lunes, 29 de marzo de 2010

Escuela

- Niños, hoy narrarán ante la clase una redacción sobre el mundo que quieren ustedes.
- Señorita, no lo entiendo.
- Sí, es muy fácil. Describan lo que les gusta del planeta, hablen de las ciudades, de los bosques, hablen de cómo quieren que sea todo cuando sean ustedes mayores.


"Yo quiero que la tierra desaparezca bajo el agua, cuando las olas llegan y mojan la playa, para después aparecer suave y mojada y así mis hermanos y yo dejemos nuestras huellas en ella.
También quiero que los pájaros se marchen volando y no vuelvan, que se queden allá dónde van cuando aquí hace demasiado calor, porque cuando regresan se mueren de hambre y caen agotados pidiéndonos ayuda.
Yo quiero que los animales no me tengan miedo, para así acompañarlos en sus viajes por las tierras lejanas y pedirle a la matriarca elefanta que me cuente de dónde venimos y qué será de nosotros.
Quiero ser grande y fuerte, para que nadie pueda obligarme a ser lo que no quiera ser, para que jamás me quiten el nombre y con él mi libertad.
Quiero que el sol no haga daño, que siga siendo nuestro protector.
Y pido a madre Tierra que nos perdone por haberla hecho llorar tantas veces.

domingo, 21 de marzo de 2010

Eres tú

Y qué voy a decir.
Si llegados a este punto me sobran las comas, las diéresis, el trazo de pluma, los folios secándose en la ventana y el aire que sopla desde oriente.
Nada, no diré nada.
Porque he dejado la tinta en un cajón abandonada.
Y ahora escribo con mi dedo sobre su frente.

Eres mi palabra favorita.
La mirada adictiva.
El sabor eterno.
Eres tú.

viernes, 19 de marzo de 2010

Mujer

Siempre escuchó que cuando ocurre la mujer lo sabe, porque sí. Es indefinible, es como saber que hoy te quedará mejor el pelo recogido porque al dormir se alborotó demasiado, o saber la cantidad exacta de sal para que la comida quede perfecta.
Ella también lo supo. Nunca antes pudo compararlo con nada, pero cuando llegó lo sintió.
Su joven cuerpo se lo susurraba despacio, en cada movimiento interno invisible a los sentidos de los demás.
Con dulzura se llevó la mano al vientre y pudo captar la energía moviéndose de un lado a otro, acomodándose dentro de ella.
Embarazada de seis semanas, con el vientre plano, con los senos pequeños y las curvas de sus hermanas. Con el cabello moreno sobre la espalda y los ojos verdes de papá.
Con veinte años.
De repente una oleada de terror le atravesó el pecho y rebotó contra la puerta del metro.
Le dolió tanto que tuvo encogerse y apretar los labios con fuerza, para no gritar.
Sintió cientos de miradas irreales sobre ella, dirigiendo sus dedos acusadores y cuchicheando palabras ininteligibles.
Sufrió el peso de la mano de piedra que la sociedad coloca cuando opina con prejuicios.
Y así se quedó, encogida, atemorizada, rodeando con sus brazos su abdomen, preguntándose "¿Qué debo hacer?"

Pensó en sus padres, en como habían invertido sus vidas en educarla a ella y a sus hermanas, en como soñaban con ella convertida en alguien de provecho y el disgusto y la decepción que en ellos provocaría su situación.
Pensó en sus hermanas, en las mayores y pequeñas, en cómo dejarían de verla como la mediana inteligente y responsable que nunca se metía en líos.
Pensó en su novio, en lo mucho que le quería, pero no lo suficiente como para darle un hijo, como para quererle ya para toda la vida.
Pensó en sus amigos y en sus enemigos, en como todos hablarían de ella pensando en sus veinte años y en su maternidad.
Pensó en las vecinas diciendo que era "una inconsciente, una egoísta".
Pensó en las manifestaciones Pro-vida que salían en televisión.
Pensó en el pasado, en como ella misma había mirado sin escrúpulos a las chicas jóvenes que paseaban a sus niños por los parques.
Pensó en las conversaciones de la cafetería, en como todos coincidían en que los hijos deben criarlos los padres, no los padres de los padres, por eso la juventud no es la mejor edad para la paternidad.
Pensó en su futuro, en cómo sería imposible sacarse la carrera teniendo un bebé, pues no podía dedicarle la mitad del tiempo, sería mala madre si le dejase de lado.
Pensó en la irresponsabilidad de hacerlo sin preservativo, en como algo tan inocente podía tener tan graves consecuencias.
Pensó en su bebé, en cómo podía amarlo tanto sin tan siquiera saber si quería abortar o no.
Pensó en todos.



