sábado, 20 de febrero de 2010
Isabel Allende - Hija de la Fortuna
El primero le sirvió para ganarse la vida,
el segundo para recordarla,
si no con precisión, al menos con poética vaguedad de astrólogo.
Lo que se olvida es como si nunca hubiera sucedido, pero sus recuerdos,
reales o ilusorios, eran muchos y fue como vivir dos veces.
Solía decirle a su fiel amigo, el sabio Tao Chi'en, que su memoria era como la barriga del buque donde se conocieron, vasta y sombría, repleta de cajas, barriles y sacos donde se acumulaban los acontecimientos de toda su existencia.
Despierta no era fácil encontrar algo en aquel grandísimo desorden, pero siempre podía hacerlo dormida, tal como le enseñó Mama Fresia en las noches dulces de su niñez, cuando los contornos de la realidad eran apenas un trazo fino de tinta pálida.
Entraba al lugar de los sueños por un camino muchas veces recorrido y regresaba con grandes precauciones para no despedazar las tenues visiones contra la áspera luz de la consciencia.
Confiaba tanto en ese recurso como otros lo hacen en los números..."
(Otro libro. De nuevo Allende. Esta vez recomendado por mi tía Man.
Sólo es el principio y ya creo estar inmersa en un sueño.)
domingo, 14 de febrero de 2010
La patita negra
Me ruge el estómago de hambre y el cansancio de la semana se acomoda en mis hombros, pero sólo puedo pensar en que tengo tiempo.
Después de unos días agotadores, pero para nada malos, pues las personas con las que comparto horas y horas son increíbles,
llega el momento de relajarse.
De coger el teléfono y llamar a mis amigos.
De vernos como si hubieramos estado juntos toda la semana.
De continuar cada tema que quedó pendiente el domingo anterior.
De escuchar sus voces y sus tonterías,
sus riñas y sobre todo la risa....
Me encanta ver a cada uno, porque es mi pequeño mundo que no se altera,
que aguanta cada cambio en nuestras vidas
y nos mantiene unidos.
Me gusta mucho, muchísimo.
Y no lo cambiaría por nada en el mundo.
Me gusta.
Porque el domingo por la tarde deja de ser odioso
y me quedo sumergida en mis divagaciones,
contando los segundos que quedan para el viernes que viene.
jueves, 4 de febrero de 2010
El payaso Pelón

Dicen que amaba a esos niños más que a nada en el mundo.
Un día, uno de los pequeños le preguntó, tocándole con su manita la cabeza, porqué él tenía tanto pelo y a ellos no les salía.
Aquella noche, mientras se miraba frente al espejo sintió cómo si su propio cuerpo le aconsejase que hiciese lo que pensaba.
Y lo hizo.
Al día siguiente todos le miraron sorprendidos.
Y al siguiente.
Todos no, miento, casi todos.
Porque los pequeños jugaron como siempre lo habían hecho, no le preguntaron nada, simplemente se sintieron más fuertes al verle.
Antes se sentaban en sus rodillas y le emarañaban las rastas que le colgaban casi por la cintura.
Ahora le tocaban sonrientes, viendo resbalar sus yemas por su piel descubierta.
Han pasado muchos años desde que supo cual era su lugar en aquel hospital.
Muchos más desde que su madre le echaba la bronca por llevar "el pelo como una mujer" y hacerse trenzas que le llegaban por los hombros.
Y, quizás no habían sido tantos años, pero ya nadie recordaba a aquel muchacho conocido como "el payaso Rastafari".
Ahora todos,
sonreían al verle aparecer en el ascensor del pasillo principal, pronuciando en voz alta:
"¡¡Niños, aquí está vuestro payaso pelón!!"
Y todos gritaban emocionados
preparando sus cabecitas para irse a el mundo de magia que sólo él les traía.
miércoles, 27 de enero de 2010
¿Qué cómo te quiero?
Con las letras árabes, con las letras ilegibles y con las que se transcriben a números.
Te quiero con la voz de la madre que cuenta el cuento en alto
y los pequeños no prestan atención a las bombas de afuera.
