren.
Pues, junto a ti, me temerían.
Y dictarían leyes para proscribirnos.
Eres manantial de poder, para ir dónde yo quiera.
Cuando juntos nos afligimos, nos duele la humanidad,
y nos crecen ansias infinitas, de solidaridades y amores
nacarados.
No importa donde estés.
Ni que te marches cuándo claman los relojes.
Estás en mí. Y sé que en ti vivo.
Por todo eso,
dame la mano, que todos lo ignoren, menos yo.
Tú, por siempre, compañero/a.


Esteban Pont Barceló; Bellaterra (Cerdanyola del Vallés) 20/05/03

viernes, 3 de abril de 2009

Sidaction

En estos tiempos de pólemica, sensacionalismo y vanalidades siempre habrá un lugar para los pensadores, los activos, los que viven con la cabeza y el corazón pensando en horizontes comunes y no meramente individuales. Por ello, hoy, después de una semana repleta de noticias que me causan "corazonitis" (inflamación del corazón) me atrevo a decir, haciendo uso de mi libertad de expresión:

Que nadie puede ponerme la etiqueta de que estoy en contra de la vida, sólo porque no acudo a una manifestación a favor de ésta (manifestación contra el aborto).
No lo comprendo...sí, la ley es imperfecta, yo tampoco estoy de acuerdo con que una niña con 16 años pueda decidir qué hacer con su futuro hijo/a sin el consejo de sus padres pero se necesita una ley regulada, una mujer tiene derecho a decidir y no por ello vamos a gritar y a decir que son asesinatos.
No es por ser repetitiva y no quiero extenderme más porque mi entrada no va dirigida en su totalidad a este tema, pero sólo resalto que ningún obispo, cura y demás personajes de ese variopinto sector tiene la más remota idea de lo que es sentir que llevas una persona en tu vientre, lo que es pensar que ese ser puede ser fruto de una violación, puede que ese ser nazca con una mutación genética tal que muera dolorosamente a las horas de nacer...
Lean libros de Embriología, les recomiendo "Embriología Clínica" de Moore, yo lo uso en la carrera y verán cómo un blastocisto no se puede llamar ser humano todavía.
(Es mi opinión, ahí lo dejo para debate)
¡Ay! Señores...queda tanto por cambiar.

En mi intento por gritar ante el mundo diré, (y perdonen que siga con mis "queridos" eclesiásticos, pero da la casualidad que mi semana de "corazonitis" ha sido causada por ellos en un 100%) que me parece indignante, bochornoso, insultante y aberrante que una persona cuyos únicos estudios son los de Teología, un francés llamado André Fort, se atreva a decir, desde su papel de obispo, que "el preservativo no es suficiente para frenar al virus del SIDA porque éste es mucho más pequeño que un espermatozoide"
¡ACABÁRAMOS!
¡Dios Mío! (Y nunca mejor dicho)
Pero, ¿hasta dónde puede llegar la ignorancia humana?
Señor André Fort, amigo mío, creo que es usted el boom del 2009. Deberían darle el Nobel porque descubrir por revelación divina que un virus es más pequeño que un espermatozoide es algo que nunca se había sabido, ¡si sigue así a lo mejor encuentra la cura contra el cáncer!
Por favor...con lo fácil que es encontrar información hoy en día, no tengo palabras para él, sólo un grito de ánimo para los grandes biólogos, bioquímicos y epidemiólogos que trabajan a diario buscando soluciones a ésta enfermedad y a otras tantas, los que nos han dado métodos de prevención que hacen que, hoy en día, nuestra esperanza de vida haya aumentado tanto.
(Pueden ver las estadísticas en la página www.ine.es)

Para terminar sólo quiero dejar este vídeo, no voy a comentarlo porque sólo viéndolo pasé de tener "corazonitis" a "una parada cardiovascular por golpeo emocional" y me gustaría que también le pasara a todo el que lo viera.

Cuenta 10 segundos.
1...2...3...4...5...6...7...8...9...10





Cada 10 segundos una persona muere de sida en el planeta.
Campaña francesa contra el HIV.
Sidaction

lunes, 30 de marzo de 2009

Oda al imprescindible

Nunca cesa. Nunca para. Nunca es jamás.
Jamás es mentira.
Es mentira, porque llegará un día en el que se pierda para siempre su tic - tac.
Tic, milésimas de segundo, tac.
No recuerdo con certeza cuándo comenzó su andadura,
es el duende sin pies ni cabeza,
ni ojos ni piel.
Encerrado a kilómetros del sol.
Aún así se quema, aún así duda.
Tiene dos pequeñas orejas.
Dos aurículas.
Para escuchar.
Tic - tac.
No sabe de qué color es el mar.
Tic - tac.
No entiende la física, ni la química, ni cómo se aprende a volar.
Pero sabe quién eres. Te conoce mejor de lo que tú hayas imaginado.
Se ha roto, se ha encendido y ha llorado.
Está dedicando su vida a mantenerte a ti.
Y late, late, late, late, late, late (...)


Hoy mientras estudiaba me he parado a pensar (cómo tantas veces) en lo maravilloso que es el organismo humano; es increíble como desde que nacemos ese pequeño corazón crece y no deja de latir, día tras día, bombeando sangre, sin tener vacaciones, sin pedir un día libre para descansar, nunca. Y aunque lo rompas, lo vendas, lo engañes o lo olvides, no se queja.
Por eso hoy va por ti, corazón.

sábado, 28 de marzo de 2009

Se acerca Abril


Días de estudio intensivo,
veo girar el tiovivo, escucho a los niños riendo, pero no puedo montar...
mientras tanto...
Sabina me acompaña cuando no toca disfrutar.
Queda poco para sacar un billete en la feria...

Joaquín Sabina - Todavía una canción de amor

No te fíes si te juro que es imposible
no dudes de mi duda y mi quizás
el amor es igual que un imperdible
perdido en la solapa del azar

La luna toma el sol de madrugada
nunca jamás quiere decir tal vez
la muerte es un amante despechada
que juega sucio y no sabe perder

Estoy tratando de decirte que
me desespero de esperarte
que no salgo a buscarte porque sé
que corro el riesgo de encontrarte
que me sigo mordiendo, noche y día
las uñas del rencor
que te sigo debiendo todavía
una canción de amor.

No corras si te llamo de repente
no te vayas si te grito piérdete
a menudo los labios más urgentes
no tienen prisa dos besos después.


Se aferra el corazón a lo perdido
los ojos que no ven miran mejor
cantar es disparar contra el olvido
vivir sin ti es dormir en la estación.


Miraré por la ventana cómo llueve, qué espectáculo más bello.
Mientras las gotas pegan su nariz en mi cristal, para curiosear en mi cuarto.
Me alegraré de que las tardes sean más largas ("aunque las pase debajo de un flexo" - cómo dice mi hermana).
Y esperaré mi turno para mirar hacia el sol.




Dedicado a Edu y Dani :)