Menos en sí misma.


Es demasiado fácil decir que la piel no duele si jamás te quemaste,
demasiado fácil gritar "vida" si nunca has temido perderla,
demasiado sencillo opinar sin ponerte en el lugar de los demás.
No gritaré nunca no al aborto, porque desconozco quién, cómo, cuándo y porqué necesita hacerlo.

Yo soy pro mujer y sólo por eso, también creo en la vida.
Porque si nadie piensa en ellas,
nadie piensa en nosotras.

jueves, 18 de marzo de 2010

Relax

Hoy sólo quiero relajarme...
Por eso he silbado para que Chihiro venga a buscarme y me lleve al mundo de los espíritus;
así yo también comeré algo de ese lugar para no volverme invisible y desaparecer.
Quizás Yubaba quiera quitarme el nombre para así mantenerme siempre a su servicio en la casa de los baños termales, pero Haku estará ahí, a mi lado, para protegerme.
Así conoceré a "Sin cara", ese pobre espíritu que no sabe lo que es el cariño y piensa que el oro lo da todo.


Y al bebé gigante consentido que se transformará en ratón.
Así ayudaré a Kamaji a calentar la caldera
y a la hora del almuerzo les daré estrellitas de
colores a las bolitas de hollín que transportan el carbón.


Así olvidaré la realidad y sólo habrá fantasía.
Hoy sólo quiero relajarme y que Chihiro me lleve de la mano,
para mostrarme el mundo que nunca debo olvidar.



He visto esta película más de diez veces y no me cansaré nunca.
Es el ejemplo del autoconocimiento, de la valentía y de la amistad.
Todos conocemos a Chihiro, sólo debemos silbar de vez en cuando.

domingo, 14 de marzo de 2010

Lost

Sólo fue una respuesta, ni bella ni profunda,
pero en cuestión de segundos hizo que su corazón se quedase parado.

Para llenarse lentamente de una luz cegadora,
tan fuerte que le sobrecargó el pecho y sintió
cómo las ganas de llorar y la gratitud se fundían
diluyendo por la sangre hasta las puntas de sus dedos.

En su vida le dijeron muchas cosas,
pero ninguna tan decisiva y tan sincera.
Con temblor bajó el rifle,
sabiendo que ella jamás le perdonaría por haberle arrebatado
lo que más quería en el mundo.

Y tras verla alejarse de vuelta a la playa caminó detrás de sus pasos,

repitiendo constantemente en su cabeza ese último segundo que acababa de vivir,
ese en el que ella murmuró:

"yo te aceptaré"

Puede que para muchas personas que no siguen la serie, Perdidos sólo sea una saga de frikis.

Yo, después de 6 largas temporadas, (no voy a desvelar nada, quién siga la serie puede leer esto con tranquilidad) me he dado cuenta de que al principio sólo quería verla para responder todas las preguntas imposibles que iban surgiendo, pero poco a poco he dejado de centrarme en resolver misterios y entender que es una continua presentación de valores humanos.

Habla de la supervivencia, de la amistad, de la lucha contra uno mismo y del poder que sólo unos cuántos tienen en la vida. Del destino, de la personalidad de cada uno, de cómo somos lo que queremos ser, pero de lo mucho que influyen en nosotros las circunstancias que nos acontecen.

Habla de la bondad y de cómo una persona buena deja de serlo si su primera meta es sobrevivir,

o si es capaz de hacerlo sin perder su integridad moral.

Habla de la soledad y sobre todo, del perdón.

Porque el perdón es el instrumento más valioso que sigue uniendo a personas, grupos y naciones.

Por eso no me avergüenza decir que lloré viendo un capítulo de Perdidos, porque me hizo empatizar tanto con ellos, con los personajes, que realmente fue más que un entretenimiento.

Muchas personas me dirán que sólo es un guión excepcional creado por 10 personas que viven de lujo y cuyos actores y actrices ni tan siquiera se matan por hacer bien sus papeles.

Me da igual. Para mí no es "una americanada" más.

