Existes y todo tiene sentido.
Eres la luz que se cuela los días festivos y me recuerda que son para estudiar; pero no importa, sonrío, las ganas de hacer las cosas bien también llevan tu nombre.
Eres el premio cuando termine, eres el mensaje que dice "ánimo" con cinco letras y el café de las tres que me acompañó un mes entero cuando me jugaba todo a una.
Y fuiste la paz junto al mediterráneo.
Y la visión del futuro con los pies en el norte y las manos sujetando un vaso de sidra.
Eres la persona que me miró a los ojos y se quedó ahí siempre.
La mano en la espada cuando no quiero enfrentarme a algo, el gesto serio cuando no quiero hablar de nada.
Los ojos cerrados junto a los míos, el hombro que recibe llantos y los cura.
Eres lo que buscaba sin cesar.
Y lo que cuido desde que me elegiste.
Existes.
Existes y todo tiene sentido.
lunes, 31 de octubre de 2011
martes, 25 de octubre de 2011
Ponerse menos verde
Los recuerdos del pasado no son entes del presente; las decisiones deben tomarse en el hoy, no en el ayer, pues las consecuencias no irán hacia atrás, sino hacia delante;
pero no temas, pequeña Sunniesoop, estaremos a tu lado.
pero no temas, pequeña Sunniesoop, estaremos a tu lado.
domingo, 23 de octubre de 2011
Paz
Recuerdo el día en que asesinaron a Miguel Ángel Blanco. Jugaba en mi habitación, era verano. Mis padres y mi hermana veían la televisión sin perder detalle. Yo iba y venía, escuchaba fragmentos de lo que decían y observaba la pantalla. Después de tres días dieron la terrible noticia.
Y yo, con siete años, entré en mi habitación, me senté en la alfombra, cerré los ojos y, por primera vez, sentí verdadera impotencia.
Recuerdo que apreté los puños con fuerza y dejé que el sentimiento de odio que me estaba llenando escapara fuera de mí.
Desde entonces sólo quise pintarme las manos de blanco.
Por eso cuando hace varios días, escuchando la radio,comprendí lo que estaba sucediendo, me quedé estupefacta. Después de tanto tiempo me he vuelto demasiado escéptica, pero quería creerlo, deseaba creerlo.
Y me lo estoy creyendo. Tengo miedo de que no sea verdad, tengo miedo de que esta felicidad dure poco tiempo, pero tengo fe en que sea cierto.
Cuando oí a Rubalcaba decir: "...hoy cuando salgamos de aquí no habrá nadie que deba mirar debajo del coche, nunca más..." me lo creí.
Y ahora más que nunca pienso en ese momento en el que con siete años aprendí a odiar, pero también aprendí a defender la libertad.
Hoy defiendo la libertad.
Hoy creo en el fin de ETA.
Y yo, con siete años, entré en mi habitación, me senté en la alfombra, cerré los ojos y, por primera vez, sentí verdadera impotencia.
Recuerdo que apreté los puños con fuerza y dejé que el sentimiento de odio que me estaba llenando escapara fuera de mí.
Desde entonces sólo quise pintarme las manos de blanco.
Por eso cuando hace varios días, escuchando la radio,comprendí lo que estaba sucediendo, me quedé estupefacta. Después de tanto tiempo me he vuelto demasiado escéptica, pero quería creerlo, deseaba creerlo.
Y me lo estoy creyendo. Tengo miedo de que no sea verdad, tengo miedo de que esta felicidad dure poco tiempo, pero tengo fe en que sea cierto.
Cuando oí a Rubalcaba decir: "...hoy cuando salgamos de aquí no habrá nadie que deba mirar debajo del coche, nunca más..." me lo creí.
Y ahora más que nunca pienso en ese momento en el que con siete años aprendí a odiar, pero también aprendí a defender la libertad.
Hoy defiendo la libertad.
Hoy creo en el fin de ETA.
domingo, 16 de octubre de 2011
Un limón
Rápido, piensa en algo. No importa el qué. Sólo piensa en algo.
...
...
...
Incluso puedes hacer eso de cerrar los ojos para pensarlo mejor o cerrar la puerta o poner boca de reflexión.
...
...
¿Lo tienes?
¿Qué es?
Intenta definirlo. Quizás es fácil, porque has elegido algo como una fruta, un objeto, una foto. Puede que hayas elegido a una persona o a varias o un viaje. Puede ser cualquier cosa. Quizás sea difícil, porque no sabes qué has imaginado.
No importa. Definir, por ejemplo, un limón, que es lo que he pensado yo, también tiene su aquél.
Es una fruta... sí, ¿no? Es amarilla...a veces verde, es ácida, pequeña, cabe en mi mano, puedo lanzarla de una mano a otra, aunque soy torpe y seguramente se me caiga. Si me cae en un ojo me escuece seguro, si me cae en la piel dicen que seca los granitos y hay personas que aliñan la ensalada con limón. Me recuerda al sol, a las tardes de otoño (pero no a las de verano), a las pelotas de tenis.
