martes, 18 de agosto de 2009

Diluvio de los voraces


Rodéate de personas buenas.
Deja que se te pegue de ellas su forma de afrontar la vida, el color de su piel.
Sus sueños.
Invierte tu tiempo en mecer una cuna,
aunque esté vacía.
Para descansar un poco del vórtice en el que giramos.
Y coge a un bebé en brazos, durante varios minutos.
Para que aprendas a centrar tu atención en lo que haces, a mimar lo que haces,
que te llene tu inocencia y curiosidad.
Habla al anciano.
Al africano que vende periódicos en la puerta del mercado.
A la vecina cotilla.
Al camarero del bar de al lado.
Cuéntales quién eres y empápate de lo que ellos te quieran mostrar.
Invierte tu tiempo en desmembrar cada pincelada de un cuadro.
Saborea una tarrina de helado, siente el frío acero de la cuchara en tu lengua y
cómo eclosionan el aroma y la crema en tu garganta.
Indefinible desenlace.
Di "te quiero" a tus padres.
Aunque no estén cerca, aunque no respondan, aunque no los tengas.
Di "te quiero" al espejo cuando se cruce contigo.
Y a tu gato, a tu loro y al monstruo que duerme bajo tu cama.
Sal de la ducha con los ojos cerrados e intenta secarte y vestirte sin abrirlos,
para que, cuando lo hagas, te redescubras de repente.
Nuevo.
No te mires en un espejo durante un día entero.
Para aprender a echarte de menos a ti mismo.
Abrázate.
Bésate.
Acurrúcate en ti.
Pasea descalzo.
Sonríe.
Y ahora piensa en algo que te haga feliz.
Y atrapa ese momento.
Lee algo de filosofía.
Ojea un álbum antiguo.
Estrena otro.
Enloquece.

Cuando llegue la hora dormir, un vaso de leche fría con canela, huele la canela...
y descansa.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Un camino


María:
"Recuérdame ¿por qué medicina? La bata pierde su sentido cuando se llena de sangre y el fonendo se estropea cuando el corazón no late. Y 20 años después de acabar la carrera mi madre contiene el llanto con Pablito en brazos. Su mamá ya no me volverá a pedir que le cuide. ¡No quiero sentir esa impotencia!"


María:
"Nose por qué te he mandado ese mensaje, llevaba a mamá a desayunar después de una dura guardia y llorando me ha contado que Pablito, el niño que yo cuidaba, llevaba en coma un mes y que esa misma noche había muerto y como ella estaba de jefa de urgencias de infantil, ha tenido que hablar con los padres, hacer los papeles de defunción y todo...
No quiero... no quiero sentir la impotencia que escapaba de las lágrimas de mi madre... no quiero Laurita... Sigo sin saber por qué te lo suelto sin más, quizás por tu tierno corazón, o porque espero encontrar alivio en tus mágicas palabras, o mucho más simplemente.. por lo que primeramente me unió a tí (médico).

Laura:
No entendí el mensaje. Supuse que sería algún nombre escogido al azar por ti, para explicarme porqué no estudiar medicina. Entonces pensé que estarías agobiada estudiando y por eso ese desfogue movilístico sin principio ni final, muy emotivo, un mensaje que realmente me dejó parada, en mitad del cuarto, sin saber qué responder. Después de crear una contestación más o menos perfecta, hecha con tiempo, razón y mucha ternura, quise enviarla sin saber a ciencia cierta qué querías oír o qué debía decir yo y Movistar me comunicó que no era posible enviarlo, no había saldo suficiente.
Entonces te escribo este privado por el maravilloso tuenti, después de descubrir otro mensaje tuyo, esta vez explicándome qué había pasado.
Al leer tus palabras me he sentido vacía, de repente, me he visto en una sala blanca, con tu madre. La he imaginado guapa, como tú, pelo corto y castaño, con cara triste y enfrente de nosotras a un papá y una mamá desconsolados, asustados, como si el guión de sus vidas se hubiese desvanecido entre llamas.
Y veo a Pablito, a ese niño, cogido de los brazos de tu madre, sin vida.
Y por un lado intento entender la muerte, intento comprender el fallo citológico, histológico, orgánico, sistemático de un increíble e imperfecto cuerpo humano.
Un cuerpo humano diminuto, como el de Pablito.
Pero no puedo. No puedo entenderlo. No sé seguir la ecuación. Nunca entendí las matemáticas.
Me miro la bata blanca, me asusta tanto como a ti.
Me da miedo no saber curar, me aterra fallar, me asusta no ser una superheroína para todo el que me pida ayuda.
Me da miedo pensar en Pablito.
Porque amo la vida, como tú, como tu mamá, como mi padre, como mi tío Pepe.
Médicos.
Cuánto esconde esa palabra.
La vida....en unas manos, en unos segundos.
Pequeña Mateos, aquí en la universidad nos enseñarán lo mejor que puedan a ser infalibles, a meter en nuestras cabezas saberes, esquemas, remedios y palabrejas miles, a hablar, a mirar, a tocar.