(dedicado a mi papá, mi fiel compañero seguidor de esta gran e inigualable serie)

sábado, 13 de marzo de 2010

Here comes the sun duruduru

Ya lo decían los Beatles: "here comes the sun duruduru..."


porque cuando aparece el sol, capaz de calentar los cuerpos aunque siga marcando cinco grados el termómetro,
parece que todos sonreímos un poquito más.

Ayer murió Miguel Delibes.
Dejó su bicicleta apoyada contra alguna pared blanca,
y se despidió de cada uno de sus personajes, de cada uno de sus lectores, de cada uno de los árboles.
Y antes de marchar nos recordó lo que siempre le tuvo en vilo:

"si el progreso moderno, el de la técnica y el de las máquinas, el del consumo desmedido y el del confort, son sinónimo de la destrucción del campo y de los pájaros, mis personajes: Daniel el Mochuelo, Isidoro, Juan Gualberto el Barbas, Nini el cazador de ratas, la criada analfabeta Desi, Lorenzo el emigrante, el viejo Eloy, el Tío Ratero...
renuncian a ese progreso"

Por eso yo hoy también renuncio al progreso que quema bosques al grito de "¡más madera!"
y renuncio a los pulmones artificiales
y a la cultura que olvida el trabajo con las manos.

Hoy pienso en ese gran escritor,
y en la primavera,
y disfruto estos pequeños momentos de divagaciones mientras se desliza por mi garganta un suave té moruno,
que me sabe al Líbano y a la sonrisa de Nadia, mientras nos explicaba con paciencia cómo se dicen los números en árabe.

Y recuerdo todos los meses de marzo de mi vida,
porque los guardo muy verdes surcados de colores rojos, amarillos, rosas y blancos.
Y luminoso, marzo es muy luminoso,
porque "here comes the sun duruduru"...

Hoy añado un punto más en la lista de "cosas por hacer en este mundo"
que el sol de marzo sirva cómo curación de las almas congeladas.

Para terminar quiero dejar escrita una breve historia que mi amiga María me dejó hace unos días en un mensaje, me parece que es muy sencilla y está llena de fuerza, para quien necesite (todos los necesitamos) que le recuerden porqué no caer.
Y gracias por seguir viniendo por la imprenta, gracias infinitas.

Una mujer muy sabia se despertó un mañana, se miró al espejo y notó que tenía solamente tres cabellos en su cabeza.

'Hmmm' pensó, 'Creo que hoy me voy a hacer una trenza'.

Así lo hizo y pasó un día maravilloso.

El siguiente día se despertó, se miró al espejo y vio que tenía solamente dos cabellos en su cabeza.

'H-M-M' dijo, 'Creo que hoy me peinaré de raya en medio'

Así lo hizo y pasó un día grandioso.

El siguiente día cuando despertó se miró al espejo y notoó que solamente le quedaba un cabello en su cabeza.

'Bueno' ella dijo, 'ahora me voy a hacer una cola de caballo.'

Así lo hizo, y tuvo un día muy, muy divertido.

A la mañana siguiente cuando despertó, corrió al espejo y enseguida notó que no le quedaba un solo cabello en la cabeza.

'Que Bien!' Exclamó. 'Hoy no voy a tener que peinarme!'

Tu actitud es todo.

Por eso he aprendido que la vida no es esperar a que la tormenta pase... Es aprender a bailar bajo la lluvia.

viernes, 5 de marzo de 2010

María Mateos

Ojalá pudiera recoger el océano en mis manos, aunque tuviera que llevártelo desde la orilla hasta tu puerta, en pleno Madrid, para que sintieses otra vez su inmensidad.
Y con las palmas aún mojadas tocar ese lienzo que te espera en la habitación,
para que la sal y el almizcle se fusionen con cada poro del papel.
Así, cuando volvieses a sentarte en el suelo,
con una pata doblada y la otra estirada,
con tu moño despeinado (¿acaso alguna vez te peinaste?)
con tu gesto de concentración (aquél que sólo aparece cuando pintas, cuando copias apuntes y cuando abres un kinder bueno)
y alzases con maestría tu pincel,
escucharías, retumbando en tus paredes "trescanteras",
como las olas dicen tu nombre.

Ojalá supiera hablar el idioma de las abejas,
y colgarme de tu oído, dejando motas de polen sobre tus hombros,
para hablarte del mundo que nunca conocerás por no ver
con la mirada ultravioleta.
Y contarte que te envidio porque tú sí que has visto el arcoiris.
Por eso lo plasmas en tus pinturas con la destreza de los abanicos de las geishas,
con la dulzura de la madre que protege.
Con la pasión de los amantes que mañana se separan.