Te quiero, como si no pudiese aspirar a nada más en esta realidad pintada a cañonazos.
Como si fueras incierto, como si no existieras y te inventara para no sufrir.
Como si no hubiese conocido lo que es sentirse solo y temiera perderte
y descubrirlo.
No te quiero como se aman las manos del dinero
ni los besos de alquiler.
No te quiero como Julieta a Romeo ni Calixto a Melibea.
Lo hago sin saber qué es el amor,
porque no puedo compararte con nada.
Porque no busco compartirte con nadie.
Sí lo hago libre y consciente,
madura e ingenua,
equivocada o no.
Sí lo hago con cada centímetro de piel que quiso ser pluma
y con toda la locura que tú y sólo tú has despertado.
Sólo quiero leer
Cuando yo todavía no sabía andar, me hacía danzar sentada, y apenas pude sostenerme sobre las dos piernas, me invitaba a perderme en la música, como en un sueño.
"Baila, baila Zarité, porque esclavo que baila es libre...mientras baila", me decía.
Yo he bailado siempre.>
La isla bajo el mar - Isabel Allende.
(Empiezo un nuevo libro)
viernes, 22 de enero de 2010
La amistad es como un violín...
No hay gritos, ni mejillas húmedas, tampoco hay palabras hirientes.
A veces lo que denominamos "problemas entre amigos" no pueden solucionarse y no es porque sean imposibles,
sin porque no son problemas.
Es como si dos personas viajasen por un camino y decidiesen atravesar nuevas sendas.
Unos deciden viajar siempre juntos.
Algunos se alejan, pero regresan al reencuentro.
Otros se van y nunca vuelven, bien porque encuentran otros caminos
bien porque no querían seguir viajando.
Y nadie se tapa la boca para asombrarse ni se lleva las manos a la cara, mordiéndose el labio inferior, en señal de disgusto.
Simplemente las amistades van mermando y quizás sea una ley natural inevitable.
Antes lo más preciado era tener un grupo, un símbolo, una complicidad entre sus miembros, una certeza de que no estabas solo.
Ahora, con la recién llegada madurez descubres que no quieres colectivos, que no quieres manadas,
que quieres personas.
Personas, amigos, distintos.
Pero un nexo en común: tú.
Lo dije hace mucho tiempo, la palabra "amigo" es demasiado concreta para abarcar tanto.
Conocidos, colegas, compañeros, camaradas, cómplices.
No es cuestión de llamarse a diario, sino de hablar después de un tiempo y escuchar un sincero "cuéntame todo lo que te ha ocurrido, quiero saberlo, te eché de menos".
Y hablar sin pensar en ninguno momento que le aburrirás, nunca ha pasado ni pasará.
La amistad es algo muy grande y hermoso, párate a sentirla.
Piensa en aquellas personas que estuvieron, que están e imagina a las que estarán.
Piensa en lo que te da cada una.......¿lo ves? ¿lo sientes? cuánta emoción tan diferente ¿verdad?
No sé, no me entristece pensar en las personas a las que he perdido, las recuerdo con muchísimo cariño y sé que al verlas no hay rencor, pero también sé que no hay vuelta atrás, que el camino sigue y las sendas van desperdigándose.
Sólo espero que sus viajes sean maravillosos y que algún día a lo lejos nos saludemos efusivamente con la mano.
Mientras tanto, me quedo con mis amigos, con aquellos que me llaman cuando menos lo merezco y se enfadan sin temer que nos perdamos. Que recuerdan lo que es irrelevante, pero dice todo de mí.
Que emplean su tiempo en un detalle o aguantan mis peores respuestas.
Me quedo con aquellos que respondieron "voy"
cuando, al alejarme de la senda pregunte ¿vienes?.
Con esos que en sus peores días se sientan en el suelo a reflexionar
y colocan un taburete de madera a su lado, esperándome.

Gracias.
A todos y cada uno de vosotros.
martes, 19 de enero de 2010
¿A dónde?
Mientras el mundo se pregunta cómo enviar agua y medicamentos.