Un limón significa algo para mí que desconozco. O no significa nada y sólo pensé en él porque pasaba por ahí, por alguna red neuronal.
No importa. Yo elijo sí el limón puede estar marcando mi vida o sólo apareció para desaparecer.
Realmente así, más o menos, es todo. Lo que pasa es que no tenemos suficiente tiempo para darnos cuenta.
Podemos decidir qué nos ayuda, qué nos daña, pero la mayoría de la veces dejamos que sean otros los que decidan por nosotros, porque es más fácil.
Lo complicado es pararse una noche de un sábado de octubre, una mañana de un miércoles de febrero o una tarde de un lunes de julio y decirse a uno mismo que es dueño de su vida y, como tal, decide qué le hiere y qué no. Tú y yo lo hacemos complicado, lo vemos complicado. Pero es fácil.
Tan fácil como definir lo que es un limón.
...
...
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Incluso puedes hacer eso de cerrar los ojos para pensarlo mejor o cerrar la puerta o poner boca de reflexión.
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...
¿Lo tienes?
¿Qué es?
Intenta definirlo. Quizás es fácil, porque has elegido algo como una fruta, un objeto, una foto. Puede que hayas elegido a una persona o a varias o un viaje. Puede ser cualquier cosa. Quizás sea difícil, porque no sabes qué has imaginado.
No importa. Definir, por ejemplo, un limón, que es lo que he pensado yo, también tiene su aquél.
Es una fruta... sí, ¿no? Es amarilla...a veces verde, es ácida, pequeña, cabe en mi mano, puedo lanzarla de una mano a otra, aunque soy torpe y seguramente se me caiga. Si me cae en un ojo me escuece seguro, si me cae en la piel dicen que seca los granitos y hay personas que aliñan la ensalada con limón. Me recuerda al sol, a las tardes de otoño (pero no a las de verano), a las pelotas de tenis.
Un limón significa algo para mí que desconozco. O no significa nada y sólo pensé en él porque pasaba por ahí, por alguna red neuronal.
No importa. Yo elijo sí el limón puede estar marcando mi vida o sólo apareció para desaparecer.
Realmente así, más o menos, es todo. Lo que pasa es que no tenemos suficiente tiempo para darnos cuenta.
Podemos decidir qué nos ayuda, qué nos daña, pero la mayoría de la veces dejamos que sean otros los que decidan por nosotros, porque es más fácil.
Tan fácil como definir lo que es un limón.
jueves, 13 de octubre de 2011
Diplopia
Lo ató a la silla. Los gemidos de angustia podían escucharse desde cualquier rincón del edificio. Allí ya no quedaba nadie.
Lentamente cubrió el suelo de folios repletos de frases inconexas, con una caligrafía elegante y, a la vez, aterradora, que no dejaba lugar a dudas sobre cómo era la persona que lo había escrito.
Desde su sitio el joven sólo atinaba a ver la capa blanca que se extendía por doquier, sin orden ni causa, pestañeando bruscamente, dolorido por los múltiples golpes que tenía en ese ojo.
Estaba solo.
El dolor había dejado de existir. Era verdad entonces aquello que dicen de que, cuando alcanzas el máximo umbral y lo superas, ya no hay nada más. Ya se ha sufrido tanto que el propio cuerpo, lanzándose a los brazos de la resignación, decide no aguantar. Desconecta todo, lo deja sin alarmas ni protecciones. Ya nada importa.
Estaba completamente solo y abandonado a su suerte.
Ya no sentía las heridas desangrándose por sus piernas.
Ni la angustia de ver cómo toda su vida había ardido minutos antes junto a sus seres queridos.
El olor a gasolina se impregnaba en su cuerpo y entraba en sus fosas nasales como si desde ese momento se hubiesen convertido en uno solo. Él y el fuego. Él, el mismo y el fuego.
Atado en la silla gritaba descompuesto, después se calmaba y se sorprendía a sí mismo caminando por la estancia cubriendo todo de papeles que meses antes había escrito.
Los cogía con ambas manos, con sus huesudos dedos. Los olía, los lamía y luego los arrojaba con odio al suelo.
Acto seguido se sentaba en la silla y se ataba las manos. Entonces volvía a chillar histérico, con los ojos inyectados y el corazón a punto de salírsele del pecho.
Su captor soltó una carcajada desgarradora. Él mismo río sin parar. Desde fuera dos palomas observaban la escena, ajenas a todo. Un sólo joven. Una sola habitación. No muy lejos ardía una casa familiar.
De repente algo se rompió y se hizo el silencio absoluto.
Semanas más tarde, cuando la policía llegó allí, encontraron dos cuerpos tumbados en el suelo.
Y ese extraño olor a gasolina.
Lentamente cubrió el suelo de folios repletos de frases inconexas, con una caligrafía elegante y, a la vez, aterradora, que no dejaba lugar a dudas sobre cómo era la persona que lo había escrito.