Ojalá nunca te marcharas cuando llega la hora de irse a casa
y las clases no fueran clases,
para poder sentarme contigo, no delante dándote la espalda, sino de frente, perdiéndome en los ojos de la ternura que se mecen en miel.
Y hablar de cualquier tema candente del día:
de ti, de mí, de las guerras y del plan que estamos preparando para cambiar este lugar.

Ojalá te hubiera conocido mucho antes, para no haberte echado tanto de menos durante todos estos años, aunque ahora que estás conmigo soy consciente de que me has conquistado.

Ojalá no tuviera tanto miedo a la vida, que ya me quitó lo que más quería
y ahora la miro de reojo, por si me traiciona.
Por si te aleja como se marchan los veranos en septiembre,
como se pierden en mi mano los copos de nieve.
Como se quedan a medias las conversaciones cuando llega la parada del metro.

Ojalá te quedes aquí, aquí dentro entre los pulmones.
O por lo menos en cada trazo de color que un día dibujaste con el moño despeinado.

Porque te necesito.
A ti,
a ti y a tu risa, a ti y a tu locura,
a ti y a tu fuerza, a tu increíble fuerza.
A ti y a tus manos, a tus preciosas manos.
A esas manos que hoy duelen y arden.
Te prometo que nunca más habrá fuego,
sólo el humano, el que acoge y calienta porque sale de debajo del pecho.
No habrá más humo negro, ni más miedo.
Estarás tú y tus bellísimas manos.
Esas que tantas obras de arte han pintado
y que, muy pronto, volverán a surcar ese lienzo que te espera.

Mientras tanto, para que no te duelan, te dejo las mías.
Son de zurda, de escribir, no saben sentir las cerdas,
pero te quieren tanto que prometen esforzarse por hacerte feliz.

(Te quiero mucho María.
Gracias por no rendirte nunca.
Sé que tus manos se pondrán bien, que tu piel volverá a crecer y no habrá nada que te haga daño.
Tú eres la que nos ha enseñado lo que es la superación.
Para ti)

martes, 2 de marzo de 2010

3 de marzo

Tres de marzo de dos mil diez.
Sé que me despertaré a la hora de siempre, las 6:40.
Caminaré arrastrando los párpados por el pasillo y a duras penas
intentaré borrar de mi rostro el sueño.
Despertaré a papá sin querer, que aún descansa como un niño pequeño que no quiere ir al cole.
Y a Ana, que duerme como una marmota diez minutos más.
Mamá estará en la cocina, llevará despierta desde hace muchísimo tiempo, para tener listo cada detalle que hace posible que salgamos de casa vestidos, nutridos, limpios y con las llaves para volver.
Pero no será un día igual, mañana no.
Cada segundo, desde que la radio grite eufórica lo primero que se le ocurra para despertarme, sentiré dentro que es tres de marzo de dos mil diez.
Y que hace un tiempo, un día como mañana, un tres de marzo de dos mil nueve,
tomé una decisión que a día de hoy me ha hecho increiblemente feliz.

Por eso mañana para celebrarlo donaré sangre en el autobús que viene al campus.
Y sonreiré como una niña ñoña.
No sé, es la primera vez en mi vida que celebro un aniversario y no sé qué debo decir o qué se debe hacer, porque todavía creo que vivo en ese día tres de dos mil nueve y siento las hormiguitas en la tripa.

Es la primera vez que alguien me recuerda que lleva soportando mis tonterías un año entero.
Y me recuerda cada uno de los meses.
Cada uno de los días.
Y me cuida como si nunca hubiera conocido mis enfados.
Mañana será un día más.
Y sonreiré como una niña tonta, porque es nuestro primer año.
Gracias Jesus.

sábado, 20 de febrero de 2010

Isabel Allende - Hija de la Fortuna

"Todo el mundo nace con algún talento especial y Eliza Sommers descubrió temprano que ella tenía dos: buen olfato y buena memoria.
El primero le sirvió para ganarse la vida,
el segundo para recordarla,
si no con precisión, al menos con poética vaguedad de astrólogo.
Lo que se olvida es como si nunca hubiera sucedido, pero sus recuerdos,
reales o ilusorios, eran muchos y fue como vivir dos veces.
Solía decirle a su fiel amigo, el sabio Tao Chi'en, que su memoria era como la barriga del buque donde se conocieron, vasta y sombría, repleta de cajas, barriles y sacos donde se acumulaban los acontecimientos de toda su existencia.
Despierta no era fácil encontrar algo en aquel grandísimo desorden, pero siempre podía hacerlo dormida, tal como le enseñó Mama Fresia en las noches dulces de su niñez, cuando los contornos de la realidad eran apenas un trazo fino de tinta pálida.
Entraba al lugar de los sueños por un camino muchas veces recorrido y regresaba con grandes precauciones para no despedazar las tenues visiones contra la áspera luz de la consciencia.
Confiaba tanto en ese recurso como otros lo hacen en los números..."