Ellos miran hacia el horizonte.
Mientras los bomberos se organizan para buscar en los escombros y seguir rescatando personas.
Ellos miran hacia el horizonte.
Mientras los presidentes se reúnen, los ejércitos llegan y ocupan las calles para acabar con los saqueos y paliar la violencia.
Mientras los médicos y enfermeros no dan abasto entre amputaciones, fracturas y curas.
Ellos miran hacia el horizonte.
Mientras el mundo se acongoja y cada uno dona un poquito de lo suyo, se colapsan los teléfonos de información sobre "adopciones temporales" en Europa y se siguen llenando las morgues.
Mientras todos se preguntan cómo emigrar atravesando la frontera, en barco o incluso nadando.
Mientras muchos piensan cómo se reconstruirá el país.
Ellos.
Los niños.
Ellos miran hacia el horizonte.
Preguntándose porqué se marchó sin avisar,
el futuro.
Sin ni siquiera dejar unas señas, para encontrarlo.
O quizás es que nunca hubo uno.
lunes, 18 de enero de 2010
Jesús Tirado
Sí, es algo que sé desde hace mucho tiempo y no me ha costado nada comprender porqué.
Quizás seas la decisión más clara que he tomado en mis casi 20 años,
quizás seas la palabra que más se repite en mi cabeza antes de dormir.
Eres todas mis metáforas.
No, no te prometo ser perfecta, no voy a serlo.
Tampoco puedo prometerte la armonía con la que sueñas,
ni siquiera un desayuno bien preparado.
Pero déjame intentarlo.
Cada día me encuentro en la encrucijada de soñar despierta.
Y se me acumula la madurez en la garganta, cuando imagino durante demasiado tiempo cómo seremos.
Tanto, que olvido qué soy o quién soy
y me siento en una silla a hacer la declaración de la renta, esperándote.
No, es muy pronto para un amor tan cimentado.
Pero qué le voy a hacer si esto no es algo fugaz.
Me quito la venda de los ojos y escribo dejando sobre la mesa los sentimientos,
para vernos desde fuera.
Y es así.
Es la única verdad que he conseguido demostrar,
aún me queda comprobar científicamente si el sol es más grande que mi dedo.
Eres tú.
Mi vida.
Así de sencillo se define lo que eres y lo que te rodea, sin ornamentos, sin pomposidad.
La esencia más pura de la nobleza,
la locura de tus ocurrencias,
inocencia en tu voz y timidez en tus ojos,
la fuerza de tus brazos,
la lucha en tu camino.
Eres tú.
La primera persona que se fijó en mí más allá del físico.
Que me demostró que lo único a lo que aspiraba era a cuidarme.
Eres la única persona que me deja sin palabras.
Se me olvida razonar, se me olvida mentir, se me olvida pensar.
Dicen que sí existen las medias naranjas,
yo no sé si lo somos,
con mis ojos "como dos botes de betún de a duro"
y los tuyos, que son verdes transparentes como el agua.
Pero si hay algo que sé
es que te he encontrado y no importa si no amanece mañana.
sábado, 16 de enero de 2010
Volar

Dicen que los humanos no podemos volar, qué gran mentira.
Sabemos, es la única habilidad con la que nacemos.
Por eso cuando estamos en la cuna, recién nacidos, nos movemos inquietos, nos pican las alas.
Son diminutas, tan frágiles como un copo de nieve y tan pequeñas como un grano de arena.
Y tan transparentes como el agua.
Y con unas pocas horas de vida es la única cosa que sabemos: que podemos volar.
Por eso lloramos incansables para que nos dejen.
Pero nadie lo entiende.
Por eso cuando a un bebé le cogen mueve los brazos pidiendo eufórico que le lancen para que pueda planear por el techo de la habitación.
Pero no le lanzan.
Por eso, antes de cumplir el primer año, se olvida.
El bebé olvida que es capaz de hacerlo y se resigna a caminar con las piernas y ese rollo de primero un paso y luego otro.
Cuando dice su primera palabra ya no siente las alitas, pero siguen ahí.