Desde su sitio el joven sólo atinaba a ver la capa blanca que se extendía por doquier, sin orden ni causa, pestañeando bruscamente, dolorido por los múltiples golpes que tenía en ese ojo.
Estaba solo.
El dolor había dejado de existir. Era verdad entonces aquello que dicen de que, cuando alcanzas el máximo umbral y lo superas, ya no hay nada más. Ya se ha sufrido tanto que el propio cuerpo, lanzándose a los brazos de la resignación, decide no aguantar. Desconecta todo, lo deja sin alarmas ni protecciones. Ya nada importa.
Estaba completamente solo y abandonado a su suerte.
Ya no sentía las heridas desangrándose por sus piernas.
Ni la angustia de ver cómo toda su vida había ardido minutos antes junto a sus seres queridos.
El olor a gasolina se impregnaba en su cuerpo y entraba en sus fosas nasales como si desde ese momento se hubiesen convertido en uno solo. Él y el fuego. Él, el mismo y el fuego.
Atado en la silla gritaba descompuesto, después se calmaba y se sorprendía a sí mismo caminando por la estancia cubriendo todo de papeles que meses antes había escrito.
Los cogía con ambas manos, con sus huesudos dedos. Los olía, los lamía y luego los arrojaba con odio al suelo.
Acto seguido se sentaba en la silla y se ataba las manos. Entonces volvía a chillar histérico, con los ojos inyectados y el corazón a punto de salírsele del pecho.
Su captor soltó una carcajada desgarradora. Él mismo río sin parar. Desde fuera dos palomas observaban la escena, ajenas a todo. Un sólo joven. Una sola habitación. No muy lejos ardía una casa familiar.
De repente algo se rompió y se hizo el silencio absoluto.
Semanas más tarde, cuando la policía llegó allí, encontraron dos cuerpos tumbados en el suelo.
Y ese extraño olor a gasolina.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Vizcaíno
Me sabes a mar del norte, a eso me sabes
y al acercarme a ti, a tus ojos lo veo dentro
bravo y libre y eterno.
y al acercarme así, a tu piel, tras dormir sobre tu piel
luego descubro que mis ropas se llenaron de arena.
y al acercarme a ti, a tus ojos lo veo dentro
bravo y libre y eterno.
y al acercarme así, a tu piel, tras dormir sobre tu piel
luego descubro que mis ropas se llenaron de arena.
sábado, 8 de octubre de 2011
October days
Suena un piano de fondo. A veces la vida se condensa y se reduce al tamaño de una uva o se hace inmensa; de ambas formas se convierte en algo demasiado pequeño o demasiado grande para prestarle toda mi atención.
Eso consigue el piano.
Cierro los ojos y cierro los poros, cierro la boca y la nariz.
No sé matemáticas, no entiendo los ritmos, pero no importa en absoluto. Jamás ha importado.
Ahora la vida está fuera de su espacio, ocupando otro continente que no me concierne, no me asusta ni me responsabiliza.
He olvidado respirar desde hace tiempo, no puedo contarlo, ya no sé contar. Y así escribo mentalmente palabras que no recordaré y que quedan grabadas como notas que mañana sonarán diferentes.
Descanso en un suave aleteo de mariposas soleadas, de puentes de madera que no unen orillas, las separan.
Separan el mundo de la pura abstracción y olvido qué soy, quién soy y para que sirve una gota de vida en mitad de un universo.
Entonces, cuando estoy a punto de perderme para siempre, un sonido envolvente y directo sale de una flauta y me devuelve. Abro los ojos y la piel, abro la boca y la nariz.
Y la uva se hace grande y la inmensidad se reduce y mi atención se posa en cada espacio. El reloj vuelve a su eterna carrera y me acurruco un poco más en la almohada. Sólo un poco.
Es lo más bello de despertarse.
Eso consigue el piano.
Cierro los ojos y cierro los poros, cierro la boca y la nariz.
No sé matemáticas, no entiendo los ritmos, pero no importa en absoluto. Jamás ha importado.
Ahora la vida está fuera de su espacio, ocupando otro continente que no me concierne, no me asusta ni me responsabiliza.
He olvidado respirar desde hace tiempo, no puedo contarlo, ya no sé contar. Y así escribo mentalmente palabras que no recordaré y que quedan grabadas como notas que mañana sonarán diferentes.
Descanso en un suave aleteo de mariposas soleadas, de puentes de madera que no unen orillas, las separan.
Separan el mundo de la pura abstracción y olvido qué soy, quién soy y para que sirve una gota de vida en mitad de un universo.
Entonces, cuando estoy a punto de perderme para siempre, un sonido envolvente y directo sale de una flauta y me devuelve. Abro los ojos y la piel, abro la boca y la nariz.