Y luego, el mirar a los ojos, recoger la lágrima que cae por la mejilla, la mano en el hombro, el café en el pasillo de urgencias, los puños de impotencia, la luz roja de la puerta, la línea continua de la pantalla, el olor a sangre, el llanto en la sala, las ganas de seguir, la fatiga por no dormir, las disputas con compañeros, los abrazos porque todo salió bien, los aplausos cuando uno no falló, la fraternidad entre amigos, la mirada agradecida, el beso en la cara para el que luchó y no pudo salvar la vida, el guiño en el ojo para el que se va y al que deseamos no volver a ver, por allí...todo eso, vendrá después, sin buscarlo, sin quererlo.

En tu mensaje me preguntabas ¿Por qué medicina? Y yo te respondo "Por Pablito"
Sólo era un niño, no le tocaba morir, la vida es injusta, el mundo es injusto.
Por eso tú y yo, nuestros compañeros de clase, nuestros compañeros de todas las demás universidades, todos, debemos preguntarnos a diario ¿por qué Medicina?
Para responder "Por ellos"
Por todos aquellos que nos necesitan.
Por todos aquellos que ya no la requieren.
Por el apretón de manos.
Y volver a casa lleno de las circunstancias ajenas.
Porque somos humanos y queremos ser útiles.
Es nuestro papel, es nuestro lugar.
Porque serás médico las 24 horas del día, con y sin bata, con y sin fonendo, con y sin ganas de serlo.
Aquí, allí y más allá.
Sé que conocerte no fue casualidad Dr. Mateos.
Ánimo, siempre, ánimo.
Te quiero
(Ardilla)

sábado, 8 de agosto de 2009

Cookies


Nos tumbamos en las rocas. Me miraste de reojo, sin saber qué decir.
El silencio cubría las piedras y sin mediar palabra sacaste una galleta
para dármela a mí.
Tu galleta.
Entonces desperté y saboreé los restos de aquel sueño.
1:00 a.m.
Bostecé, te eché de menos.
Te busqué en las sábanas, en los bolsos colgados de la pared, en la taza del nesquick.
En el sol de la ventana, el olor del parque de enfrente.
Me toqué la frente, ardía.
Intenté dormir.

Entonces sonó el teléfono, un mensaje.

"Pequeña..no sé si te he dicho alguna vez que quiero estar contigo el resto de mi vida"

Y desde la playa, con insomnio, viendo un partido de R.Madrid - Toronto, me llamas y te digo que por qué eres así, entonces te cuento un chiste pésimo "¿Qué se ve desde la torre más alta de Toronto? Torontontero...(8)"
Y creo que te duermes sonriendo...

Me despido de tu voz. Te echo de menos.
Sueño que caminamos por las piedras, dando saltitos, huyendo de los niños que intentan atraparnos porque somos muy tiernos. Tú eres azul y yo rosa y me encanta que de vez en cuando me regales esa galleta tan importante para ti.

Despierto. Calor de agosto. Un nuevo día por delante.
Suena el teléfono.
"Buenos días...."
Te vas a la playa y yo me quedo aquí...
Pero me quedo con ese "adiós mi vida".

Y en algún lugar de Gandía surca el agua un peluche azul.


Mientras otro rosa de nariz naranja le espera aquí.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Mi derecho a morir