Sabe volar, sabe cómo impulsarse, cómo dejar el peso en un lado del cuerpo para girar, cómo colocar los brazos para cortar el viento, cómo mover el vientre para cambiar la presión del aire.
Pero no recuerda que lo sabe.
Y crece creyendo que los aviones, los ala delta y los helicópteros son la única vía para sentir el cielo.
Si al menos uno sólo de los recién nacidos consiguiese volar,
todos recordaríamos cómo se hace.
En eso reside la salvación del mundo,
en prestar más atención a los niños
para que ellos nos descubran los secretos de la vida.
Para que ellos nos hagan recordar lo olvidado.
miércoles, 13 de enero de 2010
Haití
sintiendo todavía el temblor bajo los pies.
Al alzar la vista lo único que quedaba de los edificios más altos eran piedras y arena.
Lo único que se veía al mirar hacia arriba era humo.
Pero mirar hacia el suelo era peor: entre grietas y escombros había personas.
Durante un segundo Carmen y su esposo se quedaron petrificados al oír la noticia en el televisor.
Ella comenzó a rezar, él se sintió inútil por no poder hacer nada desde su piso de Albacete.
Entonces la pequeña Liliana se despierta e intenta levantarse.
Le duele la pierna izquierda, la otra...la otra ha desaparecido.
Asustada por lo que sus ojos están viendo aferra sus pequeñas manos a su cara llena de polvo blanco.
Y en un rincón del edificio derruido se escucha un grito ahogado convertido en susurro al llegar a la superficie: "Maman"
(Haití. 13/01/2010. Terremoto. Desde España, desde cualquier país podemos ayudar. Hay muchas ONGs que han abierto cuentas para que se hagan donaciones. No sé, el simple hecho de no ignorar el suceso ya es una forma de participar)
Banco Santander
Titular: Solidaridad Internacional
Cuenta: 0049 0001 54 2210042242
Caja Madrid
Titular: Solidaridad Internacional
Cuenta 2038 1001 37 6000888882
La Ruz Roja Española también ha puesto en marcha un operativo para ayudar a las víctimas, y ha habilitado un número de teléfono para contactarse y ofrecer ayuda: 902 22 22 92.
Otras entidades se suman a la ayuda humanitaria, y la organización Intermón Oxfam, que trabaja en 46 países, habilita sus números de cuenta para colaborar.
La Caixa 2100-0765-81-0200111128
Caixa Catalunya 2013-0500-16-0213198878
Caja Madrid 2038-8978-17-6000016604
CAN 2054-0300-56-9157938948
Santander 0049-1806-91-2111869471
BBVA 0182-6035-49-0201502475
Banc Sabadell-Atlántico 0081-7011-11-0001698879
Triodos Bank 1491-0001-21-0010010201
Cáritas ha habilitado un teléfono de donaciones, el 902 33 99 99. Además, dispone de las siguientes cuentas bancarias:
Santander 0049-1892-64-2110527931
BBVA 0182-2000-21-0201509050
La Caixa 2100-2208-39-0200227099
Banesto 0030-1001-38-0007698271
Caja Madrid 2038-1028-15-6000969697
Banco Popular 0075-0001-81-0606839307
Sabadell-Atlántico 0081-0216-74-0001306932
C.E.C.A 2000-0002-20-9100382307
Bancaja 2077-1277-10-3100146740
CAM 2090-5513-04-0040370409
Para ayudar a través de Save the Children:
Santander 0049 0001 52 2410019194
La Caixa 2100 1727 12 0200032834
BBVA 0182-5502-58-0010020207
Caja Madrid 2038 1004 71 6800009930
Teléfono 902 013 224
Caramelos

Yo sólo estudio porque me dan caramelos.
Sólo estudio porque papá y mamá me dan caramelos.
Sólo estudio porque la bibliotecaria me da caramelos.
Sólo estudio por los caramelos.
Si estudio bien me dan caramelos de fresa.
Si estudio regular me dan caramelos de naranja.
Si estudio poco sólo merezco un caramelo de café.