Y la uva se hace grande y la inmensidad se reduce y mi atención se posa en cada espacio. El reloj vuelve a su eterna carrera y me acurruco un poco más en la almohada. Sólo un poco.
Es lo más bello de despertarse.
jueves, 6 de octubre de 2011
Steve Jobs
La primera vez que escuché su discurso fue en un seminario de bioquímica del hospital, cuando todavía estaba estaba en primero de carrera.
http://lanietadelimpresor.blogspot.com/2009/02/discurso-steve-jobs.html
http://lanietadelimpresor.blogspot.com/2009/02/discurso-de-steve-jobs.html
Entonces me emocioné al oírle, suele pasarme con facilidad. Se me humedecieron los ojos, me llegó muy dentro aquel momento y luego me dio vergüenza que los demás me vieran así. En casa lo vi más veces, me empapé de su fortaleza (lo intenté) y escribí una entrada en este blog, con el vídeo y el discurso.
Hoy, varios años después, he vuelto a verlo.
Y esta vez he llorado de otra manera, con dolor.
Pero también con más fortaleza que entonces.
No hay nada más que añadir salvo que Steve Jobs es y será un ejemplo de autosuperación y de entereza para todos nosotros.
Esté dónde esté: Stay hungry, stay foolish.
jueves, 29 de septiembre de 2011
J
No sé si te he contado alguna vez que respiro más deprisa si estás cerca y mis fragilidades se deshacen como el granizo sobre el alféizar de la ventana. Que no entiendo porqué existen los dos lados de la cama ni porqué los auriculares no tienen cuatro cascos. Tampoco sé si alguna vez te he dicho que tienes la mirada más bella que existe sobre la faz de la tierra y que tengo miedo de perderte, aunque no tenga motivos para temer nada.
No sé si alguna vez te he confesado que cierro los ojos para imaginarte cuando te marchas.
O que todos los olores me recuerdan a ti, simplemente porque siempre estás conmigo.
No sé si sabes que eres importante, demasiado importante, que no puedo vivir sin ti.
No sé si te he contado alguna vez...que llevas mi fe en tus manos.
En tus grandes y cómodas manos.
martes, 27 de septiembre de 2011
Dabeliú
En alguna de esas casas alguien celebra un gol. Su voz se oye desde la esquina y se pierde bajo las luces de cuatro farolas mal puestas. Esta noche no es ni fría ni calurosa. Es solo una noche más de septiembre y Dabeliú tiene sed.
Ha llorado tanto que ahora necesitaría beber todo el agua del Sena para poder paliar su necesidad fastuosa, su sofocante ahogo, su horrible angustia. También ha perdido tanta sal que su cabeza comienza a dar vueltas y sus ojos ven formas extrañas en lugar de transeúntes deseosos de llegar al hogar.
Dabeliú ha llorado tanto que se le ha olvidado porqué lo hacía.
Y ahora vaga por los adoquines contando las líneas que salen de las punteras de sus botas rojas.
De vez en cuando da punta piés contra el aire, como si intentase dar un toque de normalidad a la escena surrealista que la acompaña.
Entonces ve a lo lejos una luz sobre las montañas y, frente a ella, un camino de tierra en mitad de la ciudad.
Cuando Dabeliú despertó, en su cama de esquinas doradas y almohadas de satén, dejó de tener miedo.
Ha llorado tanto que ahora necesitaría beber todo el agua del Sena para poder paliar su necesidad fastuosa, su sofocante ahogo, su horrible angustia. También ha perdido tanta sal que su cabeza comienza a dar vueltas y sus ojos ven formas extrañas en lugar de transeúntes deseosos de llegar al hogar.
Dabeliú ha llorado tanto que se le ha olvidado porqué lo hacía.
Y ahora vaga por los adoquines contando las líneas que salen de las punteras de sus botas rojas.
De vez en cuando da punta piés contra el aire, como si intentase dar un toque de normalidad a la escena surrealista que la acompaña.
Entonces ve a lo lejos una luz sobre las montañas y, frente a ella, un camino de tierra en mitad de la ciudad.
Cuando Dabeliú despertó, en su cama de esquinas doradas y almohadas de satén, dejó de tener miedo.
jueves, 15 de septiembre de 2011
4º
Han pasado tres años desde que esto comenzó. Ahora empezamos el cuarto. Recuerdo que el primer viaje fue nuevo y sorprendente, que pasé miedo al principio y me fui enfrentando a los pequeños retos del día a día. He conocido personas, he creado fuertes lazos. Mientras escribo, en mi ordenador se puede oír una canción de Mohammed Salem, un cantante que jamás habría conocido de no haber sido por estar aquí. Pensaba que la medicina era una ciencia maravillosa por su capacidad para resolver las dudas que me componen, por su entrega a los demás, por ser una profesión diferente. Lo que desconocía era que iba a llenarme tanto de la esencia humana.
He madurado, lo siento de verdad. Me miro a mí misma y no encuentro los temblores del pasado. Piso con fuerza y no tiemblo, aunque sigo derrumbándome cuando alguien me da en el tendón de Aquiles.