Nadie le preguntó si quería nacer.
Quizás si se hubiera encontrado en la situación de poder elegir, habría decidido ser un delfín, básicamente por la sensación placentera y única que produce el roce del agua con la piel.
Pero bueno, le tocó ser hombre. Sus 46 cromosomas le dieron todo: el cuerpo, la salud, la enfermedad y el espíritu.
Y no se arrepintió de haber nacido, pues su familia fue buena, su educación, la necesaria, el amor fue el motor de su vida y el conocimiento su adicción.
Realmente no fue un gran filósofo, prefirió divagar menos y comprender más.
Pero llegado el momento tuvo que preguntarse algo que nunca se había cruzado por su mente.
Tras aquel accidente de tráfico su cuerpo quedó dormido, aletargado, quizás enfadado con su cabeza y desobediente, porque nunca más quiso volver a escucharla.
Sus miembros dejaron de recibir órdenes y pasaron a ser partes inmóviles de un cuerpo todavía vivo.
Fue duro, muy duro para él.
Y entonces algo asaltó su cabeza; igual que en su día se preguntaba porqué nunca pudo ser delfín, esta vez pensó algo menos bello, ¿quién decidía sobre su derecho a morir?
Entonces miles de motitas de filosofía cubrieron sus párpados, sus labios, sus yemas, su ombligo, sus rodillas, entraron por su garganta, en su sangre, en su voz...
"Libertad..." "Decisión" "Moralidad y ética" "Poder" "Ley" "Estado" "Religión y fe"...

Mientras crecía nunca quiso morir. Realmente era algo que no le asustaba, no todavía.
Es eso con lo que todos crecemos, eso que todos negamos, porque es difícil pensar en algo que no tiene un después.
Por eso creamos las religiones, por eso vivimos con fe: para creer en algo que no pueda fallarnos.

Y cuando él decidió que no quería vivir el mundo le señaló con el dedo y le llamó enfermo.
Sí, estaba enfermo, porque sufría tetraplejía.
Pero a él le llamaron enfermo por querer morir.
Le llamaron loco, le quitaron toda credibilidad a su palabras, pensaron que su nueva percepción del mundo le asustaba tanto que elegía la opción más fácil: morir.
Pero él estaba totalmente cuerdo.
No negaba que su percepción del mundo había cambiado: realmente ahora su visión había descendido varios centímetros por sentarse en una silla y muchos de sus sueños se perdieron con los restos del vehículo en aquel cruce.
Pero sabía que todo era un proceso y que no quería vivir.
No se afanaba en proclamarlo, no quería quitarse la vida, le asustaba mucho más que estar así.
Para él hubiese sido maravilloso poder transformarse directamente en un delfín.
Pues no necesitaría sus brazos ni piernas para sentir el roce del agua...
Le dijeron que tenía depresión: no tenía.
Le dijeron que el suicidio era un trastorno psicológico: él lo afirmo, también lo pensaba, pero él no quería suicidarse, nunca lo había querido.
Él amaba la vida, pero no quería vivir así.

Y claro...ahí estaba la duda, la polémica, el debate, el problema...
La esperanza se sentó frente a él y le dijo claramente que no se quedaría por mucho tiempo.
Y cuando ella se marchó, las ganas de vivir se fueron de su mano.
Él quería hacer tantas cosas...
Veía a otros inválidos en sus sillas, felices, luchando por un mundo de igualdad y
así les envidiaba.
Le habría gustado que su cerebro hubiese encontrado la nueva situación como un reto más, no como un obstáculo, pero ahí residía la diversidad humana, no todos sabemos ni podemos actuar igual.
Por eso nadie le juzgó cuando pidió morir.
Porque todos entendieron que era su elección.
Fue como si en el viaje de la vida tomase un atajo para llegar a su destino.
Cuando todo terminó escuchó una voz profunda y acogedora.
- ¿Qué quieres ser?
Y pidió ser delfín.


Entonces el reloj de la vida comenzó a correr, otra vez.

domingo, 2 de agosto de 2009

De la mujer para el hombre

Me preguntaste que quiero ser:

Quiero ser
como viento racheado,
seré ráfagas.
Viajando sobre fotones de luz, sobre ondas coloreadas.
Seré águila, seré halcón.
De corazón niquelado.
Y volaré sin destino ni visado, hacia dónde la tormenta me lleve.
No amarraré mi barca al puerto, pues no pienso volver por el mismo lugar,
nunca desandaré lo andando.
Quedará a la deriva en el océano, surcando las aguas de Espronceda.
Y sin cañones ni lunas que rielan perecerá en la pecera
más bella e inmensa inventada jamás.
Seré pirata y doncella en apuros,
para ponerme un parche negro y vestidos de seda.
Para romper la losa de la mujer desvalida
cuyos dedos sólo coserán las heridas del ayer.
Seré todo, no seré nada.
Seré cobarde, me escribirá Séneca.
Por querer y no querer morir.
Alcanzaré lo más alto, sin ayuda de nadie
y mi sudor llenará de rocío los valles que recorrí.
Con estas manos me aferraré a las rocas
y me sobrará tiempo para arropar con ellas
las vidas de mi regazo.
Te llevaré conmigo, si quieres
porque puedo ser el honor, puedo ser valentía
el carbón que pinta el tapiz,
puedo ser quién quiera,
princesa, sabia, diosa o arpía
pero soy diamante en bruto sin ti.