Mi abuelo me daba caramelos de menta de pequeña, pero no para estudiar.
Porque sí.
Los compraba en barritas largas rectangulares y luego lo partía en cuadraditos enanos.
Entonces yo le pedía un caramelo y me daba un trocito, un cuadradito enano.
Siempre tenía en los bolsillos.
Siempre.
Si dices muchas veces "caramelo" la palabra dejará de tener sentido.
caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo.
Por eso estudio, para que me den caramelos.
Un día un niño con una sonda en la nariz me dió un caramelo.
Entonces me di cuenta de lo mucho que había merecido la pena estudiar.
lunes, 11 de enero de 2010
"Mieve"
(Fotografía tomada por María Mateos González, una de las mejores personas que he conocido en mi vida)"Mieva" Así dicen los niños pequeños cuando ven nevar.
Todo está acolchadito con diminutos copos de azúcar.
Hoy han anulado los exámenes por los problemas en el transporte para llegar al campus.
Enero está frío, frío...más que nunca.
Y he comenzado a leer el libro de Nocturna (regalo de reyes de papá): me está absorbiendo.
Me encanta la "mieve", pero mejor que se vaya pronto porque causa muchos problemas.
Pero que de vez en cuando vuelva.
miércoles, 6 de enero de 2010
lunes, 4 de enero de 2010
Enerilandia
"Yo creo en las hadas, yo creo, sí creo"
http://www.youtube.com/watch?v=-o71xh_E9iU
Quiero ser mejor en todo.
Hoy enero me descubre blanca, blanca impoluta de los pies a la cabeza,
esperando ser moldeada por este año.
Quiero ser mejor persona.
Ayudar todo lo posible a los demás.
No quiero perderme nada de lo que ocurra.
Y enriquecerme cada segundo del mundo.
Quiero mantener los lazos,
coser los rotos,
dejar volar a los que no sujetan nada
y tengo un hilo dorado, recién comprado,
esperando a que lo use pronto.
Quiero mancharme de tierra y de agua salada,
de nieve y de espuma,
de besos, de telas,
de olores
e idiomas.
Quiero que mi familia sea feliz.
Que mis amigos sean felices.
Que todos sigamos ganándole la partida a la desesperanza.
Que jamás me abandone la ilusión.
Por eso mi propósito es creer en las hadas.
Porque si creemos en aquello más fantástico e imposible,
nada podrá derribarnos.
Hoy enero me descubre blanca, blanca impoluta de los pies a la cabeza.
Y sólo espero que diciembre me encuentre trazada por mil y una
vetas de colores.

(Yo creo en las hadas)
Dedicada especialmente a papá, que luego me dice que no le dedico nada...
No te enfades nunca conmigo. Te quiero.
viernes, 1 de enero de 2010
2010
Feliz año.
Sonreír más, leer más, aprender más.
Criticar menos, despreciar menos, discutir menos.
Salud, mucha, muchísima salud.
Y que no falten los duendes, los abrazos, los lazos
y el chocolate.
Estos días en la tierra de los botones charros han sido maravillosos.
Gracias,
a mi familia, a todos, porque me ha encantado volver a veros y a sentiros.
A los más cercanos, a los que llevaba sin ver tanto tiempo,
a los pequeñitos que no conocía todavía porque da gusto sentirse crío con ellos,
a los que han crecido muchísimo y parece que fue ayer...
a los que están muy lejos, porque les siento muy cerca,
a los que jamás volverán, que realmente nunca se han ido.
Feliz año.
Muy feliz.
lunes, 28 de diciembre de 2009
jueves, 24 de diciembre de 2009
"Feliz Todo"

Lo mejor de la Navidad es que todos nos reencontramos.
Para mi significa familia, la de sangre y la que nace de lazos fuertes como la amistad.
Por eso reímos juntos, comemos y bebemos juntos
y va mucho más allá de las cenas, los regalos y las tradiciones.
Para mí Navidad ahora significa tiempo para estudiar, realmente no es duro, es cuestión de motivarse con aquella máxima de "quién siembra recoge...." y sino mira, haber elegido otra cosa.