Veo el mundo desde los ojos de alguien que comprende algo más de la vida o por lo menos cree hacerlo.
He tocado la muerte ajena con los dedos y la moral humana con las palmas de las manos y todavía descubro que me quedan muchas baldosas del camino amarillo.
Ya no lloro ante la mentira, pero si sufro cuando se acerca. Hay cosas que no podré cambiar, no puedo llegar a sentirme indestructible, pero tampoco quiero serlo.
Me gustaría mostrar la seguridad en mis ojos y la comprensión en mis gestos. Me encantaría poder ayudar con la voz.
Que en mi presencia no hubiese silencios incómodos para nadie y que mis futuros pacientes vean en mí mucho más que una bata adornada con el fonendo que primero fue de mi padre.
Siento que hoy debo agradecer mucho. A todos. A mi familia y amigos, a Jesús y a mis compañeros, porque sin ellos no habría aprendido nada. También doy gracias a todos los que me pusieron contra la pared alguna vez, u hoy en día todavía siguen buscándome las cosquillas de alguna manera, porque me empujaron a crecer.
Avanzamos y disfruto viéndolo, aunque a veces desearía que los días tuvieran más horas para poder atraparlo todo. Pido perdón si alguien ha sentido que durante el viaje le fallé o no le presté suficiente atención.
No existe la buena suerte, sí las decisiones correctas. Queda mucho camino y espero que sea siempre con vosotros.
Y, por si creíais que os había olvidado, no puedo irme sin lanzar un abrazo al cielo para el impresor, su mujer y su hija mayor. Vosotros me disteis las alas que aún hoy no me han cortado.
He madurado, lo siento de verdad. Me miro a mí misma y no encuentro los temblores del pasado. Piso con fuerza y no tiemblo, aunque sigo derrumbándome cuando alguien me da en el tendón de Aquiles.
Veo el mundo desde los ojos de alguien que comprende algo más de la vida o por lo menos cree hacerlo.
He tocado la muerte ajena con los dedos y la moral humana con las palmas de las manos y todavía descubro que me quedan muchas baldosas del camino amarillo.
Ya no lloro ante la mentira, pero si sufro cuando se acerca. Hay cosas que no podré cambiar, no puedo llegar a sentirme indestructible, pero tampoco quiero serlo.
Me gustaría mostrar la seguridad en mis ojos y la comprensión en mis gestos. Me encantaría poder ayudar con la voz.
Que en mi presencia no hubiese silencios incómodos para nadie y que mis futuros pacientes vean en mí mucho más que una bata adornada con el fonendo que primero fue de mi padre.
Siento que hoy debo agradecer mucho. A todos. A mi familia y amigos, a Jesús y a mis compañeros, porque sin ellos no habría aprendido nada. También doy gracias a todos los que me pusieron contra la pared alguna vez, u hoy en día todavía siguen buscándome las cosquillas de alguna manera, porque me empujaron a crecer.
Avanzamos y disfruto viéndolo, aunque a veces desearía que los días tuvieran más horas para poder atraparlo todo. Pido perdón si alguien ha sentido que durante el viaje le fallé o no le presté suficiente atención.
No existe la buena suerte, sí las decisiones correctas. Queda mucho camino y espero que sea siempre con vosotros.
Y, por si creíais que os había olvidado, no puedo irme sin lanzar un abrazo al cielo para el impresor, su mujer y su hija mayor. Vosotros me disteis las alas que aún hoy no me han cortado.
jueves, 1 de septiembre de 2011
Cambio
Todo cambia, lo he dicho muchas veces y es cierto, siempre es cierto. Me gustan los cambios porque son los encargados de señalar las épocas de mi vida de una forma diferente a la de los meses y años. Una vez tuve 15, pero recuerdo mejor el móvil que me regalaron en Navidad y la primera vez que le vi a él y a sus ojos verdes transparentes. Otra vez tuve 8 y me quedo con mis bailes por el salón con una gorra en la cabeza y los discos de vinilo de papá. También tuve 12 y el miedo a dejar de ser una niña. Y tuve 18 y llegó el terror a confirmar que sí, que definitivamente ya no era una niña.
Los cambios me recuerdan que estoy viva, que he superado los peores momentos y los mejores. Que empiezan otros.
Y que sólo tengo una oportunidad para vivir esto, equivocándome, acertando, aprendiendo y enseñando.
Y saberlo hace que cada día tenga ganas de seguir, sólo porque no sé que cambio me espera.
Los cambios me recuerdan que estoy viva, que he superado los peores momentos y los mejores. Que empiezan otros.
Y que sólo tengo una oportunidad para vivir esto, equivocándome, acertando, aprendiendo y enseñando.