Por la igualdad.

viernes, 31 de julio de 2009

Un libro, un personaje, un corazón


Fue la primera y la última vez vez que he llorado leyendo un libro.
Nunca antes me había pasado algo parecido y he de reconocer que es una experiencia inolvidable, pues no sé si mucha gente es capaz de emocionarse así con una historia fantástica e irreal.
Hoy ha venido a mi mente porque hace poco estrenaron la película y aún sin haberla visto todavía, las opiniones que voy escuchando sobre ella hacen que me cueste decidirme a hacerlo.
¿Por qué me ocurre? Si la saga de Harry Potter me atrapó con cada página, cada portada de la editorial Salamandra, cada capítulo deseoso de ser conquistado, ¿por qué no quiero ver la sexta película?
Quizás porque...ya es sabido que todas las producciones cinematográficas que se hacen sobre libros jamás alcanzan la perfección de ese montón de hojas y en este caso, según me han contado, el director ha olvidado la esencia de la magia y ofrece un culebrón adolescente donde se habla de "morrearse" en vez de magia.
Una imagen a veces no vale más que mil palabras cuando éstas te describen una despedida, un reencuentro, un momento tan intenso, como me ocurrió a mí en este caso.
A mí y creo que a todos los lectores de J.K. Rowling.
Recuerdo que estaba sentada en el sofá, alcanzando el final del libro.
Todas las aventuras de Harry habían sido imprevisibles, sorprendentes, muchas veces dolorosas e incomprensibles y otras necesarias y fatídicas, pero con el sexto libro en mis manos, recorriendo cada párrafo, algo dentro de mí se llenó de una ternura y una devoción hacia ese personaje tan venerado y entrañable: Albus Dumbledore.
El abuelo perfecto (como el mío): un anciano que desde el primer momento nos encandiló con su mechero robando las luces de las farolas, que lo sabía todo antes que nadie, pero dejaba a los demás buscar las respuestas, aquel que nunca se equivocaba, que estaría ahí en el momento oportuno, aquel con poderes sobrenaturales, ese que predicaba el perdón, la sabiduría, la paciencia, la constancia, el valor...Ese de las gafas de media luna, de los ojos azules cristalinos, casi transparentes, ese de las túnicas de colores y sombreros extraños, él...
Gracias a Rowling, Dumbledore (en el primer libro le llamé así Dumbledore, fonéticamente, tendría yo unos 8 años, luego descubrí que se pronunciaba "Dambeldor") se convirtió en ese ente protector con el que todos los niños sueñan, ese que nunca nos abandonará.
Por eso siempre que parecía no haber luz al final del túnel, sabía que él aparecería
y siempre lo hacía.
Cuando llegué al final del capítulo 26 mi corazón se paró durante unos segundos, algo dentro de mí pensaba que él no era un ser humano más, quizás por eso no quiero ver la película, para que nadie pueda arrebatarme ese recuerdo, ese momento en el sofá de mi casa
cuando las lágrimas rodaron por mis mejillas, al descubrir que Dumbledore no era sobrenatural.

Harry rozó la piedra con el brazo rasguñado y el arco, tras recibir su tributo de sangre, se abrió al instante. Cruzaron la cueva exterior y Harry ayudó a Dumbledore a meterse en el agua que llenaba la grieta del acantilado. - Todo saldrá bien, señor - repetía una y otra vez, más preocupado por el silencio del director que por la debilidad de su voz-. Ya casi hemos llegado...Puedo hacer que nos desaparezcamos los dos...No se preocupe... - No estoy preocupado Harry - repuso el anciano con tono más firme, pese a que el agua estaba helada-. Estoy contigo.

Harry Potter y El misterio del príncipe; capítulo 26, pág 535.


Y aquel "Estoy contigo" me dio a entender lo que vendría después, mientras comenzaba a sollozar irrefrenablemente. Fue descubrir que todos estamos solos en el mundo, que nadie es inmortal, es querer abrazar a a un personaje literario, decir un "todo irá bien" a algo que no existe.
Por eso quiero mantener siempre aquel recuerdo, porque fue maravilloso llorar así.
Porque sé que la película no lo reflejará, ni siquiera saldrá seguramente.
Y para mí Albus Dumbledore siempre será sobrenatural.