Por eso tampoco me entristece no salir o no disfrutar de las celebraciones que ahora acontecen,
ya llegarán mejores.
Quería desearos Feliz Navidad a todos y que el 2010 se presente lleno de facilidades para que cumpláis vuestros objetivos. Sin que suene a frase hecha, lo deseo de verdad.
El mundo está lleno de personas que pasan desapercibidas,
pero si hablasen podrían dejar boquiabierto a más de uno.
Uno de mis propósitos del año nuevo será conocer a más personas
y enriquecerme lo máximo posible. No quiero perderme nada por estar enfadada,
ni malgastaré mi tiempo en rencores de pacotilla.
Por fin he aprendido de qué va esto de vivir
y cada vez me gusta más.
Abuelo, impresor, Feliz Navidad.
En estas fechas siempre recuerdo ese vídeo en el que salimos tú y yo cantando, más bien tú en una silla haciendo juegos con las manos y yo imitándote, tendría unos cuatro años (no tiene desperdicio)
Ojalá estuvieses aquí.
Te guardaré un Ferrero, lo dejaré dónde siempre, en una esquina de la mesa.
El 2009 se va. Manchado por una crisis, con muchos agujeros.
Y allí a lo lejos un inocente 2010 nos sonríe, esperando nuestra cálida acogida.
La mía, por lo menos, la tendrá.
Feliz Todo.
:)
domingo, 20 de diciembre de 2009
El poste del acantilado
Sólo vino a mi cabeza la imagen del puerto bellísimo cuando atardecía en invierno.
Quizás era lo único que echaría de menos, ahora que allí no me quedaba nada.
No sentí miedo a la muerte, supongo que cuando te lo planteas realmente llegas a verlo como un proceso más.
Empujé la silla de ruedas calle arriba, intentando dejar la mente en blanco, nada me haría arrepentirme de mi propósito.
Al llegar al puerto eché un último vistazo, era muy pronto todavía y la mar estaba totalmente apaciguada.
El viaje en la furgoneta fue bastante horrible; en momentos así, tan duros e intensos, lo último que quieres es acabar mareada y a punto de vomitar.
Suerte que no lo hice.
Entre los dos hombres me bajaron, mirándome extrañados.
No los culpé.
Estaba amaneciendo ya, asi que les pagué con un par de billetes - lo único que llevaba encima -
y avancé hacia el pequeño sendero que se construyó en la bahía para las excursiones de los recién llegados, los turistas.
La silla se tambaleaba. Era como si estuviese enfadada.
Realmente sí me sentía algo cobarde por lo que iba hacer, ni siquiera había intentado afrontar mi nueva situación.
Pero no era por mí.
No era yo en realidad, yo parapléjica, yo incapacitada.
Era yo como la misma mujer de 22 años que ahora no podía llevar su vida de siempre.
Me sentía como una desconocida en mi propio cuerpo.
Al darme cuenta de que empezaba de nuevo con mis reflexiones, apreté los párpados y borré todo pensamiento.
El acantilado rebosaba paz.
En un intento de "dar seguridad" se habían colocado pequeños postes de madera blanca atados entre sí por cuerdas, para usarlos como valla.
Una inutilidad.
Con sumo cuidado me acerqué hasta ella y quité el nudo de la cuerda, arrojándolo al suelo.
Fue curioso, me sentí bien al ver lo que había hecho.
Pero ya era tarde. Estaba allí.
El agua era negra como un tizón, oscura, profunda como una gran boca de ballena esperándome.
El cielo, en su contraste, parecía un telar azul interrumpido por trazos blancos.
Cuando todo estuvo decidido, quité el freno de la silla.
Lentamente empecé a acercarme al borde.
Sentí la adrenalina en el corazón y la humedad en mis mejillas.
Deseé con todas mis fuerzas morir.
Pero entonces la silla cayó hacia un lado, quedándome atrapada entre el metal y el barro.
Delante de mí quedaba el mar, pero mi vista sólo alcanzaba ver la tierra del suelo.