Y saberlo hace que cada día tenga ganas de seguir, sólo porque no sé que cambio me espera.
domingo, 28 de agosto de 2011
Brincar
A Maloa no le gustan las personas interesadas. Dice que su "yo" es demasiado pesado y les cuesta actuar sin dejar de pensar en ellos primero. Lo cargan en su espalda, es una losa de piedra.
Los no interesados tienen un "yo" más pequeño que cabe en cualquier parte, puedes sostenerlo en la mano. El tamaño perfecto, como los libros de bolsillo.
Las personas interesadas escriben tu dirección en un papel y luego se lo comen; después pasan meses y meses sin necesidad de verte, como mucho se asomarán a tu ventana para cotillear cómo te va y si requieren de algo que tú les puedes ofrecer es sencillo: vomitan el papel.
A Maloa le disgusta mucho el olor a vómito.
Por todo eso es mejor no ser interesado, pero no siempre elegimos lo mejor sino lo que es más cómodo.
Por eso Maloa sólo tiene dos pertenencias: su alma y su vida. Ysólo las comparte cuando un "yo" pequeño brinca en una mano que saluda.
lunes, 8 de agosto de 2011
Microrrelatos
Hoy una futura gran periodista me ha preguntado si quiero escribir microrrelatos para/con ella y yo he dicho rápidamente que sí, pero matizando que mi voz eternamente afónica no se atreverá a leerlos en su programa de radio matinal. Ella habrá sonreído, digo habrá porque sólo podía imaginarla al otro lado del teléfono, y después ha dicho: no hay problema, yo los leeré.
Entonces me han temblado las manos al colgar, he tosido el miedo de la garganta, acompañando al resfriado agostino de cada año y he pensado que no sé si lo haré bien o mal.
Ha sido en ese momento cuando ha venido a mi mente, como si lo estuviera viviendo de nuevo, aquel viaje de vuelta a Madrid.
Tú conducías y yo miraba por la ventanilla. Ambos recordábamos lo fantásticos que habían sido esos días en el mar.
Sólo habían pasado horas desde que me levanté de la silla y entregué el último examen del curso, por eso todavía los nervios y la presión de tantos meses no me habían abandonado.
Volvíamos después de llenarnos por dentro y por fuera. Después de tu mano en mi frente y tus pies marcando el camino, dejando las huellas en la arena dónde yo pisaría.
Después de tu risa y tu palabra. Y tantos ratos de ser aún más transparentes entre nosotros.
Volvíamos y yo sintonicé la radio en busca de algún programa, de alguna canción.
Entonces Javier Gallego habló, desde el programa Carne Cruda de radio 3 y tras escucharle me acariciaste la pierna, sin despegar los ojos de la carretera y sin hablar me dijiste, de nuevo "te quiero".
He recordado lo que nos contó, he recordado cómo olía el coche y cuánto me ardían las piernas quemadas por el sol. He vuelto a recordar cómo me dijiste en aquél viaje que yo era capaz de todo, que no dejase que nada pudiese conmigo ni con mis sueños.
Por eso hoy, pensando en los microrrelatos, en mi catarro y mis miedos, he vuelto a encontrarte a ti.
Te quiero Jesús.
La lectura a cuatro manos (Javier Gallego)
http://blog.rtve.es/carnecruda/2011/06/la-lectura-a-cuatro-manos.html
...Como cualquier placer, no descubres lo que te gusta leer hasta que lo compartes, hasta que le lees a otro o dejas que te lea. Ahí descubres además que esa forma de lectura tiene enormes ventajas sobre todo si se practica con la persona cuya presencia te es indispensable. Descubres que puedes tocar al mismo tiempo el papel y la piel de otro, pasar páginas y tu mano por la suya, escuchar y que te escuchen y algunas proezas que desafían la lógica como leer sin abrir los ojos, sostener un libro sin tocarlo, pasar las páginas con la mente o terminarte un libro sin haberlo empezado tú. Como veis es mucho más sorprendente y animado leer un libro a cuatro manos que hacerlo sólo con las dos tuyas. Y une con tanta fuerza como las páginas están unidas entre sí al lomo del libro. Cuando alguien comparte generosamente contigo un rincón tan privado y hace el esfuerzo de leerte y de escucharte a partes iguales, ambos lectores y oyentes quedáis en deuda consentida y deseada el uno con el otro. Por eso no entiendo por qué no lo hacemos más....
miércoles, 27 de julio de 2011
Utoya
Utoya y Utopía tienen el mismo comienzo, pero diferente final.
Dos islas.
Una real, la otra fantástica, pero ambas continentes de personas que buscaban alzancar una compresión del mundo desde sus valores e ideales políticos.
Utopía nunca fue destruida pues sólo existe en mentes ya ausentes y en algunas que hoy la dibujan cambiada; Utoya sí ha sido destruida, pues su imagen jamás será la misma.
Sus árboles, su hierba, sus aguas. Nada borrará lo que allí ocurrió. De la misma manera que el Drina nunca volvió a ser el mismo, ni los ojos del Coliseo, ni los ladrillos de Scheunenviertel, ni la carretera que unió Madrid - Valencia en 1937.