(Es una entrada un tanto "friki" o poco interesante para quién no conozca Harry Potter, pues no creo que entiendo lo que siento y es totalmente comprensible, pero era algo que necesitaba escribir)

jueves, 30 de julio de 2009

Julio casi agostino

Es verano.
Y pasan los días...
Y las horas...
Otro verano más.
Cúmulo de sentimientos y sensaciones que borbotean en un frasco cerrado.
Arena negra y acre, coquinas, agua helada, brugal con seven up, piel dorada,
sonrisas, paseos, regalos, vida contemplativa, complicidad.
Y una piña colada.
Mamá, papá.
Emi, Eugenio.
Pepe, Man.
Ana.
Y la brisa, el gazpacho, la sal.
Echar de menos a los que no están y a los que están un poco lejos,
pero pronto volverás a ver.
Comidas copiosas, dietas de helado, juegos con palas, carreras, montados
en canguros y delfines,
construir castillos con barro,
y un hippie haciendo pompas de jabón gigantes.
Regresamos.
Al calor, al sudor.
Lejos del mar, de su libertad.
Y encuentro los ojos de ellas y ellos.
Y me entra un hormigueo, ganas de abrazar, de contar, de perder el tiempo en la hierba, en batidos, en caminos, en el suelo.
Y apareces tú.
Con tus manos.
Con tus ojos.
Tú.
Ese al que había echado tantísimo de menos.
Y hacernos pasar por dos extraños que se conocen por primera vez.
Para que todo tenga la misma intensidad
que cuando nos marchamos.

Y una lágrima en mi mejilla
al recordar la arena, la sal, el gazpacho
y la complicidad entre una familia que se quiere y se cuida tanto.

viernes, 3 de julio de 2009

J.T

A tu lado soy capaz de contar después de infinito.
Y los copos nieve sobreviven en mi pelo aunque sea verano.
Si me miras aún me sonrojo, como el primer día.
Y puedo decir, con certeza, que si encuentro a oscuras todas las cicatrices de tu cuerpo
es porque te conozco.

Y si te conozco será porque no perdemos el tiempo en discutir por punzantes celos, golfos de playa y serpientes con tacón (las de Lorca),
será que preferimos mirarnos en silencio, para vernos en nuestra más sincera naturalidad.

Será que te pienso cuando menos me lo espero
y te extraño cuando me dejas en la puerta de casa.
Y no hay canción que no me hable en alguna nota de ti.
Ni violín inocente que no me transporte a tus manos.

Eres la voz que quiero escuchar el resto de mi vida.
Y la otra mitad del corazón que ha de latir en mi regazo.

lunes, 29 de junio de 2009

Musical "A" de Nacho Cano


No tengo palabras.
Simplemente reí, lloré, me emocioné, reflexioné y aplaudí.
¿Lo mejor? Sentir la euforia en el pecho y
en ese momento girar la cabeza, para ver las caras de papá, mamá, Ana, Man y Pepe sonriendo a la vez, con los ojos brillantes.
Fue la música, los acróbatas, la calidad de los actores y actrices, los bailarines, las luces, el olor...
y el mensaje.
Sólo puedo dar gracias por haberlo visto.
Gracias una y otra vez.


Aquí dejo la primera canción, la que relata el nacimiento
y habla con pureza, sin error, con el corazón
pues no usa palabras.

http://www.youtube.com/watch?v=_3v1Sx_Ct0U&feature=related


Y esta es una de mis favoritas:

http://www.youtube.com/watch?v=-w9VERMCdKc

Musical "A" de Nacho Cano

viernes, 19 de junio de 2009

Ánimo



Cuando me cuesta creer en los valores humanos,
cuando me hundo, a veces, porque mi estado de ánimo tambalea por circunstancias adversas de mi vida cotidiana,
cuando pienso qué sentido tiene ser bueno en este mundo
o que nos queda a los que soñamos con la verdadera amistad,

recuerdo por qué estoy aquí,
porque me gusta tanto el sol
y la lluvia
y cada pequeño detalle singular y ostentoso de este planeta.

Pienso en las caras de la gente,
en aquellos más valientes que yo que luchan por un poblado empobrecido, por una asociación de enfermos, por ayudar a un hermano drogadicto o por alimentar a 3 bocas hambrientas con un sueldo de 700 euros al mes.
Pienso en la suerte que tengo y en lo pequeños, pequeñísimos que son mis problemas
entonces lloro, me desahogo y me levanto con la resposabilidad de hacer algo bueno por el mundo.