Grité de rabia.
Y de miedo.
Una cosa era morir, otra quedarme allí tirada esperando que alguien apareciese para levantarme.
Sentía las magulladuras en la espalda y la sangre comenzaba a concentrarse en mi cabeza doblada.
¿Realmente debía morir así?
Entonces todo pasó muy deprisa.
Al alzar el cuello para paliar el dolor que me producía esa postura vi el poste de madera del otro lado.
El extremo de la cuerda que había quitado seguía atado a él.
Y lo que vi me dejó tan maravillada que, sin saber cómo,
extendí mis brazos hacia él, asiéndome a la soga con fuerza
y poniendo todo mi empeño intenté levantarme.
A la primera fue imposible, no lo conseguí.
Pero mis ojos estaban clavados en ese pedazo de madera.
Debía levantarme.
Lo intenté una y otra vez, después de la tercera vino la cuarta y así pasaba el tiempo y las fuerzas iban desapareciendo.
Pero no podía rendirme.
Y así me levanté.
Cuando la silla quedó erguida fui consciente de que lo había hecho.
Me sentía pletórica, sucia, cansadísima, estúpida...
Mire de nuevo al precipicio, sentí miedo de caerme y fui hacia atrás.
Entonces me fijé de nuevo en el otro poste.
¿Cómo era posible que al llegar allí no hubiese reparado en aquello?
No puedo decir que fue el destino, simplemente algo me puso a prueba.
Después de mucho tiempo, sonreí.
Y en ese instante, todas las mariquitas se fueron volando.
Seguramente a salvar otra vida.

No te rindas.
Si hoy sientes que nada tiene sentido, fíjate en lo pequeño.
Guía tu vida por cumplir tus sueños y ve adónde tu corazón te diga.
Y nunca pienses que ya no hay sentido.
Siempre hay un rumbo, siempre.
jueves, 17 de diciembre de 2009
Cuánto se puede aprender
Sí, sólo por lo que me he reído hoy en clase.
A primera hora teníamos Deontología Profesional y Legislación Sanitaria, cómo hemos terminado el temario, nos amplian la información con seminarios.
Bien, pues hoy hemos dado uno sobre el estado del Sistema Nacional de Salud actual,recordando cómo era la situación en siglos pasados y cómo cambió.
El profesor que ha dado el seminario se merece una entrada.
No escribiré su nombre porque no considero correcto nombrarle públicamente, dado que es una figura conocida dentro de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.
Cómo detalles, sólo puedo decir que es médico, que es inspector y una gran persona.
Pocas veces ves a docentes que se entreguen con tanta ilusión a los alumnos,
pues este es el caso de alguien que ni siquiera es docente, que viene porque le apetece y sin retribución económica alguna y encima intenta ir más allá de contar algo.
Puedo afirmar que no hemos dado la mitad de teoría que estaba preparada,
pero me ha mostrado cómo no se pierden las ganas de vivir.
Echaba de menos que por un momento se olvidasen de que soy adulta,
que durante 60 minutos no me llamasen de usted
y me hiciesen reír mirándome a los ojos.
Al hablar dejaba claro que sabía, sabía muy bien de lo que hablaba y que podría subirse a la tarima y dejarnos a todos K.O;
pero no lo ha hecho, ha preferido quedarse abajo y captar nuestra atención con gracias tan malas que daba cosa hasta reírlas.
- Llega usted tarde señorita, ya sabe lo que eso significa....le toca pagarnos el café a todos.
- ¡Pero muchacha! (refiriéndose a mí) - ¿No sabes lo que es la hermandad del Rocío? - ¿Cómo te llamas? Irina seguro....porque serás rusa.... ¿Laura? Bien Lauraski, la próxima pregunta será para ti.
- Yo cuando acabé la carrera y empecé a trabajar cómo médico....algo que no os deseo nunca, ¡no hombre! me refiero a que yo cobraba por cartillas y me tocó un patriarca gitano en cuya cartilla figuraban 22 personas....