Hay lugares que permanecerán para siempre marcados y es imposible cambiarlo.
lunes, 18 de julio de 2011
En bikini
En bikini todas las mujeres son más bonitas. Son tal y cómo se ven cuando nadie las mira y creen que no nos damos cuenta. Eso las hace aún más bellas.
En bikini las mujeres se sueltan el pelo y se lo mojan, sin pensar en cómo quedará después.
Por eso bucean y nadan y luego salen empapadas del agua. Da igual todo, sólo son tal y cómo deben ser sin pinturas ni vestimentas.
Y no existen maquillajes a prueba de arena. No hay mejor pintalabios que la sal brillando.
En bikini las mujeres son cómo son cuando se miran al espejo desnudas y se quieren a sí mismas.
Por eso creo que todas estamos obligadas a vestir bikini al menos una vez al año, de la misma manera que otros deben peregrinar a La Meca.
Y adorarnos cómo somos, con cada pedazo de piel, músculo y hueso que es totalmente y maravillosamente imperfecto.
En verano las mujeres deberían sentarse a la sombra y disfrutar de un racimo de uvas. Y no pensar en nada salvo en lo largas que son sus pestañas y sus piernas. Aunque no lo sean.
Eso es lo de menos.
En bikini una mujer siempre debe sentir que es libre, tan libre que no desea otra cosa más que ser feliz.

domingo, 17 de julio de 2011
En su tripa
No todos los padres son iguales. Ella lo supo desde que nació. Cuando él la sostuvo en brazos sintió el miedo a la responsabilidad emanando por los poros e introduciéndose en los suyos.
Así creció. Sabiendo que el hombre que la había traído al mundo no estaba seguro de quererla como, en general, se debe amar a un hijo.
La observaba juguetear en la cuna, preguntándose cómo algo tan diminuto podía crecer tanto.
A veces la tocaba la cabeza despacio, con precaución, no quería que la madre de la criatura le repitiera a gritos que era muy frágil.
Su hija era frágil por ser pequeña, por no saber relacionarse con el mundo, por no poder defenderse. Igual que él.
Pero ella podía llorar y al momento unos brazos cálidos la reconfortarían. Él no sabía llorar.
Nunca había hecho nada bien y este nuevo reto se planteaba como algo imposible.
Entonces ella lloró una vez más y en ese momento mamá no podía acudir.
Instintivamente quiso huir, como siempre había hecho ante los problemas. Como hizo cuando supo que ella estaba embarazada o cuando a principios de mes no volvía a casa durante días.
Huir era la opción más fácil.
En ese momento miró hacia la puerta, se vio a sí mismo saliendo por ella, casi estaba levantándose al mismo tiempo, pero algo cambió.
Algo dentro le obligó a mirarla, como si no pudiera hacer otra cosa.
La observó de manera diferente, sin curiosidad, como si su cuerpo necesitase ir a su lado para calmarla.
Ella le miraba desconsolada, llorando como si todos los males del mundo se hubiesen acomodado en su diminuto corazoncito.
Intentó acariciarla, hacerla reír, pero nada conseguía.
Entonces se dejó llevar.
Cuando mamá entró en la habitación se quedó parada en la puerta, con las manos todavía mojadas de fregar los platos. La imagen que tenía ante ella le llenó los ojos, tanto que dos lágrimas rodaron al unísono por sus mejillas.
Y, mientras tanto, la pequeña ajena al mundo real, dormitaba feliz sobre la tripa de papá, mientras éste, a duras penas, intentaba moverse lo más mínimo, encajonado entre los barrotes, para no romper la cuna que los sostenía a ambos.
martes, 12 de julio de 2011
Ojos de niña
A menudo pensamos que la muerte son dos brazos que sólo atrapan cuando no puedes huir corriendo.
Por eso si sentimos la fuerza en las piernas, no tememos nada. Y corremos veloces, ajenos al paisaje que dejamos atrás, seguros de ser invencibles. De saber que la vida es nuestra.
Así los jóvenes, a menudo, no tememos a nada ni a nadie.
Es ahí fuera, en otros lugares, dónde sí ocurren los accidentes, los problemas, el dolor y la vida se escapa. Pero no aquí, no entre estas cuatro paredes.
Por eso cuando la muerte se adelanta y nos frena en plena salida nos caemos de bruces. Y tenemos miedo.
Nos quedamos petrificados mirando hacia la nada, repitiendo una y otra vez "no puedo creerlo".
Y pensamos que alguien joven jamás debe morir.
No puede morir, pensamos.
Y volvernos a caer en el error de la falsa seguridad.
Proteger la vida es algo sencillo cuando nos enfrentamos a los obstáculos diarios;siempre habrá algunos inevitables, pero en su mayoría no lo son y, por desgracia, son los que más ocurren.
Accidentes de tráfico, abuso de drogas, abusos sexuales, acoso escolar.