Y vivo con ese pensamiento.
Y, si en algún momento sin quererlo me hundo, me paro de nuevo, reflexiono
y espero a que una cría de mono se suba en mi pie
esa es mi señal
para nunca rendirme.

martes, 16 de junio de 2009

Lluvia

Hoy escribo dos entradas el mismo día porque quería subir esta foto tan bonita.
La he hecho desde mi balcón, tras la tormenta que ha habido esta tarde.
Nunca se me dio bien la fotografía, tampoco tengo una cámara perfecta, pero con paciencia y muchas repeticiones que han terminado en la papelera de reciclaje, al final obtuve una instantánea así.
No sé, me quedo absorta mirándola.
Porque son pedacitos de agua. Gotas inocentes y apaciguadas que curiosean por mi cristal, cuando sólo unos minutos antes irrumpían en la vida urbana,
empujadas por la furia de un viento huracanado que pegaba puñetazos a los árboles.
Ahora duermen.
Y yo he captado esa paz que emanan mientras esperan diluir atraídas por la más persuasiva gravedad.
Ya es de noche.
Y ahí siguen.
Acabo de sorprenderlas riéndose, vanidosas, porque han visto que son las protagonistas de mi entrada.
Pues sí, para vosotras.

Explora tu mundo


Cuando mamá abrió los ojos, sólo anheló encontrar sana y salva a su pequeña cría.


y el diminuto jaguar se quedó absorto mirando a la camára, ajeno a la extinción que el ser humano le empuja a sufrir.

lunes, 15 de junio de 2009

A.G


Estás lejos, hada.
Demasiado lejos para rozarte con mis pestañas
cuando te miro,
justo en ese instante fugaz que antecede
a un abrazo repentino.

Me pregunto qué hacer,
no hay respuestas.
No es la solución un perdón de mi lengua
o uno de tus labios.
Ni siquiera un falso asentimiento
que nos obligue a creer que nada cambió.

Buscamos culpables que vienen de fuera,
cuando el problema
fuimos tú y yo.

Cometimos el error de no saber
cuidarnos,
de escoger un "yo primero"
antes que pararnos a pensarlo,
y decidir "mejor las dos".

Echo de menos tu risa constante,
tu pelo brillante,
tus manos heridas, tu cara dormida,
tu voz hilarante,
tu olor.
Tu cara en mi hombro,
mi susto y tu asombro,
mi "sí" más sincero
tras tu invitación.

Por cada aventura,
los silencios eternos,
ahora no puedo, me asaltan las dudas
te miro de lejos
y no veo fulgor.

¿Qué hacemos, hada?
Nada.
Y parece que los edificios siguen queriendo tapar el sol.

Te extraño,
No estás, aunque nunca te has ido.
Quizás nos equivocamos cuando afirmamos
que lo que había entre una y otra
duraría hasta el último latido.


Estás lejos, hada.
Sólo espero que nunca sea demasiado tarde
para evitar los escarceos cobardes
y convencernos de que al llamarnos amigas
no hubo duda ni error.

sábado, 13 de junio de 2009

Mi derecho a morir

Nadie le preguntó si quería nacer.
Quizás si se hubiera encontrado en la situación de poder elegir, habría decidido ser un delfín, básicamente por la sensación placentera y única que produce el roce del agua con la piel.
Pero bueno, le tocó ser hombre. Sus 46 cromosomas le dieron todo: el cuerpo, la salud, la enfermedad y el espíritu.
Y no se arrepintió de haber nacido, pues su familia fue buena, su educación, la necesaria, el amor fue el motor de su vida y el conocimiento su adicción.
Realmente no fue un gran filósofo, prefirió divagar menos y comprender más.
Pero llegado el momento tuvo que preguntarse algo que nunca se había cruzado por su mente.
Tras aquel accidente de tráfico su cuerpo quedó dormido, aletargado, quizás enfadado con su cabeza y desobediente, porque nunca más quiso volver a escucharla.
Sus miembros dejaron de recibir órdenes y pasaron a ser partes inmóviles de un cuerpo todavía vivo.
Fue duro, muy duro para él.
Y entonces algo asaltó su cabeza; igual que en su día se preguntaba porqué nunca pudo ser delfín, esta vez pensó algo menos bello, ¿quién decidía sobre su derecho a morir?
Entonces miles de motitas de filosofía cubrieron sus párpados, sus labios, sus yemas, su ombligo, sus rodillas, entraron por su garganta, en su sangre, en su voz...
"Libertad..." "Decisión" "Moralidad y ética" "Poder" "Ley" "Estado" "Religión y fe"...