(Otro libro. De nuevo Allende. Esta vez recomendado por mi tía Man.
Sólo es el principio y ya creo estar inmersa en un sueño.)

domingo, 14 de febrero de 2010

La patita negra

Me encanta volver en el tren los viernes.
Me ruge el estómago de hambre y el cansancio de la semana se acomoda en mis hombros, pero sólo puedo pensar en que tengo tiempo.
Después de unos días agotadores, pero para nada malos, pues las personas con las que comparto horas y horas son increíbles,
llega el momento de relajarse.
De coger el teléfono y llamar a mis amigos.
De vernos como si hubieramos estado juntos toda la semana.
De continuar cada tema que quedó pendiente el domingo anterior.
De escuchar sus voces y sus tonterías,
sus riñas y sobre todo la risa....
Me encanta ver a cada uno, porque es mi pequeño mundo que no se altera,
que aguanta cada cambio en nuestras vidas
y nos mantiene unidos.
Me gusta mucho, muchísimo.
Y no lo cambiaría por nada en el mundo.
Me gusta.
Porque el domingo por la tarde deja de ser odioso
y me quedo sumergida en mis divagaciones,
contando los segundos que quedan para el viernes que viene.

jueves, 4 de febrero de 2010

El payaso Pelón


Dicen que amaba a esos niños más que a nada en el mundo.
Un día, uno de los pequeños le preguntó, tocándole con su manita la cabeza, porqué él tenía tanto pelo y a ellos no les salía.
Aquella noche, mientras se miraba frente al espejo sintió cómo si su propio cuerpo le aconsejase que hiciese lo que pensaba.
Y lo hizo.
Al día siguiente todos le miraron sorprendidos.
Y al siguiente.
Todos no, miento, casi todos.
Porque los pequeños jugaron como siempre lo habían hecho, no le preguntaron nada, simplemente se sintieron más fuertes al verle.

Antes se sentaban en sus rodillas y le emarañaban las rastas que le colgaban casi por la cintura.
Ahora le tocaban sonrientes, viendo resbalar sus yemas por su piel descubierta.
Han pasado muchos años desde que supo cual era su lugar en aquel hospital.
Muchos más desde que su madre le echaba la bronca por llevar "el pelo como una mujer" y hacerse trenzas que le llegaban por los hombros.
Y, quizás no habían sido tantos años, pero ya nadie recordaba a aquel muchacho conocido como "el payaso Rastafari".
Ahora todos,
sonreían al verle aparecer en el ascensor del pasillo principal, pronuciando en voz alta:
"¡¡Niños, aquí está vuestro payaso pelón!!"
Y todos gritaban emocionados
preparando sus cabecitas para irse a el mundo de magia que sólo él les traía.

miércoles, 27 de enero de 2010

¿Qué cómo te quiero?

Te quiero con todas las letras, con todas las del mundo.
Con las letras árabes, con las letras ilegibles y con las que se transcriben a números.
Te quiero con la voz de la madre que cuenta el cuento en alto
y los pequeños no prestan atención a las bombas de afuera.
Te quiero, como si no pudiese aspirar a nada más en esta realidad pintada a cañonazos.
Como si fueras incierto, como si no existieras y te inventara para no sufrir.
Como si no hubiese conocido lo que es sentirse solo y temiera perderte
y descubrirlo.
No te quiero como se aman las manos del dinero
ni los besos de alquiler.
No te quiero como Julieta a Romeo ni Calixto a Melibea.
Lo hago sin saber qué es el amor,
porque no puedo compararte con nada.
Porque no busco compartirte con nadie.
Sí lo hago libre y consciente,
madura e ingenua,
equivocada o no.
Sí lo hago con cada centímetro de piel que quiso ser pluma
y con toda la locura que tú y sólo tú has despertado.