No es fácil vivir, claro que no lo es.
Pero ahí está la semilla.
Mire a los ojos a un niño pequeño e imagínelo dentro de diez años. La sensación es confusa, pues sabes que su mente hoy es un bloque de plastilina que se moldea con cada vivencia.
Si le hablas, estarás participando en ello.
No importa si son dos palabras, si les curas una herida en la rodilla o les echas una reprimenda por arrancar las hojas del árbol. Y ahí está la esperanza. Siempre.
La vida tiene un principio y un final. El dolor es inevitable. Nada está escrito y todo tiene un porqué.
No te marees, no temas.
Todo tiene sentido, disfruta del viaje.
Y si en algún momento pierdes el rumbo o la fe, cierra los ojos y ábrelos en el mismo instante en el que tenías cuatro años.
Porque cuando todo parece perdido, la mejor respuesta está en preguntárselo todo de nuevo. Ahí reside la ilusión.
domingo, 19 de junio de 2011
Terminar
- Sólo quiero terminar - dice la pequeña Sunniesoop.
- ¿Terminar de qué?
- Terminar de estudiar y descansar - responde ella.
Bueno diminuta persona con ojos de coca cola, eso no es terminar, es hacer un paréntesis. No resoples, llevo razón. Llevas mucho tiempo sentada en esa silla, moviéndo tus piernecitas blancas mientras bufas cuando la tinta cae en tu brazo. Llevas mucho tiempo con el cuello dolorido, tanto que a veces te miro y me asusto, porque en lugar de verte a ti veo a un contorsionista.
Eso, ríe, cuando ríes estás viva.
Mereces descansar, pero también recuerda que tienes mucha suerte por poder hacer lo que te gusta.
¿O quieres llevar sacos de cemento a tu espalda a las 4 de la mañana para que luego olviden pagarte por ello? Da gracias por lo que tienes.
Sí, bueno, de cemento o de cualquier otra cosa.
Ahora esfuérzate, no queda nada. Luego podrás pasear descalza por la arena y quedarte hasta las tantas en la calle. ¿Sabes? A veces lo único que necesitas es perder un poco el tiempo, como si te pasaras doce horas mirándote los pies. ¿A que sí? Tienes ganas de poder hacer eso. Lo harás.
Ahora concéntrate, memoriza, comprende y asimila. El premio vendrá después.
Yo también tengo ganas de que "termines". Sí, sí.
Más que nada porque tengo miedo de que algún vecino fisgón me denuncie: creen que te he cambiado en el mercado negro por un bebé oso panda.
Eso, ríe. Porque aunque lo parezcas sigues siendo la cosa más bella del mundo.
- ¿Terminar de qué?
- Terminar de estudiar y descansar - responde ella.
Bueno diminuta persona con ojos de coca cola, eso no es terminar, es hacer un paréntesis. No resoples, llevo razón. Llevas mucho tiempo sentada en esa silla, moviéndo tus piernecitas blancas mientras bufas cuando la tinta cae en tu brazo. Llevas mucho tiempo con el cuello dolorido, tanto que a veces te miro y me asusto, porque en lugar de verte a ti veo a un contorsionista.
Eso, ríe, cuando ríes estás viva.
Mereces descansar, pero también recuerda que tienes mucha suerte por poder hacer lo que te gusta.
¿O quieres llevar sacos de cemento a tu espalda a las 4 de la mañana para que luego olviden pagarte por ello? Da gracias por lo que tienes.
Sí, bueno, de cemento o de cualquier otra cosa.
Ahora esfuérzate, no queda nada. Luego podrás pasear descalza por la arena y quedarte hasta las tantas en la calle. ¿Sabes? A veces lo único que necesitas es perder un poco el tiempo, como si te pasaras doce horas mirándote los pies. ¿A que sí? Tienes ganas de poder hacer eso. Lo harás.
Ahora concéntrate, memoriza, comprende y asimila. El premio vendrá después.
Yo también tengo ganas de que "termines". Sí, sí.
Más que nada porque tengo miedo de que algún vecino fisgón me denuncie: creen que te he cambiado en el mercado negro por un bebé oso panda.
Eso, ríe. Porque aunque lo parezcas sigues siendo la cosa más bella del mundo.
lunes, 13 de junio de 2011
Nuites
Sigue teniendo miedos, las mismas pesadillas de antes que lo asaltan en mitad de la noche mientras medio planeta duerme. Antes se despertaba aterrado, sobrecogido y daba vueltas por la cama hasta que la realidad le devolvía la paz.
Ahora es parecido, sigue ocurriendo, pero entonces se da la vuelta y la encuentra a ella, durmiendo tranquila como si estuviera en el paraíso. Entonces los temores se desvanecen.
Ahora es parecido, sigue ocurriendo, pero entonces se da la vuelta y la encuentra a ella, durmiendo tranquila como si estuviera en el paraíso. Entonces los temores se desvanecen.
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