- ¿Turismo sanitario? Eh...hay que verlo de otra manera; imagínate que soy ecuatoriano y mi madre está en mi país muy enferma del corazón, pues yo cojo el teléfono y digo: "Mamasita, véngase pa' acá" y aquí pueden salvarle la vida.
- Me iban a nombrar Director del Área de Drogodependencia.
Pero mi nombre es ____ Coca.
Y encima el subdirector se apellidaba Vicioso.
Dije que no, no iba a quedar nada bien.
Y al terminar, cuando hemos aplaudido para despedirle, ha puesto cara de asombro primero, para después sonreír como un niño y decir:
- ¡Eh! ¡pues sé mucho más!
No sé, a veces el respeto se consigue sentándote en el suelo y mirando a los ojos a los que quieren aprender de ti.
Cómo ha hecho él.
Cuando se ha ido Dani me ha dado en la espalda y me ha dicho
- se merece una entrada en el blog
y sí, se la merece.
martes, 15 de diciembre de 2009
¿A quién le rezará Dios?
de algún lugar montañoso del planeta.
Y metería los pies en el agua, no tendría miedo de que algún pez de las profundidades me atacase.
No lo habría creado.
Si fuese Dios me sentiría como esas madres del programa "Super Nanny", que son conscientes de lo malos que son algunos sus hijos, pero no encuentran la solución al problema.
Y esa sería mi grandísima preocupación: mis hijos.
Seguramente sería injusta con ellos, porque querría mucho más a unos que a otros.
Mimaría a las plantas y animales, tanto que casi me olvidaría del resto.
Y por eso mis hijos humanos se portarían mucho peor ante mi falta de atención.
Con sinceridad, si fuese Dios, empezaría desde cero.
Aunque me daría mucha pena destruir siglos y siglos de cambios bellísimos, conocimientos y lenguajes.
No....creo que nunca podría destruirlo.
A lo mejor es lo que le ocurre a él...
que no sabe qué hacer.
Y se balancea en su barca, con su larga barba blanca colgando hacia un lado, igualito igualito a Gandalf el de El señor de los anillos, aunque un poquito más regordete.
Claro, no puede consultar con nadie su preocupación.
Su hijo es él mismo, sus ángeles yo creo que no existen y encima se pasa día tras día escuchando quejas, blasfemias, problemas y más problemas.
¿A quién le rezará Dios?
Pobrecito anciano.
Seguro que a veces le dan ganas de jugar a las chapas en la plaza del Vaticano y dar más de un puntapié...
Y erradicar los fanatismos.
Seguro que le gustaría poder enamorarse, porque claro, los dioses griegos tenían a sus mujeres divinas o mortales y se lo pasaban genial, pero nuestro pobre no se come un rosco (con perdón).
La verdad es que tiene que ser tan difícil ser Dios...
Por eso, cuando me exaspero viendo telediarios, muertes por enfermedades, el hambre, el sida, las violaciones, el cambio climático y asumo que la culpa es nuestra, que somos seres humanos racionales pero mortales, le pregunto si sigue estando ahí, con voz escéptica y altanera,
para luego arrepentirme, al imaginarle en la barquita, meciéndose solo y preocupado por un mundo cuyo esbozo nunca fue así.
Por eso le pido disculpas (en bajito) y me acurruco en la cama.
Y me duermo tranquila, risueña, enamorada, mortal.
Y él pone su mano en mi frente y me da las buenas noches, me recuerda que mi abuelo está bien, él y todos los que están arriba y me da fuerzas para seguir.
Después se retira, vuelve a su barca, dónde jamás duerme, jamás descansa, dónde se pregunta día tras día qué hacer, dónde nunca nos olvida, dónde nos envidia.
A veces sueño que me siento en su barca y rodeándole con mi brazo le acaricio la espalda.
Huele igual que mi abuelo.
Entonces él me abraza y llora un poquito.
- Tranquilo Dios, llora todo lo que quieras que es muy bueno - le digo.
Y después de contarme sus preocupaciones se duerme,
y sus mejillas se enrojecen como las de un bebé.