Sólo quiero leer

< Honoré apenas podía pelar patatas para la comida del ama con sus manos deformadas, pero tocando el tambor era incansable y, si de bailar se trataba, nadie levantaba las rodillas más alto, ni bamboleaba la cabeza con más fuerza, ni agitaba el culo con más gusto.
Cuando yo todavía no sabía andar, me hacía danzar sentada, y apenas pude sostenerme sobre las dos piernas, me invitaba a perderme en la música, como en un sueño.
"Baila, baila Zarité, porque esclavo que baila es libre...mientras baila", me decía.
Yo he bailado siempre.>

La isla bajo el mar - Isabel Allende.


(
Empiezo un nuevo libro)


viernes, 22 de enero de 2010

La amistad es como un violín...

Son las circunstancias, son las decisiones o incluso el pasar de las horas los únicos responsables de que las amistades vayan mermando.
No hay gritos, ni mejillas húmedas, tampoco hay palabras hirientes.
A veces lo que denominamos "problemas entre amigos" no pueden solucionarse y no es porque sean imposibles,
sin porque no son problemas.
Es como si dos personas viajasen por un camino y decidiesen atravesar nuevas sendas.
Unos deciden viajar siempre juntos.
Algunos se alejan, pero regresan al reencuentro.
Otros se van y nunca vuelven, bien porque encuentran otros caminos
bien porque no querían seguir viajando.
Y nadie se tapa la boca para asombrarse ni se lleva las manos a la cara, mordiéndose el labio inferior, en señal de disgusto.
Simplemente las amistades van mermando y quizás sea una ley natural inevitable.
Antes lo más preciado era tener un grupo, un símbolo, una complicidad entre sus miembros, una certeza de que no estabas solo.
Ahora, con la recién llegada madurez descubres que no quieres colectivos, que no quieres manadas,
que quieres personas.
Personas, amigos, distintos.
Pero un nexo en común: tú.

Lo dije hace mucho tiempo, la palabra "amigo" es demasiado concreta para abarcar tanto.

Conocidos, colegas, compañeros, camaradas, cómplices.

No es cuestión de llamarse a diario, sino de hablar después de un tiempo y escuchar un sincero "cuéntame todo lo que te ha ocurrido, quiero saberlo, te eché de menos".

Y hablar sin pensar en ninguno momento que le aburrirás, nunca ha pasado ni pasará.

La amistad es algo muy grande y hermoso, párate a sentirla.
Piensa en aquellas personas que estuvieron, que están e imagina a las que estarán.
Piensa en lo que te da cada una.......¿lo ves? ¿lo sientes? cuánta emoción tan diferente ¿verdad?

No sé, no me entristece pensar en las personas a las que he perdido, las recuerdo con muchísimo cariño y sé que al verlas no hay rencor, pero también sé que no hay vuelta atrás, que el camino sigue y las sendas van desperdigándose.
Sólo espero que sus viajes sean maravillosos y que algún día a lo lejos nos saludemos efusivamente con la mano.

Mientras tanto, me quedo con mis amigos, con aquellos que me llaman cuando menos lo merezco y se enfadan sin temer que nos perdamos. Que recuerdan lo que es irrelevante, pero dice todo de mí.
Que emplean su tiempo en un detalle o aguantan mis peores respuestas.
Me quedo con aquellos que respondieron "voy"
cuando, al alejarme de la senda pregunte ¿vienes?.

Con esos que en sus peores días se sientan en el suelo a reflexionar
y colocan un taburete de madera a su lado, esperándome.



Gracias.
A todos y cada uno de vosotros.

martes, 19 de enero de 2010

¿A dónde?

https://www.cruzroja.es/pls/portal30/portal.donante.donativo


Mientras el mundo se pregunta cómo enviar agua y medicamentos.
Ellos miran hacia el horizonte.
Mientras los bomberos se organizan para buscar en los escombros y seguir rescatando personas.
Ellos miran hacia el horizonte.
Mientras los presidentes se reúnen, los ejércitos llegan y ocupan las calles para acabar con los saqueos y paliar la violencia.
Mientras los médicos y enfermeros no dan abasto entre amputaciones, fracturas y curas.
Ellos miran hacia el horizonte.
Mientras el mundo se acongoja y cada uno dona un poquito de lo suyo, se colapsan los teléfonos de información sobre "adopciones temporales" en Europa y se siguen llenando las morgues.
Mientras todos se preguntan cómo emigrar atravesando la frontera, en barco o incluso nadando.
Mientras muchos piensan cómo se reconstruirá el país.