Mientras crecía nunca quiso morir. Realmente era algo que no le asustaba, no todavía.
Es eso con lo que todos crecemos, eso que todos negamos, porque es difícil pensar en algo que no tiene un después.
Por eso creamos las religiones, por eso vivimos con fe: para creer en algo que no pueda fallarnos.

Y cuando él decidió que no quería vivir el mundo le señaló con el dedo y le llamó enfermo.
Sí, estaba enfermo, porque sufría tetraplejía.
Pero a él le llamaron enfermo por querer morir.
Le llamaron loco, le quitaron toda credibilidad a su palabras, pensaron que su nueva percepción del mundo le asustaba tanto que elegía la opción más fácil: morir.
Pero él estaba totalmente cuerdo.
No negaba que su percepción del mundo había cambiado: realmente ahora su visión había descendido varios centímetros por sentarse en una silla y muchos de sus sueños se perdieron con los restos del vehículo en aquel cruce.
Pero sabía que todo era un proceso y que no quería vivir.
No se afanaba en proclamarlo, no quería quitarse la vida, le asustaba mucho más que estar así.
Para él hubiese sido maravilloso poder transformarse directamente en un delfín.
Pues no necesitaría sus brazos ni piernas para sentir el roce del agua...
Le dijeron que tenía depresión: no tenía.
Le dijeron que el suicidio era un trastorno psicológico: él lo afirmo, también lo pensaba, pero él no quería suicidarse, nunca lo había querido.
Él amaba la vida, pero no quería vivir así.

Y claro...ahí estaba la duda, la polémica, el debate, el problema...
La esperanza se sentó frente a él y le dijo claramente que no se quedaría por mucho tiempo.
Y cuando ella se marchó, las ganas de vivir se fueron de su mano.
Él quería hacer tantas cosas...
Veía a otros inválidos en sus sillas, felices, luchando por un mundo de igualdad y
así les envidiaba.
Le habría gustado que su cerebro hubiese encontrado la nueva situación como un reto más, no como un obstáculo, pero ahí residía la diversidad humana, no todos sabemos ni podemos actuar igual.
Por eso nadie le juzgó cuando pidió morir.
Porque todos entendieron que era su elección.
Fue como si en el viaje de la vida tomase un atajo para llegar a su destino.
Cuando todo terminó escuchó una voz profunda y acogedora.
- ¿Qué quieres ser?
Y pidió ser delfín.


Entonces el reloj de la vida comenzó a correr, otra vez.

miércoles, 10 de junio de 2009

Filosofando...


Ojalá en este mundo todos fuésemos animales, plantas o niños.
Las únicas criaturas puras del planeta.
De ese modo no habría países, sino un Nunca Jamás gigante, que abarcaría ambos hemisferios.
Los niños nacerían de burbujas de los océanos.
Y los animales de burbujas del aire.


Entonces Jesucristo no tendría que morir para salvar a nadie, porque no haría falta una religión que predicase el amor como valor, sencillamente la moral y la ética no tendrían que escribirse en tablas para ser cumplidas, pues todos y cada uno de los seres del planeta vivirían en paz.
Nadie querría controlar a nadie.
Los niños aprenderían de mamá Gaia.
Y ella mantendría el equilibrio natural, como siempre ha hecho desde aquel azaroso y necesario Big Bang.
No habría políticos, no habría prensa del corazón.
Nada que hiciese ruido de máquinas.
El petróleo seguiría durmiendo en sus bolsas bajo tierra.
Y la capa de ozono sería gordita en todas sus partes.
No existirían los libros, pero sí la poesía.
Porque ésta no nace de las hojas sino de la naturaleza.
Y el aire se llenaría de notas musicales, de las carcajadas de los niños
y las voces de los animales.
Y todas las ciencias seguirían su curso, la física con sus leyes, las matemáticas con su precisión y la química con sus formas.
El ser humano no ha inventado nada, sólo descubre lo que ya existía.
Por eso todo puede existir sin nosotros.
Por eso somos tan prescindibles.
Los niños y animales disfrutarían de una existencia común.
Y llegado el momento de crecer, simplemente, volverían a convertirse en burbujas y a diluirse en su origen.
Girando así en el maravilloso ciclo de la vida.

lunes, 8 de junio de 2009







Anatomía.
No hay palabras para definir esta asignatura.