Ellos.
Los niños.


Ellos miran hacia el horizonte.
Preguntándose porqué se marchó sin avisar,
el futuro.

Sin ni siquiera dejar unas señas, para encontrarlo.
O quizás es que nunca hubo uno.

lunes, 18 de enero de 2010

Jesús Tirado

Eres mi vida.
Sí, es algo que sé desde hace mucho tiempo y no me ha costado nada comprender porqué.
Quizás seas la decisión más clara que he tomado en mis casi 20 años,
quizás seas la palabra que más se repite en mi cabeza antes de dormir.
Eres todas mis metáforas.
No, no te prometo ser perfecta, no voy a serlo.
Tampoco puedo prometerte la armonía con la que sueñas,
ni siquiera un desayuno bien preparado.
Pero déjame intentarlo.

Cada día me encuentro en la encrucijada de soñar despierta.
Y se me acumula la madurez en la garganta, cuando imagino durante demasiado tiempo cómo seremos.
Tanto, que olvido qué soy o quién soy
y me siento en una silla a hacer la declaración de la renta, esperándote.
No, es muy pronto para un amor tan cimentado.

Pero qué le voy a hacer si esto no es algo fugaz.
Me quito la venda de los ojos y escribo dejando sobre la mesa los sentimientos,
para vernos desde fuera.

Y es así.
Es la única verdad que he conseguido demostrar,
aún me queda comprobar científicamente si el sol es más grande que mi dedo.

Eres tú.
Mi vida.
Así de sencillo se define lo que eres y lo que te rodea, sin ornamentos, sin pomposidad.
La esencia más pura de la nobleza,
la locura de tus ocurrencias,
inocencia en tu voz y timidez en tus ojos,
la fuerza de tus brazos,
la lucha en tu camino.

Eres tú.
La primera persona que se fijó en mí más allá del físico.
Que me demostró que lo único a lo que aspiraba era a cuidarme.

Eres la única persona que me deja sin palabras.
Se me olvida razonar, se me olvida mentir, se me olvida pensar.

Dicen que sí existen las medias naranjas,
yo no sé si lo somos,
con mis ojos "como dos botes de betún de a duro"
y los tuyos, que son verdes transparentes como el agua.

Pero si hay algo que sé
es que te he encontrado y no importa si no amanece mañana.

sábado, 16 de enero de 2010

Volar


Dicen que los humanos no podemos volar, qué gran mentira.
Sabemos, es la única habilidad con la que nacemos.
Por eso cuando estamos en la cuna, recién nacidos, nos movemos inquietos, nos pican las alas.
Son diminutas, tan frágiles como un copo de nieve y tan pequeñas como un grano de arena.
Y tan transparentes como el agua.
Y con unas pocas horas de vida es la única cosa que sabemos: que podemos volar.
Por eso lloramos incansables para que nos dejen.
Pero nadie lo entiende.
Por eso cuando a un bebé le cogen mueve los brazos pidiendo eufórico que le lancen para que pueda planear por el techo de la habitación.
Pero no le lanzan.
Por eso, antes de cumplir el primer año, se olvida.
El bebé olvida que es capaz de hacerlo y se resigna a caminar con las piernas y ese rollo de primero un paso y luego otro.
Cuando dice su primera palabra ya no siente las alitas, pero siguen ahí.
Sabe volar, sabe cómo impulsarse, cómo dejar el peso en un lado del cuerpo para girar, cómo colocar los brazos para cortar el viento, cómo mover el vientre para cambiar la presión del aire.
Pero no recuerda que lo sabe.
Y crece creyendo que los aviones, los ala delta y los helicópteros son la única vía para sentir el cielo.
Si al menos uno sólo de los recién nacidos consiguiese volar,
todos recordaríamos cómo se hace.

En eso reside la salvación del mundo,
en prestar más atención a los niños
para que ellos nos descubran los secretos de la vida.
Para que ellos nos hagan recordar lo olvidado.

miércoles, 13 de enero de 2010

Haití

Las ambulancias destartaladas iban y venían sin descanso mientras cientos de personas se amontonaban en las calles, aterradas y confusas, con sangre en la ropa,
sintiendo todavía el temblor bajo los pies.
Al alzar la vista lo único que quedaba de los edificios más altos eran piedras y arena.
Lo único que se veía al mirar hacia arriba era humo.
Pero mirar hacia el suelo era peor: entre grietas y escombros había personas.
Durante un segundo Carmen y su esposo se quedaron petrificados al oír la noticia en el televisor.
Ella comenzó a rezar, él se sintió inútil por no poder hacer nada desde su piso de Albacete.

Entonces la pequeña Liliana se despierta e intenta levantarse.
Le duele la pierna izquierda, la otra...la otra ha desaparecido.
Asustada por lo que sus ojos están viendo aferra sus pequeñas manos a su cara llena de polvo blanco.

Y en un rincón del edificio derruido se escucha un grito ahogado convertido en susurro al llegar a la superficie: "Maman"


(Haití. 13/01/2010. Terremoto. Desde España, desde cualquier país podemos ayudar. Hay muchas ONGs que han abierto cuentas para que se hagan donaciones. No sé, el simple hecho de no ignorar el suceso ya es una forma de participar)

Banco Santander

Titular: Solidaridad Internacional

Cuenta: 0049 0001 54 2210042242

Caja Madrid

Titular: Solidaridad Internacional

Cuenta 2038 1001 37 6000888882

La Ruz Roja Española también ha puesto en marcha un operativo para ayudar a las víctimas, y ha habilitado un número de teléfono para contactarse y ofrecer ayuda: 902 22 22 92.

Otras entidades se suman a la ayuda humanitaria, y la organización Intermón Oxfam, que trabaja en 46 países, habilita sus números de cuenta para colaborar.



La Caixa 2100-0765-81-0200111128

Caixa Catalunya 2013-0500-16-0213198878

Caja Madrid 2038-8978-17-6000016604

CAN 2054-0300-56-9157938948

Santander 0049-1806-91-2111869471

BBVA 0182-6035-49-0201502475

Banc Sabadell-Atlántico 0081-7011-11-0001698879

Triodos Bank 1491-0001-21-0010010201

Cáritas ha habilitado un teléfono de donaciones, el 902 33 99 99. Además, dispone de las siguientes cuentas bancarias:

Santander 0049-1892-64-2110527931

BBVA 0182-2000-21-0201509050

La Caixa 2100-2208-39-0200227099

Banesto 0030-1001-38-0007698271

Caja Madrid 2038-1028-15-6000969697

Banco Popular 0075-0001-81-0606839307

Sabadell-Atlántico 0081-0216-74-0001306932

C.E.C.A 2000-0002-20-9100382307

Bancaja 2077-1277-10-3100146740

CAM 2090-5513-04-0040370409

Para ayudar a través de Save the Children:

Santander 0049 0001 52 2410019194

La Caixa 2100 1727 12 0200032834

BBVA 0182-5502-58-0010020207

Caja Madrid 2038 1004 71 6800009930

Teléfono 902 013 224

Caramelos


Yo sólo estudio porque me dan caramelos.

Sólo estudio porque papá y mamá me dan caramelos.

Sólo estudio porque la bibliotecaria me da caramelos.

Sólo estudio por los caramelos.

Si estudio bien me dan caramelos de fresa.

Si estudio regular me dan caramelos de naranja.

Si estudio poco sólo merezco un caramelo de café.

Mi abuelo me daba caramelos de menta de pequeña, pero no para estudiar.
Porque sí.
Los compraba en barritas largas rectangulares y luego lo partía en cuadraditos enanos.
Entonces yo le pedía un caramelo y me daba un trocito, un cuadradito enano.

Siempre tenía en los bolsillos.
Siempre.

Si dices muchas veces "caramelo" la palabra dejará de tener sentido.
caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo, caramelo.
Por eso estudio, para que me den caramelos.


Un día un niño con una sonda en la nariz me dió un caramelo.
Entonces me di cuenta de lo mucho que había merecido la pena estudiar.

lunes, 11 de enero de 2010

"Mieve"

(Fotografía tomada por María Mateos González, una de las mejores personas que he conocido en mi vida)


"Mieva" Así dicen los niños pequeños cuando ven nevar.
Todo está acolchadito con diminutos copos de azúcar.
Hoy han anulado los exámenes por los problemas en el transporte para llegar al campus.
Enero está frío, frío...más que nunca.
Y he comenzado a leer el libro de Nocturna (regalo de reyes de papá): me está absorbiendo.
Me encanta la "mieve", pero mejor que se vaya pronto porque causa muchos problemas.
Pero que de vez en cuando vuelva.