http://www.thevisualmd.com/index.php
todas las imágenes han sido tomadas de esta página.
Enhorabuena a sus creadores, es una verdadera maravilla.

sábado, 6 de junio de 2009

Esther y Manuel


Ella tiene una de las sonrisas más bellas de toda la ciudad.
Pero ahora la esconde, bosteza, juega con el piercing de su labio, mira el reloj, son las 21:50...
Las montañas de apuntes cubren la mesa, los bolígrafos, los esquemas, algún dibujo fruto del aburrimiento, subrayadores gastados...
Parece mentira que los exámenes estén tan cerca, aún así puede oler la arena del mar a lo lejos.
Pero todo se disuelve en las palabras que lee y memoriza.
La sala de estudios se va vaciando, poco a poco los estudiantes ponen fin a la jornada y regresan a casa, satisfechos, culpables, dormidos, confusos, hambrientos...
Y ella los ve marchar, mientras piensa en las horas que le quedan todavía allí.
Él mientras tanto camina ajeno a los ruidos de la urbe.
Con la mirada perdida en el cielo, silba, y guía a las luciérnagas a sus hogares.
Cuelga de su mano una bolsa de plástico, dentro, dos bocadillos.
Allí arriba alguien da un portazo y aquí abajo un hombre grita: ¡Menudo trueno!
Él sonríe, le gustan las tormentas de primavera.
Al llegar a la biblioteca un guardia detiene su paso.
- Perdona, ¿eres Manuel?
- Sí - responde extrañado.
- Ven
Y ambos hombres caminan en silencio hasta el descansillo de una escalera, dónde alguien ha colocado cuidadosamente un mantel con dos refrescos.
Entonces el guardia le da una palmadita en la espalda y se asoma a la sala de estudios.
Él se sienta en el escalón, sonríe y espera.
Y puntual como siempre, a las 22:00 aparece la sonrisa más bella de toda la ciudad.

Silencio. Dos miradas. Un abrazo. Un cruce de respiraciones.
Amistad.
Y la biblioteca se convierte en un restaurante privado para dos.

- Es la mejor cena que he tomado en mi vida
- Anda exagerada
Y los dos ríen.

Fuera llueve.
El guardia de seguridad se siente cómplice de una aventura.

Y los dos saben que uno junto al otro son capaces de continuar.
Ella piensa en los libros que la esperan dentro, pero no se entristece, porque cuando él está cerca todo parece más fácil, menos raro, una fantasía.
Él piensa que hace mucho, mucho tiempo, que ella le robó la atención cuando le sonrió por primera vez.


(Esta historia no es inventada, es real y por eso se la dedico a sus dos protagonistas, amis dos amigos: a ella para animarla en esta época tan dura y a él para que siga siendo quién es, porque egoístamente, nos alegra la existencia a todos)

miércoles, 3 de junio de 2009

M.G.H


Miguel.
Sí, ya conocéis ese nombre.
No, no es el dueño mis poemas e historias de amor,
ésas pertenecen a otro...
Otro, el amor de mi vida,
mi pequeña suerte de ojos verdes,
ése que no siente celos de Miguel.
Porque Miguel y yo,
no nos queremos,
no nos amamos,
no nos idolatramos,
ni nos soltamos cursilerías,
tampoco solemos caminar de la mano
ni mostrarnos como somos en público.
No perdemos el tiempo en demostrarnos nada
sencillamente vivimos esperando que todo salga bien.
Y lo conseguimos.
Sí, Miguel, es mi mejor amigo.
Es mi suerte.
Un ángel que esconde las alas bajo la camiseta
con el dibujo de una corbata.
El que se untó de helado la cara para robar una risa.
El que compró la luna a dios
para regalársela a algún amor quinceañero.
Ese que se muestra natural, transparente
aunque el cielo se ensucie.
El que no sonríe. Sólo deja que su cara nos enseñe cómo se siente hoy.
El que sueña despierto.
Y jamás duerme.
Ese que día tras día decide seguir a mi lado.


Y, cuando cada mañana,
me mira,
y me señala con el dedo,
como diciendo,
acércate, te vuelvo a elegir,
yo respiro tranquila,
segura,
sabiendo que por un día más tendré la suerte en mis manos.

Entonces nos sentaremos en cualquier acera,
mirándonos con los ojos brillantes,
cómplices de alguna travesura.

Y soplaremos pompas de jabón con nuestros labios.

Miguel, eres "mi muy mejor amigo".
Gracias, por cada minuto y cada rizo.